14 de Noviembre de 2018

Yucatán

Abuso a menores proviene más de familiares que de desconocidos

Mérida impulsa el proyecto preventivo De boca en boca mi cuerpo nadie lo toca.

El estudio fue realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán UADY. (SIPSE)
El estudio fue realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán UADY. (SIPSE)
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Patricia Itzá/ Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- Familiares o personas cercanas son las que principalmente ejercen abuso sexual a menores de la entidad y que además no ejercen maltrato físico para realizar el acto, indicó un estudio hecho por la Uady a mil 300 niños de Yaxcabá, otras zonas vulnerables, así como mercados y colonias del sur.

La Coordinadora de la Unidad Universitaria de Clínica e Investigación Victimológica de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán UADY, Reyna Peña Castillo, indicó que los niños más pequeños son los más propensos a no saber “discriminar” entre conductas que tienen el fin de un abuso y las que no, debido a la confianza que puede generar con el abusador.

De los menores con los que se trabajó para  el estudio, entre 10 y 15% saben detectar un abuso sexual pero les es difícil expresarlo o contarlo, esto se debe principalmente a la forma de la educación familiar, en nuestra cultura “existen niños que son complacientes o no desarrollaron el apego seguro con los papás”.

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“Este proyecto trata de que a los menores aprendan estrategias claras para evitar los abusos sexuales; les enseña cuales son las partes del cuerpo que son públicas pero privadas, que a pesar de que se puedan observar no se pueden transgredir, poniendo como ejemplo el ombligo, que se puede enseñar pero uno decide si se toca o no”, dijo.

El trabajo se realizó en conjunto con la fundación Kellogg durante cuatro años, planteado como un programa de prevención basado en estrategias psicoeducativas y lúdicas, bajo el nombre “De boca en boca mi cuerpo nadie lo toca”.

“Esas acciones violentan su cuerpo, sus derechos, integridad pero principalmente su desarrollo sexual, por lo que el abuso o el tocamiento del agresor no utiliza la violencia de manera explícita; esas personas envuelven, buscan, asechan, convencen y entrampan, situación que se vuelve peligrosa debido a la dificultad que tiene los menores para identificar el abuso y seguido de los padres en detectarlo”.

Los menores analizados cursaban entre preescolar y los primeros grados del nivel básico, es decir entre 5 y 9 años. Se descubrió que “a través de la seducción, del engaño o el juego mal intencionado los abusadores buscan una interacción sexual con el niño”.

Existen diversos estudios de este tipo, la diferencia es que a través de él, se formularon estrategias lúdicas que permiten la detección del abuso, en donde a pesar de haber concluido, se implementan en ludotecas del Sistema Desarrollo Integral de la Familia DIF en Mérida. 

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