24 de Septiembre de 2018

México

'Voy a rascar la tierra y va a nacer la vida'

Juana vivió en carne propia el desastre del sismo de 1985, y a partir de ello decidió dedicar su vida a servir en zonas de emergencias.

A Juana le hubiese gustado 'que nunca hubiera un terremoto'. (Archivo/SIPSE)
A Juana le hubiese gustado 'que nunca hubiera un terremoto'. (Archivo/SIPSE)
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Agencias
MÉXICO, D.F.-  Luego de ver desplomarse el edificio Nuevo León de Tlaltelolco la mañana de aquel fatídico 19 de septiembre, Juana Huitrón e Islas enfrentó el impacto de la muerte y decidió iniciarse en las tareas de rescate en zonas de desastre.

Para Juana, la satisfacción de prestar este servicio en zonas devastadas es motivo para continuar esta labor.

A sus 69 años de edad, prestó ya servicios en al menos tres continentes, donde en ocasiones "en todo el día no comemos, pero ha habido gente que pica un pescuecito de pollo y lo hace en caldito, y nos lo comemos con una felicidad bien rica".

Al tener conocimiento de afectaciones por inundaciones o sismos en alguna ciudad del mundo, "vamos, porque piensas en la vida, en el afán de atender una vida, de atender a los damnificados".

Sin embargo, para la presidenta del Grupo de Rescate Internacional 19 de Septiembre Topos, A.C, el inicio no fue fácil "porque el machismo es terrible, porque muchas veces los compañeros no pueden comprender por qué una mujer anda en estos menesteres".

Luego de recibir la medalla que lleva su nombre y que entregará anualmente la delegación Cuauhtémoc, reconoció que le "costó mucho trabajo, pero siempre supe darles una sonrisa y siempre supe decirles: no saben lo que es una mujer".

Una mujer que a los 41 años vivió la caída del edificio Nuevo León, en la Unidad Habitacional Nonoalco Tlateloco, reconoce que los gritos y el impacto de la muerte de muchos de sus vecinos la llevaron a iniciarse en las tareas de rescate.

Esa fue motivación: "es lo que te hace, con las manos, con los dientes, voy a rascar la tierra y va a nacer la vida".

Especializada en localización de víctimas, inculcó en sus cuatro hijos el valor y el servicio, "siempre les he dicho que hay que saber servir, no se sirvan dé, a lo mejor nadie te lo agradece y se olvidan de ti, pero sabes que eso es lo de menos, es la satisfacción que a ti te queda".

Pero al día de hoy, orgullosa de su grupo, de sus tres nietos y un bisnieto, no niega su alegría por el reconocimiento que recibió en la delegación, pero "me hubiese gustado que no hubiese habido nunca un terremoto".

"Daría todo, no me importaría jamás un reconocimiento, porque lo más importante es el sufrimiento. Ese es el que a mi me apena mucho".

(Con información de Notimex)

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