13 de Diciembre de 2017

México

El costo de vivir en la ciudad

La concentración de cada vez más mexicanos en centros urbanos, sin una planeación adecuada, plantea dilemas inéditos

Ocho de cada 10 mexicanos viven en zonas urbanas y seis de cada 10 habita en una zona metropolitana. (Agencia Reforma)
Ocho de cada 10 mexicanos viven en zonas urbanas y seis de cada 10 habita en una zona metropolitana. (Agencia Reforma)
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Andro Aguilar/Agencia Reforma
MÉXICO, D.F.- Ocho de cada 10 mexicanos viven en zonas urbanas y seis de cada 10 habita en una zona metropolitana. En 50 años, la población que vive en ciudades se triplicó y hoy enfrenta severos problemas de movilidad, vivienda, inseguridad, pobreza, falta de suministro de agua y de gobernabilidad, entre otros.

Casi 64 millones de mexicanos (el 56.8 por ciento de la población total según el censo del 2010 del INEGI) habitan en zonas metropolitanas que abarcan 367 municipios.

El documento Delimitación de las Zonas Metropolitanas en México 2010, basado en el censo del INEGI, arrojó que en el país existen 29 zonas metropolitanas de 100 mil a 499 mil habitantes; 19 donde habitan más de 500 mil y menos de un millón de personas; 10 metrópolis que superan el millón de habitantes pero no rebasan los 5 millones, y una megaciudad, el Valle de México, superior a los 20 millones y que es la quinta ciudad más grande en el mundo.

De acuerdo con el informe Estado de las ciudades en México 2011, elaborado por ONU-Hábitat en coordinación con la Sedesol, se pronostica que el mayor crecimiento poblacional se dará en las ciudades intermedias de México, por lo que en 2030 existirán 20 ciudades con más de un millón de habitantes.

"El advenimiento de cerca de 20 ciudades con más de un millón de habitantes para 2030 implica retos para la política de desarrollo económico y social; en específico, para la planeación urbana, económica y social del sistema urbano y de cada ciudad, debido a que dichas ciudades requerirán de transporte masivo eficiente y ambientalmente sostenible, vivienda, infraestructura urbana, agua, electricidad, educación, espacios de recreación, etcétera".

Además del Valle de México, las metrópolis que ya superan esa cifra son: Guadalajara, Monterrey, Puebla-Tlaxcala, Toluca, Tijuana, León, Juárez, La Laguna, Querétaro y San Luis Potosí.

Las zonas metropolitanas más importantes por el número de habitantes y su aportación a la economía son el Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla-Tlaxcala, Toluca, Tijuana, León, Ciudad Juárez, La Laguna, Querétaro y San Luis Potosí.

Ya desde noviembre de 2011, durante la presentación del reporte de ciudades mencionado, especialistas habían urgido a acotar el boom urbano, que consideraron insostenible en términos territoriales, ambientales y de equidad social.

De acuerdo con la Conapo, en los primeros programas de política pública en los años setenta ya se vislumbraba una preocupación por la falta de ordenamiento en el desarrollo urbano. Posteriormente se acentuó la necesidad de otorgarle sustentabilidad a esas políticas públicas y en el último periodo se identificó la necesidad de reducir la pobreza de la población urbana.

El caso de México no es aislado. La tendencia hacia la urbanización está presente en todo el mundo, cuya población urbana ya rebasa el 50 por ciento, pero es América Latina y el Caribe, con casi el 80 por ciento de su población residida en ciudades, la región más urbanizada del planeta.

Agua

De acuerdo con el Banco Mundial, 91 por ciento de la población mexicana tiene acceso al suministro de agua. Sin embargo, la Comisión Nacional del Agua divide al país en dos bloques a partir de la distribución de este líquido: las regiones Norte y Centro, donde se concentra 77 por ciento de la población y se genera el 80 por ciento del PIB, pero sólo provee 31 por ciento de agua renovable. Y la del Sureste, donde habita el 23 por ciento de la población, se genera el 20 por ciento del PIB y se genera el 69 por ciento de agua renovable.

