17 de Agosto de 2018

Yucatán

La leyenda de un toro cuyo nombre tiene 'derechos reservados'

A don Pedro Pérez no le cayó en gracia que relacionaran su toro 'El Sinaloense' con la leyenda del capataz que el diablo convirtió en burel.

El famoso toro de los torneos de lazo “El Sinaloense”, sacrificado en agosto de 2008 en Homún. (Jorge Moreno/SIPSE)
El famoso toro de los torneos de lazo “El Sinaloense”, sacrificado en agosto de 2008 en Homún. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- En enero de este año presenté en esta sección una leyenda que investigué en el 2007, que hasta ese entonces era prácticamente desconocida.

Me refiero a la leyenda de “El Sinaloense, el capataz del diablo”, la cual se publicó como Nació como misterio y murió como leyenda.

Lo que generó interés y expectación es que hablaba sobre un capataz que fue convertido en toro y el demonio le llamó “Sinaloense”, mismo nombre del famoso burel de los torneos de lazo que mató a decenas de caballos entre el 2006 y el 2008.

Cuando presenté mi investigación en las conferencias de la gira paranormal y diversos medios de comunicación, siempre aclaré que era una casualidad que en 1963 (cuando surge la leyenda) el capataz convertido en toro le apodaran “Sinaloense” y 40 años después surgiera un burel con ese mismo nombre.

Pero resulta que el ex propietario del toro, don Pedro Pérez (del rancho Kulinché de Cacalchén) o no leyó bien o le platicaron mal el caso, ya que empezó a decir que la leyenda era mentira y que su toro era una “perita en dulce” y que no tenía nada qué ver con el demonio (algo que jamás mencionamos, pues el capataz en los años sesentas fue quien acabó convertido en toro).

También dijo este año en un programa de televisión local que un servidor era un mentiroso y que la leyenda era inventada, cuando esta data de 1963 (incluso, en 1981 una gaceta de Tizimín publicó parte de la leyenda y de ahí partí para buscar más datos).

Por si fuera poco, me mandó a decir con su hija en una conferencia en Cacalchén hace unos años, que no podía mencionar la palabra “Sinaloense” porque tenía “derechos reservados”. Increíble.

Lógicamente, hicimos caso omiso a sus comentarios y continuamos presentando la leyenda en las conferencias ¿la recuerda? Presento un breve resumen no sin antes comentarles que por desgracia en mi trabajo a veces es común encontrarme con personas necias o desinformadas.

Esta es la historia

En el año de 1963 llegó a Yucatán un joven que estuvo trabajando por varios años en un rancho, provenía de un estado del norte del país y siempre renegaba de su suerte, pues decía que el nació para ser jefe y no peón, sin embargo era flojo y desobligado, por lo que sus patrones nunca lo ascendieron.

Por tal motivo, decidió hacer un pacto con el demonio. Tras invocarlo varias veces, el maligno le dijo que le daría todo el dinero que quisiera, pero antes tendría que hacerle un “favor”. El peón, cegado por la ambición, antes de pensarlo bien, dijo que sí. Pero con lo que no contaba era que se trataba de una trampa, ya que lo que tendría que hacer era convertirse en toro y vivir así por 42 años y después le daría la riqueza prometida.

Ya no había vuelta atrás, resignado y con miedo tuvo que aceptar; el demonio le preguntó cuál sería su nombre de “batalla”, ya que además como toro tendría que matar a otros toros y a otros hombres, como no se le ocurría su mote, el maligno le preguntó de donde provenía, a lo que el peón dijo: “Soy de Sinaloa”.

A partir de ese momento, transformado en toro, fue bautizado como “El Sinaloense”, y desapareció para siempre de la hacienda, sus compañeros de trabajo nunca más lo volvieron a ver, pero sí vieron con frecuencia a un enorme y sanguinario toro en el monte, quien parecía observarlos y dicen que hasta parecía que unas lágrimas le salían de los ojos… jamás imaginaron siquiera que se trataba del peón.

Pasaron las décadas, y a partir del año 2000 los torneos de lazo se popularizaron, saltó a la fama en el 2006 un toro de la ganadería San Pedro Kulinché (Cacalchén) conocido como “El Sinaloense”, el cual fue el más famoso de todos en los ruedos yucatecos por la forma tan sanguinaria como perseguía y destripaba caballos, pero en agosto de 2008 murió ahorcado durante la fiesta de Homún, debido a la venganza de unos jinetes ardidos por todas las muertes que había ocasionado.

Debido a que el nombre del protagonista de la leyenda y el del toro de San Pedro Kulinché son los mismos, no faltó quien lo relacionara y especulara afirmando que aquel peón aún estaba convertido en toro y se trataba del mismo que falleció en el 2008. Sin embargo, don Pedro Pérez, propietario de la ganadería dijo no estar enterado de la leyenda y que fueron otros motivos por los cuales le puso ese mote al toro fallecido, aunque después vino todo lo que le expliqué al principio.

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