20 de Septiembre de 2018

México

En una mano llevaba el arma; en la otra, La Biblia

El libro de El Chayo: la historia de su vida criminal, pero también su afán de 'salvar' en el nombre de Dios.

Portada de libro cuya autoría se atribuye a Nazario Moreno González, alias <i>El Chayo</i>, líder de Los Caballeros Templarios. (vice.com)
Portada de libro cuya autoría se atribuye a Nazario Moreno González, alias El Chayo, líder de Los Caballeros Templarios. (vice.com)
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Rubén Mosso/Juan Pablo Becerra Acosta/Milenio Diario
MÉXICO, DF. - El líder e ideólogo del cártel La Familia, Nazario Moreno González, El Chayo o El más loco, presuntamente contrató y llevó a Michoacán a conferencistas de superación personal, entre ellos a Miguel Ángel Cornejo, Carlos Cuauhtémoc Sánchez y Alex Dey.

El objetivo era ofrecer pláticas a grupos de todas las edades con el propósito de regenerar a alcohólicos y drogadictos.

Así lo describe Moreno González en sus memorias, plasmadas en el libro Me dicen el más loco. Diario de un idealista, cuyos derechos pertenecen a la viuda. En el texto se asegura que entre 2006 y 2009 logró rehabilitar a 47 mil personas.

El libro comenzó a circular después de que el gobierno federal aseguró que el narcotraficante había muerto.

MILENIO buscó entonces a los conferencistas para corroborar la versión; se hicieron llamadas telefónicas y se enviaron correos electrónicos, pero Carmen Herrera, secretaria de Miguel Ángel Cornejo, fue la única persona que contestó la petición; sin embargo, comentó que en sus registros no aparecía ninguna contratación a nombre de Moreno González.

En la página 48 del libro, El Chayo describe las “buenas intenciones” para ayudar a la población de Michoacán, pero menciona que no todas las podía cumplir.

“De 2006 en adelante empecé a contratar a un alto costo a conferencistas como Carlos Cuauhtémoc Sánchez, quien se presentó a dar una plática precisamente el día que falleció mi hermano Lorenzo.

“También traje a Miguel Ángel Cornejo y Alex Day (Dey), al grupo Fraterno, que se llama Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo AC.

“Por otro lado, financié cursos a michoacanos para que asistieran a congresos como “Hombre a hombre”, que impartía en Ciudad Juárez la familia Chris Richard, de la Iglesia Cristiana Vino Nuevo”.

El Chayo cuenta su internamiento en Estados Unidos (donde comenzó a vender mariguana en escuelas públicas), además de su cruzada para erradicar a Los Zetas de Michoacán.También narra que de 2006 a 2009 los cursos de superación personal se comenzaron a dar en todo México.

Sin embargo, en el libro pone énfasis a su “labor humanitaria”, pues aseguraba tener bastantes recursos, no solo producto de la venta de mariguana, sino de otros negocios.

Demasiado dinero, admitió, lo llevó a convertirse en un “vulgar alcohólico”, por lo que se acercó a un profesor de nombre Juan Escobedo Aguirre, quien lo invitó a unirse a Alcohólicos Anónimos (AA).

El Chayo buscó al presidente Felipe Calderón

El “adoctrinamiento” en AA causó un impacto emocional que “estremeció su cuerpo y fortaleció su intelecto” y a partir de entonces se apasionó por temas que lo “marcaron de manera trascendental”, indicó.

Así se aficionó a las sociedades secretas, por lo que estudió la masonería y se relacionó con grupos que profesaban ideales secretos de superación mundial.

En esa época sintió “el llamado de Dios” y se dedicó a estudiar La Biblia. “Mi vocación de servicio al prójimo era y es tan sincera que ayudé a diversas iglesias cristianas del país e incluso del extranjero, enviándoles miles y miles de Biblias”, describe en sus memorias.

En Morelia, acondicionó un lugar para dar misas cristianas y regenerar alcohólicos y drogadictos de todo el país, en particular de Michoacán. “Lo hacía de manera gratuita e incluía alimentación, ropa nueva, jabón para aseo personal y el lavado de su ropa, conferencistas. 

