13 de Noviembre de 2018

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Retratan inquebrantable lucha de mujer

'La Revolución de los Alcatraces' es un largometraje sobre la vida de Eufrosina Cruz, quien se convirtió en diputada en Oaxaca.

Eufrosina Cruz Mendoza (d), luchadora social de Santa María Quiegolani. (EFE/Cortesía Luciana Kaplan).
Eufrosina Cruz Mendoza (d), luchadora social de Santa María Quiegolani. (EFE/Cortesía Luciana Kaplan).
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EFE
MÉXICO, D.F.- Eufrosina Cruz Mendoza es nativa de Santa María Quiegolani, una población indígena de Oaxaca, México. Después de que le fuera negado el derecho a convertirse en presidenta municipal, por ser mujer, empezó a luchar en pro de la igualdad de género en las comunidades  indígenas. Hoy un documental cuenta su historia y su particular lucha.

Los alcatraces se caracterizan por tener un tallo verde extenso y una flor en forma de trompeta. Son ideales para las bodas ya que son sencillos y elegantes. Eufrosina Mendoza dice, además, que son "como las mujeres de Oaxaca: son flores muy bonitas que crecen de manera silvestre por todas partes, sin mucho cuidado ni atención de nadie, como un mero atrezzo decorativo".

“La Revolución de los Alcatraces” es un largometraje en el que se muestra la lucha de una mujer por los derechos de las mujeres indígenas. La pelea contra la condición de “mujer florero”.

En la página web de la comunidad de Santa María Quiegolani aparece una imagen de Eufrosina sonriente, rotunda, solidaria. Un lema reza: “Queremos unir, integrando por la unidad y género, Oaxaca”.

Quiego, como la llama su gente, se describe con unas palabras más propias de una novela de Juan Rulfo que de una página de promoción turística.

“Santa María Quiegolani estuvo gobernado por el más anciano de todos los fundadores llamado “pájaro rojo”, esto fue en el año de 1500, posteriormente sigue una joven llamada mazorca blanca, que empezó a juntar al pueblo, además hizo la primera casa de paja, duró en el poder de 1507 a 1525, de ahí un último cacique llamado el León, éste fue el primero en idear la troje o el granero. La Iglesia tenía el poder en 1574 la cual construyó el primer templo de Santa María Quiegolani (sic)”.

Allí donde rige el patriarcado

En ese contexto nace Eufrosina Cruz Mendoza. Después de negarle el derecho de ser presidenta municipal de su comunidad, por el hecho de ser mujer, la joven comienza una particular lucha en pro de la igualdad de género en las zonas indígenas donde rige el patriarcado. Con una especial atención en el empoderamiento de las mujeres, Cruz se convirtió muy pronto en un referente para las mujeres del estado de Oaxaca.

“La Revolución de los Alcatraces”, dirigida por la cineasta mexicana, Luciana Kaplan, retrata el camino recorrido por Eufrosina y su despertar social, que se ve elevado profundamente al obtener un escaño como diputada en la Cámara de su Estado. El documental, desde que se estrenó en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia, ha obtenido numerosos premios.

Su directora quiere hacer énfasis en que el largometraje muestra específicamente los usos y costumbres de esa comunidad de la Sierra de Oaxaca, pero solo critica “los que atentan contra los derechos de la mujer”. Al fin y al cabo estos hábitos cambian de municipio a municipio y el trayecto de Eufrosina es uno entre muchos en esa lucha de las mujeres. “No es el único ni el más válido”, puntualiza Kaplan.

Una de las mayores dificultades fue seguir a Eufrosina, que estaba siempre muy ocupada en su incansable lucha

La cineasta mexicana cuenta, en entrevista concedida a Efe, cómo fue el proceso para ir mostrando al mundo la trayectoria de esta mujer indígena, clave en el empoderamiento de las mujeres de su círculo, primero; del extranjero, después.

“Conocí a Eufrosina Cruz Mendoza por primera vez en marzo del 2009. Me la presentó una amiga periodista que estaba haciendo una nota sobre ella. Para entonces ya era una figura bastante mediática por haber querido ser presidenta municipal de su comunidad en 2007”.

