19 de Abril de 2018

México

'Nos han disparado, pero seguiremos ayudando a los inmigrantes'

La Estancia del Migrante González y Martínez brinda ayuda a los viajeros que llegan a la entidad en el techo de 'La Bestia', en su camino hacia EU.

Los puntos más peligrosos para los voluntarios de la Estancia del Migrante se encuentran en las vías del tren. (facebook.com/Estancia-del-Migrante-González-y-Martínez-AC)
Los puntos más peligrosos para los voluntarios de la Estancia del Migrante se encuentran en las vías del tren. (facebook.com/Estancia-del-Migrante-González-y-Martínez-AC)
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Karina Palacios/Milenio
TEQUISQUIAPAN, Querétaro.- Trabajan durante horas de manera voluntaria, en un espacio reducido, casi sin recursos, para asistir a migrantes centroamericanos que viajan sobre el tren de carga conocido como La Bestia y que buscan llegar a Estados Unidos.

Sufren amenazas y hostigamiento de personal de seguridad contratado por la empresa Ferrocarril Mexicano (Ferromex), por lo que en ocasiones se han visto en la necesidad de interrumpir sus labores por temor a las represalias en su contra o de sus improvisados huéspedes.

Son voluntarios de la Estancia del Migrante González y Martínez, quienes muy temprano llegan a la casa en la antigua estación a Bernal, a 15 minutos del centro de Tequisquiapan, Querétaro, para apoyar a su fundador, Martín Martínez y a su esposa a preparar bolsas con alimentos, escoger ropa y repartirla entre los viajeros de La Bestia.

“Tratamos de estar aquí la mayor parte del tiempo, porque los horarios del tren no son fijos. Nosotros hacemos esto por caridad, no es justo que las amenazas interfieran con nuestra labor”, señala Carmen Ugalde, voluntaria y esposa de Martín.

El inmueble, prestado por Ferromex aloja las donaciones que decenas de queretanos hacen, con la esperanza de que sean útiles.

Cuando es posible los voluntarios acuden a los supermercados de la zona para recolectar la fruta y el pan que están maltratados o que no pasan los estándares de imagen, y que por ende no son exhibidos en los mostradores, pero que son indispensables para la estancia.

Los viajeros que corren con la suerte de llegar al lugar aprovechan los minutos que se pueden quedar para encomendarse a las imágenes religiosas colgadas en las paredes, descansar e informarse sobre sus derechos humanos.

Ahí pueden comer y cambiarse de ropa y zapatos, cuando es necesario les ofrecen techo por una noche. Alrededor de las vías se observan tenis abandonados que, según Martínez, los centroamericanos dejan como símbolo de que en ese sitio “se queda el pasado e inician un nuevo trayecto”.

En los troncos de los árboles que rodean la estancia, la comunidad migrante plasma sus sueños y agradecimientos, con la ayuda de objetos como una llave o un clavo. Escriben, además, su nombre, edad y país de origen, algunos regresan a dar continuidad a su historia; de otros no se vuelve a saber nunca.

La estancia ha recibido a poco más de 25 mil personas en lo que va del año. Martínez explica que cuando comenzó a brindar apoyo a los migrantes, en el año 2000, “ciento por ciento de los viajeros eran hombres, pero al paso de los años la situación ha cambiado, pues hoy hay mujeres embarazadas, niños, ancianos, incluso familias completas”, señala.

Luego de que la estancia se convirtiera en una asociación civil, en 2011, los fundadores y voluntarios comenzaron a recibir amenazas. “Hemos recibido desde llamadas de extorsión hasta amenazas, pero eso no ha detenido nuestra lucha”, puntualiza Mario González, presidente de la organización.

Los puntos más peligrosos para los voluntarios de la Estancia del Migrante se encuentran en las vías del tren, a lo largo del corredor Estado de México-Celaya; sin embargo, la violencia ha aumentado, especialmente en el tramo de Viborillas y Tequisquiapan, en Querétaro, desde hace aproximadamente un año.

González y Martínez señalan que guardias de seguridad privada comenzaron a vigilar La Bestia, primero en camionetas y posteriormente a bordo del tren. “Los elementos de seguridad del Cuerpo de Guardias de Seguridad Valle de Toluca (Cusaem) comenzaron a hostigar, a agredir con armas de fuego y a amenazar a las personas que nos apoyan en la estancia”, señalan.

El primer hecho de violencia ocurrió el 6 de septiembre de 2015, cuando un grupo de agentes del Cusaem encañonó con armas largas a los defensores y voluntarios en la estación de Viborillas, municipio de Colón. “Éramos ocho voluntarios los que viajábamos en la camioneta con logotipos de la estancia, cuando un grupo de aproximadamente diez hombres armados nos rodearon, nos encañonaron y nos prohibieron acercarnos al tren”, recuerda Martínez.

El segundo momento más importante, debido a su gravedad, ocurrió el pasado 27 de abril, cuando los activistas se preparaban para asistir a los migrantes y los integrantes de Servicios Especializados de Investigación y Custodia (Seicsa) dispararon contra ellos, sin importar la presencia de menores de edad. “Cuando se acercaba el tren vimos que venían guardias arriba de la máquina, todos apuntando con sus armas largas. Y  cuando La Bestia estaba frente a nosotros dispararon en varias ocasiones”, afirma.

Como forma de protección, la Estancia del Migrante González y Martínez se incorporó al mecanismo de protección para personas defensoras de derechos humanos y periodistas en septiembre de 2015; no obstante, el hostigamiento ha persistido, además de que no se han cumplido las medidas de protección dictaminadas por la Junta de Gobierno de dicha institución.

Los defensores de migrantes han presentado dos denuncias ante la agencia del Ministerio Público de Tequisquiapan, perteneciente a la Procuraduría General de Justicia de Querétaro, por hechos posiblemente constitutivos de delito y amenazas contra quien resulte responsable.

Empresas de seguridad

Milenio contactó al comandante Joel Ávila, elemento de Cusaem, quien señaló que la empresa no estaba enterada de las agresiones contra los activistas, porque “en ningún momento se levantó una queja directa”, y que hacía meses que ya no trabajaban para Ferromex; sin embargo, se comprometió a pasar el reporte a sus superiores; posteriormente, el Cusaem no quiso dar más información al respecto.

A principios de 2016 se integró a Ferromex Servicios Especializados de Investigación y Custodia, empresa que, según los defensores de los migrantes, continuó con el hostigamiento e intimidación en su contra.

El representante legal de Seicsa, Miguel Ángel Zambrano, señaló a Milenio que la empresa fue contratada para custodiar los bienes que se transportan en el tren, como granos, autopartes y menajes de casa, ya que constantemente los vagones son saqueados por organizaciones criminales a lo largo de su recorrido.

“El tramo de Viborillas es muy peligroso para Seicsa y para cualquier persona, porque ahí se da mucho el robo de vagones completos. No solo nosotros estamos presentes ahí, está Cusaem, la Policía Federal, la estatal y los agentes municipales”, señala Zambrano.

Asegura que la compañía de seguridad es de primer nivel y muy estricta para contratar personal, por lo que ningún elemento está autorizado para desenfundar su arma y/o amedrentar a alguna persona.

“Por instrucciones del presidente de Seicsa estamos investigando el caso con los defensores de los migrantes que se encuentran en Querétaro, y en caso de que los elementos hayan desobedecido o amedrentado a los voluntarios, revisaremos bajo qué circunstancias sucedió y dependiendo de ello se sancionará o se despedirá a los responsables”, finalizó.

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