“Mi gran satisfacción y orgullo es que, sorteando toda clase de problemas e incomprensiones, logramos rehabilitar a más de 47 mil personas en tres años. Estas miles de personas no eran sino parias”, detalla.

Uno de los planes de Nazario, según el libro, fue contactar con el entonces presidente Felipe Calderón y el titular de la SSP, Genaro García Luna, para que lo “apoyaran” o no “interfirieran” en su lucha contra Los Zetas.

Ahí se menciona que El Chayo nombró a dos personas para hacer ese contacto, pero éste no se produjo, porque uno de ellos fue “extrañamente” asesinado por su esposa; el otro fue “emboscado” por agentes cuando buscaba entrevistarse con un enviado especial de la Policía Federal para pactar una tregua.

Nazario narra su muerte

En el libro, Nazario narra, recrea su propia muerte, en la falsa redacción de un escritor fantasma:

—Al hacer el recuento de nuestras bajas y pérdidas, descubrimos con inaudito dolor y angustia que Chayo había sido muerto por la metralla haciéndolo pedazos.

Se lee: Me dicen: “El más loco”.

Es el título. Es la portada del libro redactado por Nazario Moreno González, El Chayo. El fundador. El líder del cártel de Los Caballeros Templarios. El más loco. El doctor. San Nazario. 

Pasta roja con una foto juvenil del hombre. Bigote delgado. Cejas pobladas. Abundante cabellera, bien peinada. Mirada seria, penetrante. 

Es el libro que escribió ese hombre y que mandó publicar en 2011, meses después de que el gobierno de Felipe Calderón lo diera por muerto en los enfrentamientos del 8 y 9 de diciembre de 2010. 

Son 83 páginas de una autobiografía detallada hasta el día previo a su fingida muerte:

“Epílogo…

“Capítulo de lágrimas y luto”.

Esto supuestamente fue redactado por alguien más a la caída de Moreno. Explica el falso ghostwriter:

“Este último capítulo del diario de nuestro comandante en jefe, Nazario Moreno González, lo escribo por decisión de todos los jefes de grupo, por creer ellos que soy el que mejor interpretaba el ideario del líder y por tener más conocimientos en el arte de la escritura". 

"Todos los capítulos anteriores fueron escritos por Chayo y aprobamos por mayoría no hacerles ninguna modificación, aunque sean altamente confidenciales y comprometedores, porque estamos seguros de que nuestra decisión hubiera sido aprobada por nuestro inolvidable comandante en jefe”.

“Comedia de muñecos”, decía el escritor ruso León Tolstoi cuando se refería a alguien que simulaba algo de manera desproporcionada. Hoy se sabe que Nazario Moreno fingió su muerte. Y no solo eso: la recreó. Como si fuera una película de guerra. Una epopeya cinematográfica. En el libro se describen, primero, “los enfrentamientos del 8 de diciembre”.

Nazario Moreno estaba reunido con “su estado mayor”, con sus más fieles. Estaban en la comunidad Holanda, perteneciente al ejido del mismo nombre, en Apatzingán, para organizar los festejos decembrinos. 

A las cuatro de la tarde le avisaron por radio “y por otros medios de comunicación con los que contábamos” que se acercaba una treintena de helicópteros artillados y más de 300 unidades de la Policía Federal con elementos “armados hasta los dientes”, apoyados por la Marina y “otras corporaciones”.

Le informaban que los helicópteros disparaban “indiscriminadamente tenebrosas ráfagas de metralla, bombardeando vehículos y las chozas por donde iban pasando”. Le decían (recrea Nazario en voz de otro supuesto redactor) que se “elevaban al cielo lengüetadas de lumbre y largas columnas de humo negro y espeso”.

El Chayo se retiró a orar “de tres a cinco minutos”. Por unos instantes pensó huir, ordenar la retirada. Cambió de opinión. Pidió tomar posiciones y pelear: “¡Zafarrancho de combate!”, pegó un “alarido de guerra y muerte”. Invocó a Zapata, a Morelos y al Che Guevara. Hace unos cuantos meses se sabría que se había cambiado el nombre por una mezcla de esos tres personajes: Emiliano Morelos Guevara.