El “flechazo” fue fulminante. La directora se sintió inmediatamente atraída por su inteligencia, su elocuencia, su sentido del humor y sus enormes ganas de cambiar la situación de las mujeres en las comunidades indígenas.

“Para mí -narra Kaplan- era un personaje interesante en un contexto interesante: un Estado que estaba cambiando y se preparaba para derrotar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) con una coalición, después de tenerlo en el poder por más de 80 años. Era un cambio que venía de dentro, no impuesto desde afuera”.

Eufrosina aceptó sin ningún problema que se quisiera hacer un documental sobre ella e invitó al equipo a que visitara su comunidad y  su familia, para que vieran con sus propios ojos lo que era vivir en la Sierra y para que conocieran a las mujeres de Quiego.

Genuina amistad

“Allí empezó una relación de genuina amistad y solidaridad, relación que aún conservamos y que permitió un acercamiento más íntimo en el documental. Un mes después del primer encuentro viajé con Diego Delgado, una cámara y un par de micrófonos a su comunidad. El camino de Oaxaca a la comunidad era de seis horas por un camino estrechísimo y lleno de curvas”, continúa la documentalista.

Y agrega: “Estuvimos un par de días filmando y compenetrándonos con la comunidad, con la familia, con el ambiente del lugar y así empezó toda la historia. Después de esto estuvimos dos años siguiéndola por diversas comunidades, por la ciudad de Oaxaca y el Distrito Federal, tratando de contar su historia sin tener la menor idea, en un principio, que ella llegaría al Congreso. Tuvimos la suerte, durante todo ese tiempo, de recibir la beca de Co-inversión del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el apoyo del Centro de Capacitación Cinematográfica con su programa de Óperas Primas”.

El proyecto se volvió más profesional, el interés de la filmación creció y Eufrosina terminó siendo diputada local y presidenta de la mesa del Congreso. Todo esto en dos años.

La creadora dice que una de las mayores dificultades fue seguir a Eufrosina, que estaba siempre muy ocupada en su incansable lucha, lo que  la llevaba a estar un día en Oaxaca, otro en el D.F y, al siguiente, en una comunidad perdida. 

“Nunca sabíamos si iba a llegar a la cita o si había tenido que salir de emergencia a algún lugar inesperado”, agrega Kaplan, quien tuvo una hija durante el proceso, lo que ralentizó todo un poco. “Acercarse a la sierra fue una odisea. Algo así como un doble parto”, ironiza la directora de “La Revolución de los Alcatraces”.

50 horas de material

A principios de 2011, el equipo empezó la edición de más de 50 horas de material. Lo que empezó siendo el retrato de una luchadora social, terminó siendo el tortuoso camino de una mujer hacia el poder, con todos sus peligros, dudas y contradicciones. La edición tomó más de un año.

Un punto de vital importancia es que la película refleja lo difícil que resulta hacer cambios en México.

La película ha tenido muy buena aceptación en México. Se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde ganó una mención especial, obtuvo el premio al mejor documental en el festival de Cine de Baja California y otra mención en el Premio documental José Rovirosa. Fue estrenada internacionalmente en el festival Canadiense Hot Docs en Toronto y, actualmente, se encuentra nominada a los premios Ariel.

El estreno

Se espera su estreno con el apoyo de la Cineteca Nacional en cines el 20 de noviembre (día de la Revolución Mexicana).

Eufrosina es actualmente diputada federal y ya tiene un niño de dos meses. Le emocionó mucho ver el documental, muchas de las escenas ni siquiera recordaba haberlas filmado y le gustó especialmente la forma en que se retrata a su familia y a su comunidad.

Luciana confiesa que lo que quiso hacer, en definitiva, fue un documental que cuestionara de alguna manera los usos y costumbres, solo los que van en contra de los derechos de las mujeres, no únicamente en esa comunidad indígena, si no en todas partes del mundo. “Cada país y cada cultura pueden llegar a tener sistemas que, aunque bien intencionados, pueden ser lo suficientemente cerrados como para que un grupo quede fuera”.

Sea o no el más válido, el ejemplo de Eufrosina, llenaría de orgullo a aquellos fundadores de Santa María Quiegolani, “Pájaro rojo”, “Mazorca blanca”  y “El León”. Al fin y al cabo, es probable que se lavaran su propia ropa.

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