El estilo de vida de ricos y famosos en tiempos de crisis molesta a sus fans

Están acostumbrados a recibir ovaciones en sus redes; hoy reciben críticas y hasta insultos.
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Critican a famosos, como Gal Gadot y Jennifer López, por comparar su sufrimiento y pesar al de sus seguidores. (Foto: Reforma).
Critican a famosos, como Gal Gadot y Jennifer López, por comparar su sufrimiento y pesar al de sus seguidores. (Foto: Reforma).

Ciudad de México.- El mundo está en crisis, pero las celebridades están floreciendo. Se aparecen radiantes en nuestras casas, recordándonos que nos quedemos adentro y "seamos positivos", ya que "todos estamos juntos en esto".

Al ver sus mensajes de servicio público, la atención se desvía a los extremos de la foto o la imagen a cuadro: a la discreta moldura de pared visible detrás del hombro de Robert DeNiro; a las vigas artesanales del balcón de Priyanka Chopra; al tapiz equino que enmarca la chimenea crepitante de Zoë Kravitz.

"Quedarme en casa es mi superpoder", reporta la protagonista de Mujer Maravilla, Gal Gadot, desde su enorme clóset. Ryan Reynolds urge a sus fans a "trabajar juntos para aplanar la curva" desde el interior de su loft rústico.

Pero cuando Jennifer López subió un video de su familia refugiándose en el patio trasero del vasto complejo de Alex Rodríguez en Miami, el público llegó al límite. "Todos te odiamos", fue una respuesta muy representativa.

Entre los efectos sociales del coronavirus está su rápido desmantelamiento del culto a la celebridad. Los famosos son embajadores de la meritocracia; representan la búsqueda de la riqueza a través del talento, el encanto y el trabajo duro.

Pero el sueño del ascenso de clases se disipa cuando la sociedad se cierra, la economía se detiene, el conteo de muertes aumenta y el futuro de todos se congela al interior de su departamentito o su mansión palaciega.

La diferencia entre los dos nunca había sido más obvia. La etiqueta #guillotine2020 está escalando. Mientras las tiendas de abarrotes se vacían, algunos han sugerido que quizá deberían comerse a los ricos.

Así que cuando Pharrell Williams pidió a sus seguidores que donaran para ayudar a los trabajadores de primera línea, virtualmente lo agarraron de los pantalones y lo sacudieron de arriba abajo para que vaciara sus propios bolsillos (bastante profundos).

Kristen Bell y Dax Shepard han sido "expuestos" como arrendadores de inmuebles (TMZ reportó que son dueños de al menos dos edificios de departamentos) y la gente se pregunta si condonarán las rentas de sus inquilinos.

Mientras Ellen DeGeneres hacía videochats con sus amigos famosos en su sofá, el comediante Kevin T. Porter solicitaba historias de trabajadores de Hollywood que hubieran tenido encuentros con DeGeneres, a quien llamó "una de las personas más ruines".

La cultura de las estrellas las glorifica no sólo por sus interpretaciones o personalidades, sino por las extravagantes fiestas de cumpleaños de sus hijos, sus colecciones de autos, cirugías o por sus propiedades.

Con programas como Lifestyles of the Rich and Famous y Keeping Up With the Kardashians, la habilidad para observar (u odiar observar) este espectáculo de excesos ha funcionado como un surreal apaciguamiento de la desigualdad.

Pero esto se basa en la capacidad de la celebridad de parecer moverse fácilmente entre la élite y las masas, de ser aspiracional y accesible al mismo tiempo. Bajo circunstancias normales, están acostumbrados a recibir ovaciones por "utilizar sus plataformas", para "crear conciencia" al servicio de endebles iniciativas para el bien público.

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Nuestra conciencia nunca ha sido tan fácil de elevarse y malutilizarse.

Las celebridades tienen a una audiencia traumatizada que se aglutina en internet, buscando pistas para procesar los horrores inimaginables que acechan afuera, y en lugar de eso se topan con Madonna tomando un baño de pétalos de rosa.

Teatritos como el orquestado por Gadot, en la que famosos cantan "Imagine" de John Lennon, son sordos en más de un sentido. La mayoría ni siquiera saben cantar; sus contribuciones sugieren que la pura aparición de una celebridad es un bálsamo, como si una pandemia pudiera superarse sólo con el poder de las estrellas.

Una de las ironías de estos tiempos es que, aunque nos sintamos menos celebrities que nunca, ellas parecen sentirse más como nosotros... o al menos como se imaginan que es ser nosotros.

DeGeneres se está volviendo loca por tener que estar dentro de su enorme casa; Katy Perry ha perdido la cuenta de los días que ha pasado al interior de su gigantesca mansión.
Pero si uno va a prestarle atención a las celebridades en una época como ésta, más vale que su contribución sea encantadora o lo suficientemente trastornada como para distraernos del espectro de sufrimiento masivo y muerte... ¡Por favor!