17 de Diciembre de 2017

México

'Yo no leo las cartas ni hago abortos'

Antelma asegura que es inocente, pero eso no basta para evitar que ahora sea señala por la sociedad.

Guadalupe de 27 años, Antelma de 36, fueron expuestas ante los medios de comunicación como peligrosas delincuentes. Imagen de archivo. (eldictamen.mx)
Guadalupe de 27 años, Antelma de 36, fueron expuestas ante los medios de comunicación como peligrosas delincuentes. Imagen de archivo. (eldictamen.mx)
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Galia García Palafox/Milenio
MÉXICO, D.F.- Dicen en Ciudad Juárez que Antelma es una bruja que lee el futuro, una abortista que vende tés que provocan el desprendimiento de fetos de cinco meses, y una cínica que se declara culpable sin arrepentirse.

La policía municipal llegó mientras Antelma les servía de comer a sus hijos menores, de 11 y 13 años. Alguien la había denunciado. Los policías sabían que "había practicado un aborto y que el feto estaba enterrado en el patio". Ahí mismo tenía que decir quién era "la madre" y dónde estaba.

Antelma tuvo miedo: Guadalupe, su compañera de maquila, vivía en tal lugar.

Con Antelma en la patrulla, la policía fue por Guadalupe, que aún sangraba. "Ni modo", dice Antelma que dijo su amiga. Se las llevaron detenidas.

Al día siguiente, el 2 de junio, la fiscalía las presentó ante los medios de comunicación. 

Antelma, informaron, leía las cartas y le había anunciado a Guadalupe, de cinco meses de embarazo, que su marido no iba a regresar con ella. Le ofreció un té mágico que le provocaría un aborto. Guadalupe perdió el producto y Antelma lo enterró. Todo el trabajo por mil 700 pesos, le dijeron las autoridades a los medios. Ambas se habían declarado culpables y al menos Guadalupe, estaba arrepentida, dijeron.

Antelma y Guadalupe, con apellidos, edad y domicilios, aparecieron en diarios y televisión locales. La foto de sus rostros por delante. Peligrosas delincuentes.

Unos días después Antelma se presentó lastimada y en silla de ruedas a la audiencia en el juzgado. Antelma fue violada en prisión, informó la prensa. Antelma, -con apellido y foto-, ahora era también una mujer violada.

Por aceptar su culpabilidad, las dos mujeres fueron sentenciadas con prisión -Guadalupe seis meses y Antelma un año- y salieron bajo libertad condicional.

Cuando salió de la cárcel, con una condena de un año en libertad condicional y la espalda lastimada, Antelma se enteró que ya no tenía trabajo, que su casa había sido destrozada y que tenía fama de hechicera y abortista.

La Comisión Estatal de Derechos Humanos abrió una investigación por la exposición a la que la fiscalía las sometió y por la presunta violación dentro de un Cereso. 

Carlos Gutiérrez Casas, el visitador general en Ciudad Juárez, se enteró por los medios y por organizaciones sociales. "(Cuando vi que las presentaron) se me hizo una barbajanada. ... (Antelma y Guadalupe) están marcadas por todos lados", dice. 

"Las autoridades no deben presentar a las personas, aún cuando utilicen el presuntamente, pero es una práctica común. Cuando la ley entró en vigor en 2004 se acató la disposición, pero el artículo sólo funcionó un día".

Guadalupe y Antelma

"Yo no hago nada de eso que dicen, yo no leo las cartas ni nada de eso que dicen de mí, yo no le dije que su esposo no iba a volver, nunca me pagó nada. Eso es mentira", dice Antelma por teléfono con una voz monotonal.

Su historia, dice, es otra.

Guadalupe y Antelma se conocieron en febrero en la línea de producción de una maquiladora de arneses. Las dos madres solteras, Guadalupe de 27 años, Antelma de 36. Las dos con salarios de 800 pesos semanales y unos años de educación.

Nunca se hicieron grandes amigas pero conversaban. Guadalupe contó que estaba embarazada, que su marido la había dejado, que tenía dos hijos y mucho miedo. Con 800 pesos a la semana no comen cuatro. Quería abortar. Necesitaba ayuda, al menos apoyo. 