Las urbes con mayor población ya experimentan carestía de agua que puede afectar sus sistemas socioeconómicos y ambientales.

El Consejo Consultivo del Agua señala que de los 653 depósitos subterráneos, 106 están sobreexplotados. Los acuíferos abastecen a 72 millones de personas, 80 por ciento de las cuales viven en ciudades.

En 1950 la disposición del líquido era de 18 mil 035 metros cúbicos al año por cada habitante; en 2008 se redujo a 4 mil 288 metros cúbicos anuales, pero en la región XIII, que abarca las zonas metropolitanas de Tula, Pachuca y el Valle de México, en 2008 se contó sólo con 165 metros cuadrados de agua por habitante, equivalente a la décima parte del requerimiento mínimo internacional. Las ciudades con menor disponibilidad de agua son las zonas metropolitanas del Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Querétaro, Tijuana, León y Toluca.

Aunado a ello, de acuerdo con la Conagua, en las principales ciudades del país se pierde más del 40 por ciento del suministro de agua potable por la existencia de fugas en la red de distribución.

La Coalición de Organizaciones Mexicanas por el Derecho al Agua señala graves desigualdades en el consumo del líquido en las ciudades. Mientras un habitante de Iztapalapa en el Distrito Federal consume entre 20 y 80 litros de agua diarios, en una colonia como Bosques de las Lomas, también en la capital mexicana, el consumo per cápita se eleva a entre mil y mil 200 litros.

Paradójicamente, cada vez son más comunes las inundaciones en las ciudades, por lo que especialistas recomiendan esquemas de ciclo cerrado, en los que a través de la captura del agua de lluvia se mitiguen los efectos de las tormentas.

Una medida importante para combatir el desabasto del líquido es el tratamiento de las aguas residuales en las ciudades, que actualmente en su mayoría se envían a las zonas rurales.

Movilidad

En México no hay una política nacional de transporte sustentable urbano; las políticas en esta materia están centradas en el automóvil, principalmente particular.

Muchas de las ciudades mexicanas se caracterizan por la presencia de asentamientos irregulares en su periferia y grandes conjuntos habitaciones alejados de los centros urbanos, lo que causa que los habitantes en condición de pobreza de las periferias gasten hasta la mitad del ingreso familiar únicamente en transporte. El promedio de gasto de las 32 entidades para este rubro es de 41 por ciento del ingreso de las familias.

El citado estudio sobre el estado de las ciudades de la ONU señala que en los últimos 10 años el crecimiento del parque vehicular fue de 9 por ciento anual, correspondiendo el 80 por ciento al transporte privado, que sólo resuelve el 30 por ciento de la movilidad.

Cifras del INEGI muestran que a la quinta parte de los trabajadores en México les toma más de 3 horas trasladarse de su vivienda a su empleo.

Se calcula que en México hay casi 30 millones de automóviles. En las 59 zonas metropolitanas, 30 por ciento de los viajes se realiza a pie, 40 en transporte público y 30 en automóvil, cuyo promedio de velocidad en horas "no pico" en la Ciudad de México apenas alcanza los 15 kilómetros por hora.

La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz reportó que sólo en 2011 vendió 900 mil automóviles. Y se calcula que para el 2030 la cifra de coches alcance los 65 millones.

En contraste, sólo tres ciudades en el país cuentan con una red de Metro y Metrobús: Distrito Federal, Monterrey y Guadalajara; aunque León cuenta con el sistema Optibús, ganador de la mención honorífica del "Sustainable Transport Award 2011".

Vivienda

El Banco Interamericano de Desarrollo señaló este año los principales problemas de la vivienda en las ciudades de América Latina y el Caribe: falta de acceso a la infraestructura, materiales deficientes, carencia de una tenencia segura, hacinamiento y déficit cuantitativo.

El 4 por ciento carece de electricidad, el 15 por ciento de saneamiento y el 9 de agua potable. Asimismo, 3 por ciento tiene techo deficiente, 6 por ciento pisos de tierra y 2 por ciento paredes en mal estado.

