18 de Noviembre de 2018

Opinión

Naufragios, casi imposibles

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Desde que el hombre comenzó a desafiar al mar y descubrió el arte de la navegación, su preocupación principal ha sido la seguridad para llegar al destino. Con esta premisa fueron evolucionando las embarcaciones que, de virtuales cáscaras de nuez impulsadas por remos y navegantes guiados por los astros, actualmente surcan los mares modernos navíos con sofisticados sistemas de gobierno y de comunicación que hacen casi --y subrayo el casi-- imposible que naufraguen.

El principal enemigo de los marinos sigue siendo la naturaleza: las tormentas o huracanes en los océanos cobran otra dimensión. Pero a veces, el desconocimiento de las cartas de navegación y la falta de pericia de los capitanes provoca el hundimiento de sus buques, o el encallamiento (si esto último sucede, no es considerado naufragio sino hasta que el navío es desguazado y se declara pérdida total).

Entre los naufragios famosos del siglo pasado podemos mencionar el de tres trasatlánticos: El Titanic se hundió la noche del l4 al 15 de abril de 1912, tras chocar con un iceberg, el saldo fue de 1,517 muertos; el Príncipe de Asturias naufragó tras colisionar con un arrecife en la costa brasileña, el 5 de marzo de 1916, se salvaron 143 de 588 personas que iban a bordo; el Andrea Doria se fue a pique frente a costas de Terranova después de chocar con otro transatlántico de bandera sueca, el MS Stockholm, la noche del 25 de julio de 1956; fallecieron 51 personas.

De la Armada de México, estos son algunos naufragios que dieron de qué hablar: El remolcador Río Blanco se hundió el 23 de enero de 1955, en travesía de Coatzacoalcos a Veracruz, solo hubo un sobreviviente del que se cuestionó que hubiera estado a bordo; el remolcador R-4 naufragó el 25 de febrero de 1974 en la misma área que el Río Blanco, 35 marinos murieron, uno de los sobrevivientes era hijo del comandante del Río Blanco; el buque patrulla Lago de Cuitzeo se fue a pique en Punta Xcalak, Quintana Roo, el 1 de septiembre de 2003, llevaba 27 marinos a bordo, 15 fueron rescatados y solo se recuperaron tres cadáveres. En todas estas tragedias el mal tiempo jugó un papel determinante.

Paradójicamente, las vidas que ha cobrado el mar en los naufragios impulsaron las medidas de seguridad en los buques, pues ahora cuentan con suficientes y modernos equipos de salvamento, por lo que podemos decir que hoy "casi" es imposible que ocurra un naufragio.

Anexo "1"

Las historias del R-4

Acerca del naufragio del Remolcador R-4, tenemos en proceso un reportaje de esta tragedia que impactó a la familia de la Armada de México, con datos que nos aportaron varios compañeros en situación de retiro e incluso familiares de algunos fallecidos.

Recuerdo que yo pertenecía al Guardacostas "Ignacio L. Vallarta" e íbamos navegando de Acapulco a Manzanillo cuando, durante la "guardia del perro", entre lágrimas nos dio la trágica noticia el contramaestre de cargo. En ese momento pensamos en que, como dicen los viejos marinos, sabemos cuándo zarpamos, pero no cuándo llegaremos a puerto seguro.

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