16 de Diciembre de 2017

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Cumple 20 años de mariachi... en Alemania

Nunca pensó Víctor Ibáñez que una presentación cultural de tres días en Berlín se alargaría dos décadas con el mariachi El Dorado.

En el mariachi El Dorado, el cual fue formado en 1994, Victor Ibáñez es el único mexicano. (Notimex)
En el mariachi El Dorado, el cual fue formado en 1994, Victor Ibáñez es el único mexicano. (Notimex)
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Agencias
BERLÍN, Alemania.- El mexicano Víctor Ibáñez fundó en 1994 el Mariachi El Dorado con la idea de durar sólo tres días, sin embargo este año cumplirá dos décadas de vida artística, durante la cual ha cantado con los tenores Rolando Villazón y Plácido Domingo.

El Dorado “lo formamos con motivo de la fiesta mexicana del Día de Muertos de 1994, ya que se iba a montar una ofrenda en la Casa de las Culturas del Mundo (en Berlín)”, contó a Notimex Ibáñez, quien había llegado a Alemania ocho años antes, en “la aventura”.

La idea era enmarcar la tradicional ofrenda de muertos en un programa cultural que además de música llevaba teatro, relató el mexicano que estudió guitarra clásica en la Escuela Nacional de Música en la Ciudad de México. “Yo tengo una formación musical clásica”.

“No pensamos que íbamos a tener la posibilidad de vivir de la música de mariachi (...) solo queríamos tocar durante los tres días (de noviembre) que iba a durar el evento”. “Y ya pasaron veinte años”, dijo riendo.

Sin embargo, se corrió la voz de que se estaba formando un mariachi en Berlín “y se nos adelantó la Asociación Mexicana en Alemania, que nos pidió que tocáramos en la celebración en Berlín de las Fiestas Patrias”.

Tenían los instrumentos: el guitarrón, la vihuela, los violines y la trompeta, pero nada del vestuario tradicional del mariachi. Así empezaron.

A prepararse musicalmente

A partir de ese momento, en todos los viajes que hizo a México comenzó a tomar clases de instrumentación, de vihuela, de guitarrón con los músicos de mariachi. “Por ejemplo, estudié con el que tocaba la vihuela con el Mariachi Vargas, y con los que tocaban el violín o con los arreglistas”.

Para Ibáñez, ser un mariachi en Alemania es “una manera de seguir en contacto con mi cultura y de dar a conocer la música tradicional de México en este país”.

Posibilita además, a través de la música, “entrar en contacto con compatriotas que compartimos un espacio de vida fuera de México, o con gente que no es mexicana pero que ha tenido un contacto estrecho con el país”.

Mariachi al estilo ONU

“Cuando se hace una presentación, se da una especie de comunión entre nosotros los músicos y el público. Eso es lo que nos identifica: nuestra cultura finalmente”, definió el único mexicano de la agrupación musical compuesta por ucranianos, rusos, un ecuatoriano y un chileno.

A lo largo de estos 20 años han amenizado eventos en el parlamento, en radio y televisión alemanas, y en grandes empresas locales, sin embargo, una ocasión llegaron “al cielo”, cuando acompañaron a los tenores de fama mundial, el mexicano Rolando Villazón y el español Plácido Domingo.

Ocurrió en 2006, en una recepción que el entonces embajador mexicano en Berlín, Jorge Castro Valle, ofreció a los tenores, quienes junto con Ana Netrebko, interpretaron el concierto de cierre del Mundial de Futbol que tuvo lugar en Alemania.

Una recepción... en la cocina

Víctor Ibáñez y su Mariachi El Dorado fueron contratados para amenizar la recepción. El Dorado actuó durante 30 a 40 minutos e hizo una pausa. Tanto él como sus compañeros se dirigieron entonces a la cocina para tomar algo.

Estaban en eso cuando entró Rolando Villazón a la cocina para saludar al personal. “Como ya nos habíamos conocido en otro par de recepciones se me acercó a saludarme. En la plática le dije: ‘Oye Rolando, ¡cántate una con nosotros!’. 'No, -dijo él- hay mucha gente’”.

“Mi compañera del mariachi (la ucraniana Alla Bortna) le dijo: No, aquí entre nosotros, aquí en la cocina. Rolando Villazón aceptó. ‘Tráiganse los instrumentos’, comentó. Fuimos por ellos y empezamos a tocar en la cocina pero con ese vozarrón se empezó a escuchar afuera”.

“De pronto llegó Plácido Domingo a la cocina, y luego llegó el embajador, y al final la fiesta se hizo en la cocina, y Rolando Villazón y Plácido Domingo cantaron con nosotros en la cocina. Imagínate, -dijo- ¡era como tocar el cielo!”

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