14 de Noviembre de 2018

Desde la pobreza, el futbol hace soñar en Río

Cientos de niños entrenan como profesionales en la ciudad donde en unas horas dará comienzo la Copa Confederaciones.

Foto del 5 de junio del presente. Jóvenes juegan fútbol en el llamado campo del basurero, en Río de Janeiro.  (Agencias)
Foto del 5 de junio del presente. Jóvenes juegan fútbol en el llamado campo del basurero, en Río de Janeiro. (Agencias)
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Agencias
RIO DE JANEIRO, Brasil.- El campo es puro polvo y las luces incandescentes no son tan brillantes.

Sin embargo, cuando los pies de los chicos golpean la pelota en la barriada de Sao Carlos todos los sábados al caer la noche, los sueños de jugar en grandes ligas resplandecen, alimentados por la esperanza de escapar de las miserias de la favela gracias a las habilidades deportivas, según publica The Associated Press.

Con la apertura esta semana de la Copa Confederaciones, y a un año de la Copa del Mundo, todas las miradas están puestas sobre Brasil, donde el fútbol posiblemente se juega con más pasión y arte que en cualquier otro lugar del planeta.

Rodrigues Pereira ha pasado las últimas tres décadas entrenando niños en Sao Carlos, donde todos lo conocen como Diboi. Durante cuatro horas todos los martes y jueves dirige prácticas de hasta 120 niños, y los sábados juegan partidos completos, incluyendo un campeonato anual.

Nunca desalentaría los sueños que sus alumnos albergan de jugar algún día profesionalmente, pero está más concentrado en lo que el fútbol da hoy a sus jóvenes pupilos.

"Esto mantiene a los chicos ocupados, los mantiene lejos de los problemas", dijo Diboi. "Incluso he sacado a algunos niños de las bandas de narcotraficantes. Estos son chicos que tienen muy poco, pero aquí tienen la oportunidad de entrenar sus cuerpos y mentes. Es construir mejores ciudadanos".

La escena en el campo de Diboi se repite a lo largo y ancho de Río.

No parece haber límites al ingenio de los niños de las favelas al momento de crear un espacio donde puedan jugar en los barrios marginales que trepan en las laderas de las montañas que rodean la 'cidade maravilhosa'.

Las rejas metálicas a menudo encierran el terreno de juego para mantener en juego los balones errantes.

En algunos lugares, los niños descalzos corren sobre el césped artificial que instalaron el gobierno de la ciudad o las organizaciones no gubernamentales cuyos proyectos sociales se concentran en el deporte.

En todas partes es lo mismo: el fútbol ofrece horas de sudor, sonrisas y esperanzas de que este adorado deporte lleve a sus jugadores a levantar el vuelo.

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