22 de Septiembre de 2018

México

 / CNTE

Comercios agonizan por plantón de maestros

Restauranteros del lugar afirman que los estragos causados por la CNTE afectan a su empresa y el bolsillo de sus trabajadores.

El restaurante La Soldadera luce semivacío, gracias a las manifestaciones de la CNTE en la Ciudad de México. (Milenio)
El restaurante La Soldadera luce semivacío, gracias a las manifestaciones de la CNTE en la Ciudad de México. (Milenio)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- La Soldadera es solo un ejemplo de los 246 comercios que apenas resisten la crisis provocada por maestros, quienes desde hace más de dos meses bloquean los alrededores del Monumento a la Revolución. Empleados y patrones sobreviven con escasas ganancias; otros, sin embargo, han tenido que emigrar. Las pérdidas económicas, mientras tanto, ya ascienden a 420 millones de pesos.  

Frente a la entrada de La Soldadera, alrededor de la cual se desparraman carpas de manifestantes, un acomodador de autos, de los llamados valet parking, se acoda en el atril, sin clientes que se arrimen, y cuando escucha la pregunta sobre su situación laboral, frunce el ceño, mira hacia el Monumento a la Revolución, en cuyas inmediaciones se acumulan techos multicolores, y suelta: 

—¡Esta es una zona hostil!

Su nombre es Oswaldo Nieto, quien desde una posición estratégica, pero incómoda, divisa parcialmente los campamentos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, cuyos miembros mantienen su plantón contra la reforma educativa. Ha observado el ir y venir de camiones del sureste mexicano, de donde proviene la mayoría de docentes. 

—Esto es un desastre total— comenta Oswaldo, padre de dos niños—, porque como puede ver ahorita es más del mediodía y aquí tengo mis boletos; no ha entrado ni un carro y por lo tanto tengo el estacionamiento vacío; antes de esto —agrega y mira a su alrededor—, yo sacaba 250 pesos diarios de propina y ahora me llevo 20 pesos; y si me llevo 50, ya la hice. 

—¿Qué les pediría? 

—Que estos señores se vayan a sus pueblos. 

Y ya en la entrada del restaurante, que mañana cumple su 20 aniversario, está Rubí Mendoza, una de las cinco hostess que aún queda, de las 21 que había, pues el resto tuvo que salir a buscar trabajo, como consecuencia de la crisis que azota en esa área. 

El pasado 13 de noviembre cumplieron dos meses de permanecer cercados por los manifestantes, recuerda Rubí, madre soltera, quien dice que “antes de que llegaran ellos”, refiriéndose a los maestros que están a dos metros de distancia, obtenía entre mil 500 y 3 mil pesos; ahora, 50, 30 pesos, “apenas para el pasaje… Pero vivo cerca de aquí; nada más imagínese a los chicos que viven en Tecámac, Estado de México”. 

—Poco a poco vendrá más gente. 

—La gente oye radio, ve tele y no viene— dice Mendoza, en referencia a la  reciente gresca protagonizada por manifestantes y granaderos—, y date cuenta: son las tres de la tarde y no tenemos gente. No tenemos gente porque a la una de la tarde estaba cerrado. Antes de que estuvieran ellos, los clientes empezaban a llegar a la una de la tarde. Sí, sí, ha sido muy difícil, porque bajaron mucho las ventas. 

Más al fondo está la cocina, donde el chef Abel Canales, con 20 años de antigüedad, prepara los platillos, cuyo número ha disminuido de manera abismal. 

—Hemos tenido dos crisis anteriores —recuerda el chef Canales—, pero esta es la que más nos ha afectado; no solo en ventas, sino también en el empleo. Las compras, por supuesto, han bajado muchísimo: yo compraba 50 kilos de pollo, por decir algo, y ahorita estoy consumiendo siete; máximo, diez. 

Y habrá que subir al primer piso, por esa misma zona, para escuchar el testimonio del almacenista Pedro López Martínez, quien narra cómo pasan los días con el mismo número de vinos en los anaqueles, que se movió un poco hace unos días. 

Y ahí, en la penumbra, está el cantinero Mario Ezequiel Rodríguez, también con la misma historia sobre las magras propinas. Lo acompaña el mesero Gerardo Enciso, con 14 años de antigüedad en el restaurante y quien, nada más pare medir la magnitug del problema, hace una comparación: 

—Superamos el problema con el plantón que hizo Andrés Manuel en Reforma, con las manifestaciones por la ley del ISSSTE —enfrente está el edificio de esa institución— y con la remodelación del Monumento a la Revolución; mínimo, sacábamos 500, 600, hasta mil 500 pesos de propina al día. 

—¿Y ahora? 

—Con el bloqueo de los maestros, pues… 50 pesos. Ni para los pasajes. Yo soy de San Juan Teotihuacan. Pago 61 pesos de ida y vuelta. Y eso si sales temprano. 

Y así están todos. 

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