22 de Octubre de 2018

Escena

Pocas veces el silencio es tan intenso como en esta cinta

Una de las cosas más difíciles de manejar en el cine es el tiempo, esta película lo maneja bien.

Krasinki recibió un muy buen libreto y decidió mantener las cosas sencillas. (Foto: Contexto/Internet)
Krasinki recibió un muy buen libreto y decidió mantener las cosas sencillas. (Foto: Contexto/Internet)
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Por Rafael R. Deustúa
CANCÚN, Q. Roo.- Una de las cosas más difíciles de manejar en el cine es el tiempo, en cuanto a decidir cuánto es adecuado para contar una historia determinada. Extender demasiado un argumento muy sencillo puede ser tan malo como acortar demasiado uno complejo, sin importar la calidad narrativa del director. El mayor mérito del director John Krasinski y su editor en “Un lugar en silencio”, es dar con la duración justa que cada escena necesitaba. El otro mérito es convertir la sala de cine en un concurso de estatuas.

Un día unas criaturas extraterrestres aparecieron en la Tierra y barrieron a la humanidad sin ningún armamento, sólo eran fuertes, violentas y aparentemente invulnerables. Quienes sobreviven es escondidos y en silencio, pues los alienígenas son ciegos y atacan siguiendo el sonido. Así encontramos a una familia, papá, mamá y dos chicos viviendo en una granja; pero la niña es sorda y no sabe si hace ruido... y su mamá está a punto de dar a luz.

“Un lugar en silencio” es una película en la que el cómo pasan las cosas es lo importante, pues seguimos sólo una pequeña historia en un enorme escenario. Los libretistas Bryan Woods y Scott Beck se lucen en el manejo de situaciones, jugando con clichés del género de terror pero sobretodo haciendo partícipe a la audiencia del mismo juego. La sencillez de los planteamientos facilita que cualquiera se pueda poner en el lugar de los protagonistas y rapidamente nos involucramos.

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Krasinki recibió un muy buen libreto y decidió mantener las cosas sencillas, casi minimalistas y esa estrategia funciona muy bien. Cuando en otros filmes se emplean los efectos de sonido y la musica para resaltar las emociones, en ésta es su ausencia lo que las intensifica y por ello usa lo menos posible y sólo en momentos claves -a veces es innecesaria esa música-.

El director también es el protagonista y contrató a su esposa real como su esposa ficticia, una buena decisión pues su esposa es Emily Blunt, una actriz bastante sólida que aquí se luce. Sólo ella es capaz de mostrar un raudal de emociones mientras trata de esconderse en una bañera, en silencio y que resulten creíbles. Los chicos, Noah Jupe y Millicent Simmonds -sorda en la vida real-, reflejan el carisma, la vulnerabilidad y la esperanza.

Con un presupuesto de 17 millones invertidos justo en lo que se necesitaba el filme es altamente efectivo, tanto en su dirección de arte como en los efectos especiales. La primera nos coloca rápidamente en un mundo donde la vida normal se acabó muy rápido, semejante a “The walking dead”; los segundos se dedican en exclusiva a los monstruos y lo hacen muy bien.

Un filme sencillo y redondo que te involucra rápidamente sin decepcionar.

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