20 de Noviembre de 2018

Entretenimiento

Lamentan desaparición del teatro de revista

Actores como Carmen Salinas y Benito Castro recuerdan con nostalgia la época.

Carmen Salinas confiesa que pidió ayuda a la Presidencia de la República y la Regencia del DF para salvar al teatro Blanquita cuando iba a ser demolido. (Archivo Notimex)
Carmen Salinas confiesa que pidió ayuda a la Presidencia de la República y la Regencia del DF para salvar al teatro Blanquita cuando iba a ser demolido. (Archivo Notimex)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- La modernidad, el crecimiento de la ciudad, la persecución de algunos funcionarios y la inseguridad fueron los elementos que se conjugaron para que el teatro de revista desapareciera de la agenda de entretenimiento en el Distrito Federal, afirmaron a Notimex los actores Carmen Salinas y Benito Castro, el músico Arturo Ortiz y el crítico teatral Gustavo Suárez Ojeda.

Carmen Salinas recordó con nostalgia sus tiempos en el teatro de revista, principalmente en el Blanquita, la llamada "Catedral del Espectáculo" y la forma en que desaparecieron poco a poco algunos foros donde se realizaba este tipo de entretenimiento, sobre todo por la ácida crítica en los "sketches" a los políticos de la época, en especial a personalidades como Ernesto P. Uruchurtu, cuando fungía como regente de la Ciudad de México.

"Lo último que nos quedaba era el Teatro Blanquita, hace unos años colaboré a salvarlo para que no lo demolieran, porque la dueña ya lo había vendido para hacer un enorme estacionamiento.

"Le pedí al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari y al regente capitalino Manuel Camacho Solís que hicieran algo para salvarlo y me escucharon, no fue demolido y hasta hoy sigue funcionando".

Culpan a la inseguridad 

Salinas indicó que, desde su punto de vista, también la inseguridad fue uno de los factores que contribuyeron a la desaparición de los teatros de revista.

"Para mí, la inseguridad hizo que el teatro de revista desapareciera porque trabajábamos de lunes a domingo, y poco a poco en los pasillos comenzó a hablarse más de los asaltos a la salida de los teatros, y los trasnochadores se fueron espantando".

Abundó que la "Catedral del Espectáculo" es de los únicos recintos que, de milagro, se han salvado. Reconoció que añora espacios como el Teatro Lírico, el Principal, el Follies Bergere y la Carpa México.

"Trabajé en todos los teatros de revista; mi primer trabajo formal como comediante e imitadora fue en el Follies, para luego pisar el Teatro Margo, que más tarde sería el Blanquita".

Explicó que a diferencia de los foros de alta sociedad, donde se montaban espectáculos de corte francés, los teatros de revista siempre fueron una fuente de trabajo segura para muchos sectores del espectáculo.

"Es necesario que se reactiven esas fuentes y que resurja el teatro de revista y que surjan más obras como 'Aventurera' y 'Perfume de Gardenia'".

Sueño cumplido

Por su parte, el actor y comediante Benito Castro, quien desde hace tiempo rinde homenaje con "sketches" a la figura de Jesús Martínez "Palillo", actualmente a través del musical "Perfume de Gardenia", destacó que el teatro de revista fue el parámetro de diversión de su infancia, especialmente porque soñaba algún día ser como este cómico de las carpas, quien dejó escuela y fomentó una tradición.

"Fue un sueño de mi infancia, porque mi padre, Arturo, 'El Bigotón' Castro, me llevaba cada fin de semana al teatro de revista para presenciar el espectáculo de 'Palillo', era en la carpa más grande e impresionante del momento.

"Ver ahí a las bailarinas, escuchar la música y deslumbrarme con las luces, era fascinante. Después de 46 años de carrera pude cumplir mi sueño de personificar a Palillo en diversas ocasiones".

Puntualizó que con los años el teatro de revista derivó hacia el espectáculo de cabaret y burlesque, entretenimientos enfocados a los adultos en los que el consumo de alcohol era al final de cuentas el negocio de aquellos que promovían el erotismo.

