12 de Diciembre de 2017

México

Obispo de Autlán renuncia por pecados capitales

Gonzalo Galván Castillo dimitió 'por causas graves', de acuerdo con el Vaticano.

El obispo de Autlán, Gonzalo Galván Castillo, fue acusado de mala gestión y de encubrimiento a sacerdotes culpables de abusos sexuales contra menores. (Excelsior)
El obispo de Autlán, Gonzalo Galván Castillo, fue acusado de mala gestión y de encubrimiento a sacerdotes culpables de abusos sexuales contra menores. (Excelsior)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- El Papa Francisco aceptó este jueves la renuncia anticipada “por causas graves” del obispo de Autlán, Gonzalo Galván Castillo, dio a conocer ayer el Vaticano, según informó el sitio web de Excelsior.

El dirigente católico es señalado por presuntamente encubrir a un sacerdote pedófilo.

En un breve comunicado, la sala de prensa de la Santa Sede informó que Francisco aceptó la dimisión, según el artículo 401.2 del Código del Derecho Canónico, la ley fundamental de la Iglesia católica.

Ese apartado considera las renuncias anticipadas de los obispos por enfermedad y “otra causa grave” que disminuya la capacidad para desempeñar el cargo.

Nacido en León (Guanajuato) el 10 de enero de 1951, Galván Castillo era obispo de Autlán desde el 26 de octubre de 2004. En las últimas semanas aseguran que estaba afectado por un “problema de salud” de naturaleza muscular, aunque no se aclaró cuál.

Víctima de abuso acusó a Galván Castillo de falta de idoneidad para conducir la diócesis, ausencia y falta de personalidad en el caso

Durante su ministerio fue acusado de mala gestión y de supuestamente encubrir a sacerdotes culpables de abusos sexuales contra menores.

Desde 2009 fue reportado en medios de comunicación el caso de un joven de nombre Eric, quien habría denunciado al prelado los abusos sexuales que habría sufrido en 2002, cuando tenía 11 años, de parte de un sacerdote identificado como Horacio López.

Años más tarde, la propia víctima y su familia acusaron al obispo de negligencia, al advertir que el presbítero en cuestión no sólo no había sido alejado del ministerio sacerdotal, sino que se le había cambiado de parroquia y hasta de diócesis.

El caso nunca se aclaró, como tampoco las quejas que se elevaron contra Galván Castillo de una falta de idoneidad para conducir la diócesis, por ausencia y falta de personalidad.

El tema de los abusos sexuales a menores cometidos durante décadas por sacerdotes es el más delicado y complejo para la jerarquía de la Iglesia católica, acusada de haber encubierto durante largo tiempo a curas pedófilos, en particular transfiriéndolos y desoyendo y minimizando las quejas de las víctimas.

En febrero pasado, el Papa Francisco instó en una carta solemne a los obispos de todo el mundo ‒cerca de cinco mil‒ a no encubrir por ningún motivo casos de pederastia, un fenómeno que afecta en distintos grados a la Iglesia católica de todos los continentes.

El 10 de junio pasado, el Papa autorizó la creación de un tribunal para juzgar, por el delito de “abuso de poder”, a los obispos que han encubierto a curas pedófilos, y a partir de esa fecha se han multiplicado las renuncias de obispos.

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