En los últimos 10 años, la oferta financiera para atender la demanda habitacional en México centró sus esfuerzos en la adquisición de vivienda, pero propició un rezago en la atención de servicios urbanos.

Los desarrollos carecen de servicios sociales y comerciales, que no propician la creación de tejido social.

Hasta 2010, 65 por ciento de las viviendas corresponden a zonas urbanas, 21.4 a zonas rurales y 13.6 por ciento a localidades en transición de lo rural a lo urbano.

De acuerdo con el documento Estado de la vivienda en México 2012, que publica la Fundación CIDOC, la construcción de viviendas sin planeación ni ordenamiento ha generado desarrollos habitacionales en áreas alejadas de las manchas urbanas, que carecen de servicios, equipamiento, accesibilidad y conectividad, lo que propicia la expansión poco controlada de las ciudades y fomenta el incremento de viviendas desocupadas.

Hasta 2010, el rezago habitacional -falta de vivienda, hacinamiento y requerimiento de sustitución de materiales o remodelación- era del 36 por ciento.

En ese año, en el país había 28 millones 607 mil 568 viviendas particulares habitadas por 3.9 personas en promedio.

El 13.7 por ciento de esas viviendas no cuenta con paredes de materiales sólidos y 6.2 por ciento aún tiene pisos de tierra.

Los pendientes habitacionales sólo para 2012 suman 1 millón 71 mil 241 para poco más de 4 millones de personas, y 40 por ciento del rezago habitacional está en zonas urbanas.

En el documento destaca otro pendiente: estrategias, políticas y programas que favorezcan el acceso a financiamientos a personas de escasos recursos.

En México, los trabajadores con ingresos superiores a los 9 salarios mínimos resuelven su necesidad de vivienda a través de créditos hipotecarios mercantiles. Quienes ganan de tres a seis salarios mínimos adquieren una vivienda de interés social a través de los organismos nacionales de vivienda.

Lo anterior obedece a que, aun cuando en los últimos 10 años el gobierno federal ha promovido 8 millones de créditos, la tipología desarrollada por la Comisión Nacional de Vivienda corresponde a espacios de 32 metros cuadrados, diseñadas para ser ocupadas por dos personas (Enfoque 894, 12 de junio de 2011).

Los indicadores señalan que del hacinamiento total, 60.4 por ciento se ubica en zonas urbanas; las viviendas construidas con materiales precarios en zonas urbanas suman 15 por ciento y las edificadas con materiales regulares que caducarán pronto suman 3.1 millones.

Pobreza

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) 32.1 millones de los 57.7 millones de mexicanos que viven en pobreza patrimonial (51.3 por ciento del total de la población) habitan en zonas urbanas.

Asimismo, de 2006 a 2010, el número de personas incapaces de comprar una canasta básica con todos sus recursos en las zonas urbanas del país pasó de 4.9 millones a 8.9 millones.

El Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza del Consejo señala que en las zonas urbanas el desempleo ha derivado en un incremento de la pobreza.

Las regiones sur y centro de México concentraban a la población urbana altamente marginada, con porcentajes del 45 por ciento de su población: Chiapas, 53 por ciento; Guerrero, 52; Tlaxcala, 51; Oaxaca, 48 y Puebla, 45 por ciento.

Respecto a la desigualdad en las zonas metropolitanas, la de Oaxaca ocupa el primer lugar, seguida de Xalapa y Villa Hermosa.

Inseguridad

Antes de iniciada la guerra anticrimen por el gobierno federal, la cuarta Encuesta Nacional sobre Inseguridad Urbana del Icesi en 2006 señalaba a la Ciudad de México como la zona con mayor incidencia delictiva, con 20 mil 368 víctimas y 32 mil 572 delitos por cada 100 mil habitantes, seguida por la zona conurbada del Estado de México, Acapulco y Tijuana.

El robo a transeúnte representó el 55.8 por ciento del total de los delitos reportados.

Ya en plena guerra anticrimen, las siguientes Encuestas Nacionales sobre Inseguridad arrojan un sentimiento creciente generalizado de vulnerabilidad por parte de los habitantes de ciudades; de 2004 a 2009 la percepción de inseguridad se elevó 14 por ciento.

