19 de Julio de 2019

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Halep, primera rumana en ganar el Abierto de Wimbledon

Pulveriza en 55 minutos con parciales de 6-2 y 6-2 a la heptacampeona Serena Williams

Según Simona, su madre le dijo de niña que si quería lograr algo en el tenis, tenía que jugar la final de Wimbledon. (Fotos: AP)
Según Simona, su madre le dijo de niña que si quería lograr algo en el tenis, tenía que jugar la final de Wimbledon. (Fotos: AP)
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Agencias

Todos y todas sabían que algo grande podía pasar. No solo la familia Williams esperaba el momento de gloria de Serena. También la realeza británica, con su rama juvenil (Kate Middleton y Meghan Markle) y con uno de sus representantes más oxidados, el príncipe Eduardo en el palco real.

Hasta la primera ministra Theresa May, de salida y con problemas importantes que atender, dio el presente en el All England Lawn Tennis & Croquet Club. Sin embargo alguien alteró el libreto y cambió el desenlace del cuento: la rumana Simona Halep se impuso 6-2 y 6-2, se consagró por primera vez en Wimbledon e impidió una vez más que la estadounidense alcanzara el récord de títulos de Grand Slam.

En un torneo en que ninguna de las cuatro primeras preclasificadas (la australiana Ashleigh Barty, la holandesa Kiki Bertens, la checa Karolina Pliskova y la japonesa Naomi Osaka) había superado la cuarta ronda, Serena, 10ª en el ranking de la WTA, parecía tener todo servido para igualar la marca de 24 campeonatos grandes que la australiana Margaret Court atesora desde 1979. Más aun teniendo en cuenta su superioridad en el historial ante su rival en la final, a quien había vencido en nueve de las diez ocasiones en que se habían enfrentado (Halep solo se había impuesto en el Masters de Singapur en 2014).

Sin embargo la rumana, de 27 años, séptima en el escalafón de la WTA y ex número uno del mundo, tenía otro plan y lo dejó en evidencia muy rápido: con un arranque furioso, quebró dos veces y se puso 4-0 en una ráfaga. La reacción de Williams, que venía de barrer a la checa Barbora Strycova en la semifinal, no fue suficiente ya que la europea consiguió cerrar el primer capítulo en 26 minutos con un juego sin fisuras (cometió apenas dos errores no forzados en ese set y tres en todo el encuentro).

El arranque del segundo pareció marcar un golpe de timón porque la estadounidense empezó a acertar más seguido con sus golpes profundos. La pequeña remontada de Serena iba acompañada de gritos de aliento de ella hacia el público y del público hacia ella. Pero Halep, que solo había cedido un set en su camino a esta final (en la segunda ronda contra su compatriota Mihaela Buzarnescu), nunca vaciló, se mantuvo centrada y aprovechó su chance en el quinto game: un revés largo de su rival le dio el quiebre y la ventaja.

Ya no volvió a mirar atrás. Y aprovechó los nervios de Williams, que caminaba por la cornisa y tropezó en su siguiente turno de saque. La rumana pisó el acelerador, volvió a quebrar y luego sirvió para el título. ¿Nervios? Nada de eso. Se puso 40-0 en un suspiro y luego de un drive de Serena que se estrelló en la red pudo celebrar tras solo 55 minutos de partido: se arrodilló, miró al cielo, recibió el abrazo de su adversaria y se tomó la cabeza con las manos, incrédula, sonriente, feliz.

“Era el sueño de mi madre. Ella me dijo cuando yo tenía 10 años que si quería hacer algo en el mundo del tenis, tenía que jugar la final de Wimbledon”, contó Halep, con el plato Rosewater ya en sus manos, mientras miraba hacia una de las tribunas del estadio principal del All England, donde mamá Tania y papá Stere lloraban a lágrima suelta. “Nunca había jugado así. Fue mi mejor partido”, reconoció la nacida en Constanta, que logró su segundo título de Grand Slam (se había consagrado en Roland Garros 2018).

Serena, sonriente pese a la derrota, reconoció la superioridad de su adversaria: “Jugó como una loca. Cuando alguien lo hace tan bien, tenés que sacarte el sombrero y decir: 'Bien hecho'". “Tengo que seguir intentándolo, seguir luchando y disfrutando del deporte. Me encanta venir acá, siempre es divertido”, agregó.

A Williams, siete veces campeona de Wimbledon, se le escabulló la tercera posibilidad de conseguir su 24° título de Grand Slam. La primera había sido el año pasado en el césped londinense, donde había sido derrotada por la alemana Angelique Kerber seis meses después de volver a la actividad tras sufrir una embolia pulmonar y una hemorragia abdominal que pusieron en riesgo su vida tras dar a luz a su hija Olympia.

La segunda chance de igualar el récord de Margaret Court fue dos meses después en Nueva York: cayó ante Naomi Osaka en un polémico partido que incluyó una fortísima discusión con el juez de silla, el portugués Carlos Ramos, quien terminó dándole un game por perdido luego de que lo llamara “ladrón”.

“Este incidente es un ejemplo de cómo se trata a miles de mujeres trabajadoras todos los días. No se nos permite tener emociones, no se nos permite ser apasionadas. Se nos dice que nos sentemos y estemos tranquilas. Es vergonzoso que nuestra sociedad penalice a las mujeres solo por ser ellas mismas”, aseveró Serena en una texto en primera persona publicado esta semana en la revista estadounidense Harper's Bazaar. Este sábado, en Wimbledon, no hubo polémica. Pero el récord deberá seguir esperando.

(Info: clarin.com)

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