22 de Septiembre de 2018

México

'Cartolandia', el sueño de migrantes

Se ha convertido en 'mina' para inmigrantes del sur-sureste de México.

No se sabe bien cuánta personas habitan este lugar. (Nelly Salas/Milenio)
No se sabe bien cuánta personas habitan este lugar. (Nelly Salas/Milenio)
Compartir en Facebook 'Cartolandia', el sueño de migrantesCompartir en Twiiter 'Cartolandia', el sueño de migrantes

Adriana Esthela Flores/Milenio
MÉXICO, D.F.- A simple vista, el caserío parece ser todo menos un lugar hospitalario: hileras de cuartos hechos con lámina, cartón y plástico, con suelo de tierra y vigilados por un ejército de perros amarrados con cadenas, forman el escenario de bienvenida a esta sección, junto a las vías del tren en Ecatepec, Estado de México; en cambio, para centenares de indígenas de otros estados, éste es su lugar anhelado: es Cartolandia, su sueño mexiquense.

Ubicada en la colonia San Miguel Xalostoc, en los límites del Distrito Federal y el Estado de México, Cartolandia  se ha convertido en lugar de destino para decenas de inmigrantes de Veracruz, Oaxaca y Chiapas que han encontrado aquí las oportunidades que no hallaron en sus lugares de origen.

Así le ocurrió a Mario, un albañil de Oaxaca que dejó su comunidad atrás después de que un compañero le habló de un lugar donde sí podía hacer dinero.

“Me desesperé porque allá no hay nada. De acá me dijeron que si te movías sí había cómo hacerle, y pues me vine”, cuenta.

Ocurrió hace cinco años. Mario tomó un camión hasta el DF y luego tomó un taxi que lo llevó a Xalostoc. Como referencia, le dijo al chofer que lo llevara cerca del albergue para migrantes, que ahora está cerrado.

La falta de un documento que acredite el nacimiento de los bebés es otro factor que impide registrarlos

Ya en tierras mexiquenses, Mario diversificó sus actividades, que van desde trabajos de albañilería, ayudante en fábricas cercanas o lavar autos.

Alejandra llegó aquí también con las mismas aspiraciones. Junto con su esposo, ella salió hace diez años de un poblado de Veracruz donde, afirma, no había nada más por hacer; incluso, asegura que el pueblo está a punto de quedar desierto.

“Ya somos más de acá que de allá, porque acá vivimos más mejor (sic). Como se dice, ya le agarré cariño a esta tierra porque de aquí son mis hijos. Esta ya es mi tierra”, asegura.

Alejandra es costurera y se dedica a elaborar vestidos típicos que usan sus vecinas veracruzanas; su esposo vende flores y jarros de madera.

“Acá sí sale aunque sea para comer y para vestirnos. Allá no había nada”, dice.

Los ingresos de la pareja apenas bastan para sostener a su familia, formada por diez integrantes —dos hermanas de Alejandra y seis niños—. Este panorama se repite a lo largo de Cartolandia, ya que la mayoría de los habitantes son menores. Algunos de ellos se enfrentan a un problema: no tienen acta de nacimiento, es decir, oficialmente no existen. Y las causas son variadas.

“No tengo dinero para pagar el acta”, explica Norma, madre de un niño de dos años y que ya está embarazada de su segundo vástago.

—¿Cómo le ha afectado esto?

—Mucho, porque no lo puedo inscribir a los programas de apoyo ni lo he metido al Seguro Popular.

Norma explica que no ha logrado reunir 200 pesos para el trámite de registro de su primer hijo. “Mi esposo ha andado sin trabajo y apenas empezó en un taxi”.

La falta de dinero también ha impedido que Gisela registre a su hija Yazmín, de un año. Ella tiene una hermana, de 15, que tampoco ha inscrito a su hijo de meses de nacido, “es que tiene que mover papeles y aparte su esposo no le da permiso”.

La falta de un documento que acredite el nacimiento de los bebés es otro factor que impide registrarlos, explicó Isidra López, una de las vecinas fundadoras de Cartolandia y quien conoce a fondo el problema.

“Muchos niños nacen en casa porque los trae una partera y las mamás tienen miedo de que les pregunten dónde nació o por qué no fueron a un centro de salud”, explica.

—¿Cuál es el riesgo?

—Pues de que les roben los niños. Una vez, a una señora le robaron su niño y no pudo denunciar porque no tenía cómo comprobar que era suyo. La señora mejor se fue de aquí.

No se sabe bien cuánta personas habitan este lugar. Hace diez años, se decía que eran mil; hoy se estima que sea el doble. Ante esta carencia de información sobre el número de gente que vive en Cartolandia, la Comisión de Vinculación Internacional del cabildo de Ecatepec propuso elaborar un censo de la zona.

“Queremos ir casa por casa para saber exactamente quiénes son, dónde están, qué hacen y así poderles ofrecer servicios de salud, educación y programas de trabajo”, explicó el presidente de la comisión y regidor, Tassio Ramírez Hernández.

El censo, que iniciaría en abril y duraría siete meses, busca contabilizar a habitantes de seis colonias —incluida San Miguel, San Pedro, Cardonal, Viveros, Santa Clara y Altavilla— y determinar cuántos inmigrantes de otros países viven en Ecatepec.

“De ellos no se sabe cuántos son por dos razones: ignorancia y miedo. En el primer caso, están los mexicanos de otros estados que son indígenas y no saben que tienen derecho a ser beneficiarios de programas del Estado; en el segundo, hay muchos centroamericanos que no se acercan a la autoridad porque temen ser deportados; pero no, la intención no es perjudicar a nadie”, añadió el regidor.

Para ello, la comisión busca suscribir convenios con la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Instituto Nacional de Migración y embajadas como de El Salvador, Honduras y Ecuador. “Queremos que se sientan bienvenidos en el país”, puntualizó.

Bordando entre el polvo

Alejandra no solo trajo sus raíces veracruzanas, también “importó” sus coloridos vestidos típicos adornados con lentejuelas.

Ella es una de las dos diseñadoras de prendas veracruzanas que viven en Cartolandia.

Los vestidos son más que un adorno, son el “gancho” de mercadotecnia que utilizan las mujeres para vender flores en la zona industrial de Ecatepec y son el sello de su cultura mixteca.

“En la calle nos han dicho que somos indios y nacos, pero son ignorantes que no saben de lo que hablan. A mucha honra somos indígenas y hablamos dos idiomas, el español y el de nuestro pueblo”, enfatizó.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios