19 de Septiembre de 2018

México

 / Navidad

Chignahuapan, el pueblo donde el Vaticano compra sus esferas

El Pueblo Mágico cuenta con más de 200 establecimientos donde se venden los miles de adornos que se elaboran cada año.

El Castillo de la Esfera fue fundada hace 23 años, tiempo en el que se ha podido consolidar en el mercado. (facebook.com/Anvisa-El-Castillo-De-La-Esfera)
El Castillo de la Esfera fue fundada hace 23 años, tiempo en el que se ha podido consolidar en el mercado. (facebook.com/Anvisa-El-Castillo-De-La-Esfera)
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Schatzye Chiñas/Milenio
PUEBLA.- Reconocido a escala internacional por la creación de esferas, el Pueblo Mágico de Chignahuapan, logro que alcanzó en 2012, cuenta con artesanos que se dedican a la elaboración temática de esos adornos navideños.

Localizada al norte de Puebla, esta comunidad cuenta con más de 200 locales donde se venden las miles de esferas que ahí se producen cada año. Sus calles, adornadas con grandes lámparas de cristal, guardan frágiles secretos que hacen lucir su esplendor.

El legado inició con Rafael Méndez en 1975 al instalar el primer taller dedicado a la fabricación de las esferas.

En un recorrido por la fábrica El Castillo de la Esfera, fundada hace 23 años por Javier Tirado, Milenio se adentró al proceso que lleva crear estos tradicionales y coloridos adornos.

Aunque no hay un registro exacto de la producción anual de esferas, éstas llegan a varias partes del país, como Jalisco, Distrito Federal y Estado de México, así como algunas de Europa, sin olvidar su cliente especial, el Vaticano.

Tan solo El Castillo de la Esfera tiene la capacidad de producir hasta seis mil unidades en un día, reveló Bibiana Téllez, contadora en esa empresa.

Legado artesanal

Todo comienza con el globeo, donde se determina el tamaño y la forma pueden ser redondas, de campana o con figuras de muñecos. Para este proceso es necesario utilizar varillas de vidrio que se calientan a más de 200 grados centígrados para que se puedan manipular.

Algunas piezas requieren moldes de madera, sobre todo si tienen muchos detalles, como los helados o los ángeles, pero las campanas y nochebuenas se hacen manualmente.

Posteriormente son llevadas al área de pintura, donde los empleados están obligados a portar una vestimenta especial por los químicos que se utilizan en este proceso.

Luego son enviadas a decoración, un espacio en el que los artesanos explotan su creatividad y talento para dibujar todos los detalles que se necesiten.

Hay esferas sencillas que no pasan por todo el proceso de producción, como las transparentes con pelo de ángel; sin embargo, el precio de los adornos oscila de seis a 500 pesos la pieza, dependiendo de la cantidad de vidrio que se utilice y los detalles que tengan.

La varilla sobrante en el globeo se ocupa para hacer pequeños aretes. Nada se desperdicia.

La batalla con China

En un esfuerzo por combatir la importación de adornos chinos, El Castillo de la Esfera incursionó en la producción de adornos de plástico, ya que los bajos costos de los artículos extranjeros afectan sus ventas.

En su intento por innovar, las fábricas de Chignahuapan crean diseños de PET reciclado, manteniendo su proceso artesanal.

También cuentan con un departamento de manualidades, donde un grupo de mujeres y hombres elabora desde centros de mesa hasta adornos colgantes de tres metros de altura con forma de árbol de Navidad.

En esta área se explora el ingenio y la creatividad de los artesanos, pues son libres de crear, y si el producto funciona, lo hacen en serie.

El Castillo de la Esfera tiene cuentas de Facebook y Twitter para organizar visitas guiadas, las cuales se dan de 08:00 horas a 18:00 horas o para hacer pedidos a diferentes partes del país.

Una vez que los turistas entran a ver todo el proceso para crear una sola esfera se logra influir en el esfuerzo y lo complicado que es su creación, en consecuencia, se logran mejores ventas.

"La gente pasa junto a su arbolito y chin, ya se rompió, sin tener en cuenta cuánto trabajo le imprimen a cada pieza. Si un autobús de visitantes entra directo a la tienda compra mucho menos que cuando pasa al recorrido", precisó Bibiana.

Rosa Caballero lleva 25 años en la industria de las esferas, le gusta hacer nochebuenas, porque cree que son un símbolo muy arraigado de la Navidad.

Ella trabaja casi todo el año, pero en noviembre y diciembre es cuando mejor le va, ya que hay más producción, mientras que de enero a marzo, que la fábrica cierra para evitar la sobre producción, tiene que buscar otro trabajo.

"Me gusta, no me aburro y me salen bien. Creo que hay a quien no se le da, y por más que le echa ganas, nomás no puede, pero a mí me gusta. Aunque llevo tanto tiempo, hay algunos diseños que se me hacen difíciles", reconoció Rosita, como le dicen de cariño.

Miguel López, otro artesano, ha dedicado 12 años de su vida al decorado de esferas, cuenta que empezó desde muy chico en la primera empresa hace más de 40 años, actividad de la que se alejó cuando emigró al DF; sin embargo, años después regresó a la labor y ahora también uno de sus hijos se dedica a esa actividad.

"Aunque las tiendas de autoservicio vendan esferas de procedencia china, nunca van a ser iguales a un trabajo hecho en México y manual, por lo que continúa en la elaboración con la misma emoción que hace más de 40 años", mencionó.

López resaltó que una de las desventajas de las esferas plastificadas es la pintura, que suele opacarse y caerse, "cosa que no ocurre con las de vidrio".

Aunque no todo es la Feria Nacional del Árbol y la Esfera, que cada 2 de noviembre se lleva a cabo, también puedes aprovechar la visita y hospedarte en las Cabañitas de Capulina, quien fue oriundo de ese lugar. 

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