Empezaron los combates. “La lucha era encarnizada, sangrienta, a muerte”. En ambos bandos había “heridos y muertos”. Las refriegas se extendieron a otros puntos de Michoacán. Los criminales quemaron 100 vehículos, según reportó el gobierno federal a la sazón. “Así pudimos controlar la situación”. 

El Chayo entró en combate con su Galil 308, fusil de asalto israelí, “haciendo estragos en el enemigo mientras cargaba, terciadas en pecho y espalda, largas carrilleras repletas de poderosas y relucientes balas”. Eran menos los Templarios que las fuerzas federales. “Parecía que se repetía la batalla de Termópilas entre los espartanos y los invasores persas”, redactó Nazario.

Según los criminales, las tropas del Estado se replegaron hasta Apatzingán, donde el día 9 se dieron “los enfrentamientos más violentos y caóticos en la historia moderna de Michoacán”. Nazario afirma que varios helicópteros fueron dañados y otros derribados. Él decidió volver a Holanda una vez que se suspendió el fuego en la capital calentana. Y aquí viene un subtítulo:

“La tragedia del día 9”

Iban a dar las siete de la tarde cuando la caravana de El Chayo, compuesta por 35 vehículos, que iba de regreso a la comunidad holandesa, fue atacada por aire por 12 helicópteros de la Policía Federal que disparaban “balas de grueso calibre y hasta bombas”. Los templarios accionaban sus cuernos de chivo y Nazario su Galil. Los helicópteros se retiraron, algunos “maltrechos a simple vista”.

Y entonces viene la recreación cumbre: “Al hacer el recuento de nuestras bajas y pérdidas, descubrimos con inaudito dolor y angustia que Chayo había sido muerto por la metralla haciéndolo pedazos”. 

Este era el ambiente ficticio:

“Fue tanto nuestro dolor, que muchos soltamos el llanto y nos cuadramos en señal de obediencia y respeto ante su cuerpo ensangrentado y mutilado. Murieron también 32 compañeros más, entre instructores y algunos extranjeros”.

Luego viene la coartada perfecta, la simulación estelar:

“Recogimos su cuerpo y lo llevamos al campamento secreto, donde lo incineramos y lanzamos en porciones de cenizas a los cuatro puntos cardinales, tal como nos había dicho muchas veces (...). Cuando terminamos esta triste y desgraciada labor nos formamos todos los presentes y gritamos con lágrimas en los ojos: ‘¡Tus subalternos, comandante! ¡Presentes!’.”     

Los templarios esparcieron por radios y teléfonos, y de voz en voz, la historia. Los cuerpos de seguridad del gobierno interceptaron el mensaje. Y se creyeron el dramático guión redactado por el muerto... que estaba vivo. Y que había fingido y recreado… su propia muerte.

Comienzo. Nazario Moreno González comenzó su carrera delictiva en Estados Unidos; llegó a California como inmigrante y ahí comenzó con el transporte y venta de mariguana.

Captura. En 1994 fue detenido en Mc Allen, Texas, por transportación de droga, pero recuperó su libertad; en 2003 una Corte ordenó su aprehensión.

Alianzas. A principio de 2000 trabajó para el líder de Los Valencia, Armando Valencia, pero respondía a las órdenes directas de Carlos Rosales, El Tísico.

Rivales. En 2001 llegaron Los Zetas a Michoacán para acabar con Los Valencia, por lo que Nazario Moreno se alió con Carlos Rosales para hacer frente a esta organización criminal.

Ascenso. Tras la captura de Osiel Cárdenas Guillén (2003) y de El Tísico (2004), Nazario tomó el control en Michoacán y comenzó una guerra contra Los Zetas.

Decapitaciones. En 2006 Moreno González ordenó decapitar a cinco integrantes de ese cártel; las cabezas de las víctimas fueron abandonadas en un bar de Uruapan.

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