Las dos mujeres fueron a una hierbería del centro de Juárez. El hierbero le dio un medicamento que administrado correctamente puede ser abortivo, y un té. Pagaron mil 200 pesos. En una hora habría abortado, le dijo el hombre a Guadalupe.

Antelma se la llevó a su casa a que se tomara las pastillas y el té. A las dos horas no pasó nada. A las tres tampoco. Guadalupe se fue a su casa.

Al día siguiente Antelma fue a verla. Guadalupe tenía fuertes dolores abdominales. Antes de llevarla al médico, se subieron a un taxi rumbo a casa de la hija de Antelma que tenía que recoger a sus hijos. Ahí Guadalupe fue al baño. Gritó. 

Cuando Antelma entró ya había expulsado el producto. Se asustaron, no sabían qué hacer. Guadalupe sangraba. Los hijos de Antelma estaban en casa y no quería que vieran lo que ocurría.

"Guadalupe me dijo que ya no podía, que lo hiciera yo sola, se subió al camión y se fue", dice.

Antelma pensó en llamar a la policía. Otra vez tuvo miedo. Enterró el feto en el patio. Una hora después la policía llegó.

Criminalización de la autoridad

El Grupo de Información en Reproducción Elegida, GIRE, le ofreció apoyo a Antelma para presentar una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y que la Comisión de Víctimas les brinde medidas de seguridad por amenazas.

"Ella es el ejemplo claro de la criminalización de la autoridad. Pero no es sólo de la autoridad, es de los medios y la familia. Supongamos que ella sí lo hizo, nosotros estamos en contra de que se penalice el aborto, pero supongamos que hubiera colaborado, se le hizo un juicio mediático y social que destruyó su vida", dice Regina Tamés, directora de GIRE.

En 2008, después de la legalización del aborto en la Ciudad de México, 16 estados cambiaron sus constituciones para proteger la vida desde el momento de la concepción, Chihuahua lo había hecho antes. 

Desde entonces, según datos de GIRE, las denuncias por aborto han crecido en 163 por ciento. 

De 2009 a 2011, hubo 679 mujeres denunciadas por el delito de aborto. En Chihuahua, de 2007 a 2012, 11 mujeres fueron consignadas y dos sentenciadas. En muchos casos, las denuncias las hace el personal médico cuando las mujeres acuden a centro de salud a recibir atención post aborto.

La prisión

Antelma y Guadalupe compartieron celda, pero no se atrevieron a hablarse. "No me decía nada, yo me mantenía dormida y ella tenía miedo de su familia porque son muy estrictos. Yo lloraba", dice Antelma.

Prefiere no hablar de qué fue lo que le causó las lesiones en la cadera. "Me caí en el Cereso", dice primero. 

"No quiero hablar de eso", dice después. 

Los medios dijeron que la habían violado. Aunque la violación se debe perseguir de oficio, no hay una investigación de la fiscalía, dice el visitador. 

El coordinador de comunicación de la fiscalía, Arturo Sandoval, dice "es por denuncia, la señora no ha denunciado".

Después de nueve días en prisión, hace dos semanas, Antelma llegó a la casa de Infonavit de dos recámaras que renta por 500 pesos al mes, y la encontró deshecha. 

"Cuando llegué ya no había muebles, y todo estaba destruido". Los vecinos le dijeron que fueron policías ministeriales. El visitador de derechos humanos dice que no había razón para hacer un cateo.

Ahora vive en casa de su hija mayor. En la maquila de arneses ya no tiene trabajo por haber faltado más de cuatro días, dice. 

Prefiere quedarse en casa porque le duele la cadera. No contesta la mayoría de las llamadas, ni siquiera las de los que le ofrecen ayuda. Desconfía.

¿Tienes miedo?

¿De qué?

Del qué dirán, porque mucha gente habla sin saber qué pasó realmente y por todo lo que se comentó en los medios.

"Aquí en el estado de Chihuahua abortar es delito. A la señora que abortó le dieron seis meses de prisión, a la señora que inhumó el cuerpo, la señora que le dijo cómo abortar un año de reclusión. El delito es inhumación clandestina", dijo el vocero de la fiscalía.

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