12 de Diciembre de 2018

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El hombre que transforma la chatarra en arte

Roberto Huerta dejó su oficio de agente de venta de refacciones para convertirse en escultor, dando muestra de su creatividad y paciencia.

Huerta dijo que cada una de sus creaciones las concibe como obras artísticas y no como objetos comerciales.(facebook.com/pages/Roberto-Huerta-Reciclarte)
Huerta dijo que cada una de sus creaciones las concibe como obras artísticas y no como objetos comerciales.(facebook.com/pages/Roberto-Huerta-Reciclarte)
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Luis Carlos Valdés de León/Milenio
TORREÓN, Coahuila.- La escultura tiene una complejidad particular a las distintas vertientes de las expresiones plásticas, pero lograr dimensionar a la chatarra y fierros viejos y transformarla en una de ellas, muestra que con creatividad y paciencia, todo se puede lograr.

Pasando de agente de venta de refacciones automotrices a escultor, el lagunero Roberto Huerta abrió a Milenio las puertas de su taller ubicado en su propio hogar, lugar en donde hay que dar rienda suelta a la creatividad en el momento en que la inspiración llegue.

Desde una pequeña bicicleta hasta cráneos humanos gigantes, pasando por emblemas religiosos como cruces o cristos hasta personajes literarios como Don Quijote, en Reciclarte Arte en Chatarra, ubicado en Plaza Cuatro Caminos, todo adquiere una forma que asombra a cualquiera. 

¿Todo comenzó como un hobby?

Ahora la conciencia de reciclado mezclado con arte ha llenado cualquier expectativa que me hubiera planteado. Puedo dedicarme a esto independientemente de mi edad, de que cierren las empresas, soy mi propio patrón y mis piezas han llegado a varios países en el mundo

¿Cómo incentivar la creatividad para dimensionar una pequeña pieza de chatarra y convertirla en una gran escultura?

Para esto no hay escuela, esto es como un don, algo que se trae y que nadie lo explica. Es como si conservaras algo de niño, que sin miedo te dice la forma que él siente que va adquiriendo tu trabajo en el armado de piezas.

Yo he visto a muchas personas a las que hemos tratado de enseñar esta técnica y no logra juntar una pieza con otra, porque no lo ve con la visión de un niño, sino como una persona adulta, cuando que se debe sacar al niño que se tiene dentro. 

El mejor juez que tengo cuando hago una obra es un niño, que es mi nieto de cinco años, esa es mi concepción de crear.

¿La creación se da independientemente si se está o no inspirado?

Un secreto de esto es no presionarse, cuando uno se satura por querer hacer muchas cosas llega el momento en que el engranaje de la imaginación se atasca.

Lo que hago como terapia, puedo dejar una escultura como está y me salgo a la calle, a ver una película para desconectarme, para que el trabajo fluya y finalmente el engranaje empieza a jalar solito, todo va por su propio peso cayendo.

¿Las esculturas son obras artísticas o productos comerciales?

Yo me considero escultor-artesano. Yo puedo hacer una figurita de 150 pesos hasta algo que jamás se podrá encontrar en ninguna otra parte, como un pez espada tamaño real, cuyo precio puede alcanzar quizás los quince mil pesos.

Muchos clientes vienen a encargarme esculturas para decorar y lo hacemos sin ningún problema. Lo que más me piden son esculturas con temas religiosos, cristos, vírgenes es lo más fuerte y luego motocicletas, trenes, cuestiones que tienen que ver con la mecánica.

También me piden mucho los quijotes y los animales.

¿Cómo comienza un día con Roberto Huerta?

Al comenzar un día yo ya debo tener la idea de lo que se va a crear, teniendo esa idea, voy a los terrenos de fierro viejo, y con paciencia y buscando piezas, piezas y más piezas con el fin de lograr dos o tres esculturas.

Este proceso se puede tardar uno hasta dos o tres días hasta encontrar todo. Siempre voy con la mente abierta porque sé que me voy a encontrar con algo que no esperaba. Los fierros son piezas únicas, por eso cuando las veo las tengo que tomar en ese momento.

¿Se crea con una concepción artística o con la idea de que tiene que ser un producto vendible?

No, aquí tiene que ser primero la cuestión artística sino se le pierde el sentido. Para hacerlo debe tenerlo, no para vivir o cobrar el dinero, debo estar contento con la pieza para que así el cliente quede satisfecho y que tiene una pieza única y con sentido artístico más que sólo tener una pieza con fierros pegados.

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