En 2011, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal AC señaló que cinco de las 10 ciudades más violentas del mundo son mexicanas. Ciudad Juárez, con una tasa de 148 asesinatos por cada 100 mil habitantes; Acapulco, con 128 homicidios por cada 100 mil habitantes; Torreón, con una tasa de 88; Chihuahua, con una tasa de 83, y Durango, con 80 homicidios por cada 100 mil habitantes.

En un artículo reciente (Nexos, diciembre 2012), el especialista Eduardo Guerrero afirma que durante el sexenio de Felipe Calderón la violencia aumentó en todas las zonas metropolitanas del país, a excepción de cinco: Tijuana, Aguascalientes, Pachuca, Querétaro y Mérida.

Residuos sólidos

Según INEGI, hasta 2010, en México se generaron al día 109 mil 750 toneladas de residuos sólidos, de las cuales 27 por ciento se depositaron en sitios no controlados, 64 por ciento llegaron a rellenos sanitarios y 9 por ciento a rellenos de tierra controlados.

Al año se generan 35.3 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos.

De acuerdo con el Programa Universitario del Medio Ambiente de la UNAM, los rellenos sanitarios se han declarado obsoletos en los países desarrollados, pese a lo cual en México hay 95. Apenas a inicio de año la capital mexicana sufrió una crisis de basura en las calles por las fallas en la recolección que provocó el cierre del Bordo Poniente, cuya capacidad para almacenar basura lo ubicaba como el más grande de Latinoamérica.

En el Valle de México, donde más basura se produce, se calcula que la recolección alcanza a cubrir hasta el 97 por ciento. De acuerdo con el informe Estado de las ciudades de México 2011, en México sólo los municipios de Guadalajara y Mérida, además del DF, realizan compostaje. En Monterrey y el DF se llevan a cabo procesos de recuperación de manera sistematizada. En 2010 sólo el 4 por ciento de los materiales reciclables fue reutilizado, ante el 40 que se logra en la Unión Europea.

Gobernabilidad

La falta de coordinación entre las instituciones de los distintos niveles de gobierno ha impedido una planeación metropolitana para combatir los principales problemas, según han alertado centros de análisis como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

El diseño e instrumentación de las políticas de desarrollo urbano y ordenación del territorio en México es facultad que compete al gobierno federal, los estados y los municipios, de acuerdo con la Ley General de Asentamientos Humanos, la Ley de Planeación y el artículo 115 Constitucional.

Especialistas han propuesto distintas soluciones como impulsar la suscripción de convenios de colaboración intermunicipal, ya inscritos en la ley, o crear organismos intermunicipales o comisiones metropolitanas para la prestación de los servicios públicos, aplicados por ejemplo en la policía de Boca del Río.

También se ha propuesto la homologación normativa principalmente en zonas metropolitanas compartidas por varios estados, como sucedió con el Reglamento de tránsito del Distrito Federal y el Estado de México.

Otra propuesta es la creación de un Consejo Metropolitano compuesto por miembros de los cabildos en función del peso demográfico.

El IMCO ha señalado la urgencia de contar con un marco regulatorio para la vida en ciudades, y ha propuesto crear la figura de ejecutivo municipal para avocarse a la atención de los servicios urbanos.

Retos a futuro

Vivir en ciudad implica para sus habitantes estos y otros problemas, como el desempleo, el hacinamiento, la polución, el abasto de alimentos, el estrés, la depresión y otros padecimientos emocionales.

Durante el último siglo, la tendencia a vivir en ciudades se ha mantenido constante en México y los porcentajes de la distribución rural y urbana en ese periodo se han invertido.

Y aunque las cifras señalan que el Valle de México ha frenado su crecimiento, las ciudades de más de un millón de habitantes crecen a un ritmo más alto que cualquiera en el país, por lo que los especialistas advierten que las dos próximas décadas presentarán retos de planeación urbana, económica y social en todo el sistema urbano nacional y de cada ciudad en específico.

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