18 de Diciembre de 2017

México

Donde "nadie habla, nadie sabe nada, nadie vio nada"

Pobladores del sur de Zacualpan, Guerrero, van ganando terreno para levantar chozas y sembrar maíz… o enervantes.

Soldados aseguraron un plantío mixto de amapola y marihuana en una extensión de 0.48 hectáreas. (Archivo/Notimex)
Soldados aseguraron un plantío mixto de amapola y marihuana en una extensión de 0.48 hectáreas. (Archivo/Notimex)
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Adriana Reyes/Milenio
MÉXICO, D.F.- Es el sur de Zacualpan, en el límite con Guerrero. El sol se puso benigno y, escondido tras las nubes, no se asoma. Hace frío, se cuela por todos lados. El famoso calor de tierra caliente no se siente, no se ve en esta ranchería en donde las veredas parecen no llevar a ningún lado.

Es la serranía que comparten el Estado de México y Guerrero. Cerro tras cerro, a los que pobladores le van ganando terreno para levantar pequeñas chozas y sembrar maíz… o enervantes.

Los dos dan para comer. El primero es para autoconsumo. El segundo es el que deja a los humildes campesinos ingresos que en toda su vida nunca reunirán si siguen dedicándose a labrar la tierra de modo “normal”.

Fueron 14 kilómetros de camino terregoso desde la bifurcación de la carretera de Zacualpan. Es curiosamente amplio y bien cuidado. En sus costados, una manguera negra interminable acompañó el camino del convoy de soldados de la XXII Zona Militar que en esta ocasión van con un puñado de reporteros quienes, tras el brincoteo de más de tres horas de viaje, serán testigos de la destrucción de los 13 plantíos de amapola y marihuana encontrados el lunes y martes de esta semana.

En total, y a través de observaciones aéreas y recorridos a pie, elementos del Ejército Mexicano ubicaron 23.47 hectáreas de amapola, flor que a la luz del día seduce por sus colores vivos pero que cuando sus hojas caen se convertirán en el preciado cofre con goma de opio, esa por la que compradores de Morelos llegarán después de cuatro o cinco meses para pagar una bicoca a los labriegos que se arriesgaron a sembrarla, regarla, cuidarla.

Los sembradíos de droga se confunden con cultivos de maíz y los arbustos de la zona

En esta ocasión, todos perdieron por la incursión de la milicia. “Ya habrá otro sitio para reponerse”, dice uno de los soldados parado en medio de uno de los sembradíos.

Aseguraron también un plantío mixto de amapola y mariguana en una extensión de 0.48 hectáreas, 10 kilogramos de semilla de amapola y kilo y medio de semillas de marihuana.

La comunidad es Huitzotitla, de Taxco de Alarcón, Guerrero, pegado a Zacualpan. Su entramado de breves caminos llevan a terrenos peligrosamente inclinados que están a una altura de 2 mil 250 metros sobre el nivel del mar y que son aprovechados para la siembra del enervante.

Los sitios son inmejorables debido al clima. Tratan de confundirse con los cultivos de maíz, con el arbolado y los arbustos de la zona. No lo logran y los soldados los tienen copados desde hace tres días. Los de la milicia se confunden en la maleza, aparecen de la nada. Cuidan el sitio que es ahora visitado por civiles que a tumbos tratan de ir al paso de los militares, cosa que es imposible.

En el sitio hay varias rancherías regadas. Nadie habla, nadie sabe nada, nadie vio nada. Todos callan. Sin embargo, alguien advirtió al Regimiento de Caballería Motorizado asentado en Zacualpan de la existencia de los sembradíos.

La denuncia, presume uno de los altos mandos militares, muchas veces proviene de quienes se dedican a la siembra y cultivo de la amapola o la marihuana.

Entre ellos surgen diferencias por el precio, el costo, el beneficio y abren la boca para delatarse unos a otros.

El día que el Ejército ingresó a la revisión de los terrenos sembrados, la comunidad se activó. Un cohetón fue lanzado al aire como señal de alerta. Si hubiesen sido dos es porque alguien habría sido detenido, pero no fue así. Todos callan, siguen siendo cómplices de alguna forma.

En las calles de esta pequeña comunidad de apenas 700 habitantes sólo se ve a niños. La presencia de los soldados ya no les impresiona. A los fuereños los ven sólo con curiosidad pero no responden a sus saludos. No pueden entablar contacto con extraños, es ley no escrita.

Rosario Castellanos hace acto de presencia en un sitio surgido de la nada a través de su nombre en un pequeño jardín de niños ubicado junto a la comisaría en donde la presunta autoridad está ausente.

San Pablo está cuesta abajo. Desde su perspectiva se aprecia una de las grandes extensiones de cultivo. Imposible no verlas con sus colores vivos. Quienes ahí han sembrado podrán recibir hasta 60 mil pesos por haber dedicado cuatro meses de su tiempo a estar al pendiente.

Los más de 100 soldados se encargan de “varear” la amapola. La matan. Así no hay posibilidad de aprovechar los bulbos verdes casi blanquizcos de los que se extrae la goma y las diminutas semillas.

Reporteros y fotógrafos caminan entre ellas, no se dan abasto para abarcar toda la zona vestida de rosa, guinda, blanca, lila.

El método para extinguir la mariguana es distinto. Hay sacar de la mata desde la raíz.

El trabajo para la destrucción tardará aproximadamente cuatro días. Hay trabajo para rato, día y noche.

Un plantío como este, sin separación, es el más importante que se ha encontrado en los últimos tiempos, admite el general Vicente Antonio Hernández Sánchez, comandante del Regimiento Motorizado de Caballería Motorizada, quien en compañía del titular de la XXII Zona Militar, José Luis Sánchez León, llevan a los representantes de los medios de comunicación a un recorrido de dos kilómetros camino arriba y luego abajo bajo un sol que no acaba de salir.

Para detectar este tipo de sembradíos se apoyan en la tecnología satelital con el GPS

“Los ubicamos en una base de datos y sabemos que si se recorrió en julio y es temporada de lluvias, en septiembre habrá un plantío pequeño que hay que visitar”.

En el sur, admiten, las zonas rurales son tan extensas que es necesario ponerles mucha atención a través de reconocimientos terrestres en busca de enervantes.

El diagnóstico: “hasta ahorita estamos medianamente bien, pero no debemos dejar de patrullar porque nos puede ir como en otros estado del país que cuando no ven presencia las fuerzas armadas o policiaca, pueden afectar a la sociedad los grupos delictivos”.

Queda atrás la serranía. Queda atrás Poder de Dios, otra comunidad desde la cual se aprecian otros espacios extrañamente limpios, tal vez más sembradíos. Pero nadie dice nada.

mn/dua

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