Persecución de Ernesto P. Uruchurtu

"Me acuerdo de la transición del teatro de revista al cabaret. Ernesto P. Uruchurtu fue el enemigo número uno de los artistas populares, porque no permitió que se incrementara el costo de los boletos de ese espectáculo y lo condenó a la desaparición, ya que 12 pesos por boleto no alcanzaba para cubrir la nómina artística, de los técnicos y demás empleados".

Sin embargo, señaló Castro, benefició a los teatros de comedia extranjera al concederles la autorización para un aumento en las entradas y con ello podían cubrir sus costos.

Explicó que también durante este periodo "se ordenó que bares y cabarets cerraran sus puertas a la una de la mañana, condenando a la quiebra a los empresarios, productores de espectáculos, músicos y actores.

"Ahora, todo ha cambiado, incluso, la persecución en contra de quienes se burlan de los políticos, hay más libertad de expresión, gracias a los medios de comunicación, al surgimiento de Internet y las redes sociales, donde se sabe de inmediato de alguna injusticia por parte de servidores públicos".

Benito Castro reconoció que, en su afán por mantener vivo al teatro de revista a través de la imagen de Palillo, se da el lujo de renovar sus diálogos y estar al día para manejar de manera inteligente la comedia política que tanto festeja el público de todas las épocas.

"El teatro de revista desapareció por la modernización de las ciudades y la inseguridad, los tiempos cambian, ahora pasamos por el Blanquita y ya no es lo que fue, ahí compartimos escenario con el trío Los Panchos, con Amalia Mendoza, 'La Tariácuri'; con José Alfredo Jiménez, con Joaquín García, 'Borolas' y Adalberto Martínez 'Resortes', entre muchos otros", dijo.

De la misma forma, el percusionista de La Única e Internacional Sonora Santanera, que encabezan Arturo Ortiz y Antonio Méndez, sobrevivientes de la alineación original, recordaron que las agrupaciones dieron brillo e importancia al teatro de revista como el Follies Bergere.

"Ahí surgió La Sonora Santanera, para grabar su primer disco. Fue Jesús Martínez, Palillo, quien la bautizó como La Sonora Santanera, porque antes se hacía llamar Tropical Santanera. Una época difícil de retornar, porque los foros antiguos ya no existen y la comedia y comicidad hoy se han transformado, ya no hay vedettes ni tampoco música en vivo, no hay carpas, no hay nada".

Comidos por la modernidad

Para el periodista decano del espectáculo y crítico teatral Gustavo Suárez Ojeda, la razón por la que desaparecieron los teatros de revista se debió a la transformación y crecimiento de la ciudad, que ante la apertura de calles y avenidas, y la construcción de edificios modernos, los antiguos foros fueron derrumbados.

"En la época de los años 50 existía la Carpa México, la Carpa Margo, que hoy es el Blanquita, el Teatro Iris, el Lírico, El Tívoli, El Cervantes, El Río y El París, este último lugar preferido para trabajar de Roberto Cobo, 'Calambres'".

Suárez Ojeda recordó que el primer teatro de revista en desaparecer fue El Río, al que le siguió El Cervantes, debido a la ampliación del Paseo de la Reforma, para luego ser demolidos; El Tívoli, por el que desfilaron las primerísimas figuras como Rosita Fornés, Pedro Infante y Pedro Vargas, pero al paso de los años se convirtió en el teatro de burlesque.

"El teatro de revista más antiguo fue el Lírico, con más de 100 años de existencia, ubicado en la calle de Cuba, en el Centro Histórico; los que estaban en la Avenida Niño Perdido (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas) como "Margo" y "El Tívoli", tenían echada la suerte y dejarían de existir al igual que la Carpa Colonial, donde 'Palillo' sumaba sus éxitos".

El periodista y amigo de la actriz María Félix subrayó que el teatro como entretenimiento era una revista musical en la que participaban vedettes, cantantes, orquestas y músicos solistas, bailarinas y magos, pero con el tiempo el 'show' de revista se fue transformando en lo que hoy conocemos como espectáculo de variedades.

"Con la modernidad de la ciudad, también cambiaron las propuestas artísticas y con ello la forma de diversión. Incluso, un desastre natural como el terremoto de 1985 hizo que se cayera por completo lo que fuera el centro nocturno conocido como El Capri. Ahora, sólo queda el recuerdo y sólo un recinto como el Teatro Blanquita", finalizó.

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