18 de Septiembre de 2018

México

Guerra contra el 'narco' deja 100 mil ejecuciones

La familia de Agustín fue asesinada por un grupo de extorsionadores; la víctima tenía una panadería.

El 58.4 por ciento de los más de 100 mil homicidios se concentran en solo seis estados. (NSS Oaxaca)
El 58.4 por ciento de los más de 100 mil homicidios se concentran en solo seis estados. (NSS Oaxaca)
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Agencia
Ciudad de México.- La lucha contra el crimen organizado tiene décadas, lo mismo que la guerra entre cárteles. Sin embargo, en el sexenio anterior este combate entró en una nueva fase, que inició en la residencia oficial de Los Pinos el 11 de diciembre de 2006.

Ese día, 11 jornadas después del cambio de gobierno (Vicente Fox dejaba el poder), el gabinete de seguridad, encabezado por el entonces secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, anunció la orden del nuevo presidente de la República, Felipe Calderón, de desplegar miles de tropas en Michoacán para erradicar la violencia que generaban los cárteles, e impedir el libre trasiego de drogas.

El entonces mandatario de la entidad, Lázaro Cárdenas Batel, había pedido auxilio: existían comunidades y municipios que eran gobernadas de facto por los criminales, particularmente en la Tierra Caliente michoacana.

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En ese entonces nadie imaginó que esta nueva fase de la guerra entre narcos y contra el crimen organizado se extendería a lo largo de más de 10 años y nadie calculó el saldo de víctimas que dejaría: 100 mil personas hasta ahora.

La primera muerte que Milenio registró ocurrió dos días después de dicho anuncio, en el poblado Dos Aguas, municipio de Coalcomán, Michoacán. Ese día un grupo de soldados del 62 Batallón de Infantería fue agredido por personas armadas que protegían un plantío de mariguana, que pertenecía al cártel de Los Caballeros Templarios. Uno de los pistoleros huyó, otro fue detenido, y uno más murió: José Alan Montoya Camacho. Él fue la primera víctima de esta guerra, de este recuento.

Para 2007 Milenio informó de 2 mil 773 casos. En ese entonces la cifra resultaba impactante para una sociedad que nunca antes había tenido un dato duro que documentara la violencia generada por el crimen organizado.

Las proyecciones de especialistas en seguridad vaticinaban un aumento de la violencia por la ruptura del cártel de Sinaloa y la propagación del cártel de Los Zetas. Mientras esas previsiones se hacían realidad, en enero de 2008 se reportó la ejecución número 3 mil: un representante musical en Zapopan, Jalisco.

Pasaron cuatro años y siete meses para llegar a otra cifra alarmante en el recuento de ejecuciones: en agosto de 2012 se registró el homicidio doloso número 50 mil. En este caso, como la gran mayoría de las muertes, no se supo la identidad de la víctima.

Ahora, tras 4 mil 285 días de peleas entre sicarios y de combates contra delincuentes, la cifra de ejecuciones alcanzó los seis dígitos: el pasado 6 de septiembre Milenio registró el asesinato número 100 mil. Ocurrió en Acapulco, Guerrero.

Este caso no es una cifra más: el ejecutado 100 mil tiene nombre y rostro. Milenio determinó quién fue el ejecutado 100 mil por la hora en que ocurrieron los asesinatos de ese día.

Desde enero de 2007 hasta el pasado lunes, han perdido la vida 100 mil 254 personas por los ajustes de cuentas en las calles, ataques en establecimientos, enfrentamientos entre grupos delictivos o contra fuerzas armadas, o ejecuciones por cobro de extorsiones, por mencionar los casos más comunes.

Cada uno de los casos, cuando no se ha tratado de enfrentamientos abiertos entre células delictivas o contra tropas, ha llevado el sello del narco, del crimen organizado: el tiro de gracia, huellas severas de tortura, narcomensajes, cadáveres decapitados, cuerpos calcinados o desmembrados.

La violencia que han generado los cárteles de la droga en el país se ha visto reflejada cada hora desde que se inició el conteo de este tipo de asesinatos: cada 60 minutos se ha presentado, en promedio, un homicidio; se trata de 23.3 casos al día.

Las víctimas de esta guerra han sido menores de edad (incluso recién nacidos), estudiantes, servidores públicos, alcaldes, militares, policías, sexoservidoras, travestis, personas de la tercera edad, migrantes, periodistas, sacerdotes; algunos tenían relación directa con el crimen organizado, otros fueron perseguidos; los menos, solo estaban en el lugar equivocado en el momento inadecuado. Son lo que se llama bajas colaterales en una guerra formal.

Estados más violentos

El 58.4 por ciento de los más de 100 mil homicidios se concentran en solo seis estados: Chihuahua, Guerrero, Sinaloa, Michoacán, Baja California y Estado de México.

El foco de violencia más grande durante la última década se registra en Chihuahua, ahí han sido asesinados 22 mil 96 personas, 22 de cada 100 víctimas en el país. La mayoría perdió la vida entre 2008 y 2014, cuando se ubicó como la entidad más violenta, al registrar 19 mil 49 asesinatos.

Guerrero es considerado desde 2015 el territorio más violento del país. En dos años y ocho meses se han cometido 4 mil 303 asesinatos ocasionados por disputas entre grupos delictivos o enfrentamientos con fuerzas armadas, que representan 37.1 por ciento de las 11 mil 581 víctimas mortales que ha dejado la guerra contra el narcotráfico en territorio guerrerense durante más de 10 años.

La historia del ejecutado 100 mil

Agustín Rosales, de 47 años, fue asesinado hace unos días. Le dieron un balazo en la cabeza. Un grupo de hombres armados lo siguió, le cerró el paso, lo bajó de su camioneta y le disparó. También ejecutó a su esposa, de la misma edad, y a la hija de ésta, de 22 años. A su bebé, de un año de edad, le perdonaron la vida. Fue un comando de extorsionadores, la víctima tenía una panadería.

“Esto ya nos rebasó, no nos dejan trabajar, no permiten que nadie salga adelante"

Esto ocurrió en Acapulco, Guerrero, pero pudo haber pasado en cualquier otro punto del país. México lleva más de 10 años de guerra entre narcos y de combate contra el crimen organizado y decenas de miles de muertos han manchado las calles de sangre. Y de todos esos ejecutados, apenas unos cuantos tuvieron un rostro, un nombre, una historia que conociéramos. Como el 100 mil.

“Esto ya nos rebasó, no nos dejan trabajar, no permiten que nadie salga adelante, porque enseguida empiezan a poner a trabas, y cosas así como esta que pasó, más otras también”, complementa una hermana, que deja en enigma la frase.

No solo los hijos de Agustín se han quedado sin sustento, los empleados de la panadería que dependían totalmente del negocio, una decena, tampoco saben qué harán.

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