12 de Diciembre de 2017

Ciencia y Salud

La sal que consumes realmente

El consumo de cloruro de sodio aumenta por la cantidad de ésta que se encuentra en algunos productos.

La sal que se le añade a la sal es una pequeña parte de la que se consume en realidad. (Foto: Contexto/Internet)
La sal que se le añade a la sal es una pequeña parte de la que se consume en realidad. (Foto: Contexto/Internet)
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Agencias
ESTADOS UNIDOS.- Que levante la mano quien le ponga sal adicional a la mayoría de sus comidas. O los que sientan que una comida no es suficientemente buena sin extra sazón (pero en serio, ¿quién come huevos sin sal y pimienta?), informa el portal web Huffington Post.

No están solos. A los australianos les encanta la sal, pero la dolorosa verdad es que estamos consumiendo demasiada sal. Aunque creas que tu salero es el culpable (no te equivocas, no es un testigo inocente) las sales escondidas causan el mayor daño.

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"En Australia, el consumo promedio de sal es de 10 gramos al día, es posible que la cifra sea menor en las mujeres porque comen menos que los hombres," dijo Bruce Neal, director del George Institute of Global Health, al HuffPost Australia.

"Pero la mayor parte de la sal que se consume en Australia no es voluntaria. Es decir, no es la sal que añadimos a la comida. De hecho, esa es solo una pequeña parte de la sal que comes en un día".

"La principal fuente de sal en la dieta de la mayoría de las personas es el pan," dice Neal, que que también es el jefe de la Australian Division of World Action on Salt and Health.

"Es comprensible que la gente se sorprenda porque no lo consideramos particularmente salado. El segundo lugar, también sorprendente, es para los cereales de desayuno.

"Ambos contienen una cantidad moderada de sal, y como los consumimos en grandes cantidades, se acumula a lo largo del día. Tristemente, el color y tipo de sal que comas no es diferente para tu salud.

"Hay muchos tipos de sal, y puedes gastar mucho en sales elegantes," dice Neal. "Pero todas son igual de venenosas."

La única excepción a esta regla son los sustitutos de sal, que tienden a estar hechos con sulfato de magnesio o cloruro de potasio, en lugar del cloruro de sodio de la 'mala sal'. Pero una vez más, como el principal problema son las sales escondidas, cambiar tu sal de mesa por algún sustituto hará muy poco.

"Si reemplazas la sal con un sustituto, solo cambias de cinco a diez por ciento de la sal que alguien consume,"dice Neal.

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