19 de Septiembre de 2018

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Las 'palabras mágicas' del Papa para una buena educación

"Son palabras simples, ¡pero no es tan simple ponerlas en práctica! Encierran una gran fuerza: la fuerza de defender la casa", dijo Francisco.

El papa Francisco saluda a los fieles antes de llegar a su audiencia pública semanal. (EFE/Archivo)
El papa Francisco saluda a los fieles antes de llegar a su audiencia pública semanal. (EFE/Archivo)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco advirtió hoy que en las familias la buena educación “no es una broma” e insistió en aconsejar tres “palabras mágicas” para la sana convivencia: permiso, perdón y gracias, según informó Notimex.

Durante su audiencia pública semanal, que presidió ante más de 25 mil personas congregadas en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Pontífice centró su reflexión en la “vida real” de las familias, con sus tiempos y sus éxitos.

“Permiso, gracias y perdón, estas palabras abren la vía para vivir bien en familia, para vivir en paz. Son palabras simples, ¡pero no es tan simple ponerlas en práctica! Encierran una gran fuerza: la fuerza de defender la casa, incluso entre miles de dificultades y pruebas; por el contrario, si faltan, poco a poco se abren grietas que pueden incluso derribarla”, dijo.

Precisó que la gente suele considerar esos términos como parte de la “buena educación”, pero puso en guardia ante los buenos modales que escondan –como detrás de una máscara- un formalismo, “la aridez del ánimo y el desinterés por el otro”.

Entonces evocó el refrán: “Detrás de muchos buenos modales se esconden malas costumbres” y constató que ni siquiera la religión está a salvo de ese peligro, que puede deslizarse de la observancia formal hacia la mundanidad espiritual.

“Entendamos la buena educación en sus términos auténticos, en donde el estilo de las buenas relaciones está firmemente arraigado en el amor del bien y en el respeto del otro”, abundó.

Invitó a pedir permiso incluso cuando uno podría pretender algo, porque - explicó- entrar en la vida del otro, incluso cuando es parte de la propia familia, requiere la delicadeza de una actitud no invasiva, que renueva la confianza y el respeto.

“A veces podemos pensar que nos estamos convirtiendo en una civilización de los malos modales y de las groserías, como si fueran un signo de emancipación. Las escuchamos decir muchas veces incluso en público”, estableció Francisco.

Lamentó que la gentileza y la capacidad de agradecer sean vistas como un signo de debilidad y en ocasiones suscitan desconfianza. Invitó a contrarrestar esta tendencia desde las mismas familias y a ser “intransigentes” en cuanto a la educación a la gratitud.

Prosiguió con el perdón: “Cuando falta, pequeñas grietas crecen (incluso sin quererlo), hasta convertirse en fosos profundos y en la casa en la que no se pide perdón comienza a faltar el aire, las aguas se estancan”.

“Muchas heridas de los afectos, muchas laceraciones en las familias comienzan con la pérdida de esta preciosa palabra: ‘Perdóname’. En la vida matrimonial se pelea muchas veces... ¡hasta vuelan platos, ¿eh?!, pero les doy un consejo: nunca acabar la jornada sin hacer la paz”, apuntó.

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