22 de Septiembre de 2018

'Brasil cedió a las exigencias de la FIFA'

Miles de brasileños se dirigen al estadio Maracaná, donde se disputará la final de la Copa Confederaciones.

Demandan que 'En Río de Janeiro la pobreza es racial'. (EFE)
Demandan que 'En Río de Janeiro la pobreza es racial'. (EFE)
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EFE
RIO DE JANEIRO, Brasil.- Miles de personas que protestan contra la Copa Confederaciones de fútbol iniciaron una marcha hacia el estadio Maracaná en Río de Janeiro, donde las selecciones de Brasil y España jugarán la final del torneo.

Los manifestantes se concentraron en la Plaza Saens Peña, en el barrio de Tijuca, a unos dos kilómetros del estadio, e iniciaron su marcha en medio de los aplausos de miles de personas que se asomaban a los balcones de los edificios.

La protesta, hasta ahora sin incidentes, fue contenida por un gran cordón policial desplegado un kilómetro antes de Maracaná, donde se espera que acudan unas 70,000 personas al partido, y después se desvió a otra plaza un poco más alejada del estadio.

Según cálculos de la policía, en la manifestación participan unas 4,000 personas, aunque se pronosticaba unas 20,000.

Uno de los organizadores de la protesta, el estudiante Marcus Lanes, acusó al Gobierno brasileño de haber claudicado ante las exigencias de la FIFA.

"El Gobierno aceptó someterse a las reglas de la FIFA, se sometió a invertir millones en estadios, cuando debería invertir millones en educación, millones en salud", dijo Lanes.

El activista señaló que para organizar el Mundial, el Gobierno "está quitando" recursos del pueblo, para dárselos "a una elite que va a ver el Mundial" y "a una empresa", la FIFA, "que ya tiene millones y no invierte en el país ni en la población".

En total, las obras necesarias para el Mundial de 2014 tendrán una factura de 28,000 millones de reales (unos 13,000 millones de dólares).

El Gobierno ha insistido en que el dinero público dedicado a los estadios son préstamos que deberán devolver las empresas que los operen.

Denuncian desalojos

Otro manifestante, el estudiante Walter Alves, denunció los "centenares" de desalojos que se han producido en favelas de Río con motivo del Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016.

"Le están quitando de sus casas a la gente. En la favela de Providencia han demolido cien casas. Llega uno con el peto de la alcaldía, pone una pegatina, igual que en la época de la colonia, y un día después esa casa está demolida", relató.

Los desalojos y los altos precios de las entradas del Mundial, según Alves, responden a un intento de "silenciar a los pobres y al pueblo negro".

"En Río de Janeiro la pobreza es racial. Los pobres estaban antes representados en el Maracaná, ahora el Maracaná es un mar verde-amarillo y blanco", dijo el estudiante de Historia.

Este protesta una de las dos manifestaciones anunciadas para hoy por los movimientos sociales que desde hace tres semanas ocupan las calles de Brasil para exigir mejores servicios públicos y expresar su rechazo al elevado gasto público en el torneo organizado por la FIFA, entre muchas otras reivindicaciones.

Fuerte operativo

A fin de garantizar la seguridad en la zona del estadio, las autoridades han movilizado un contingente de 10,600 policías y 7,400 militares, que duplica el número de agentes que habitualmente patrulla la ciudad de Río de Janeiro y la vecina Niterói, y dentro del Maracaná hay otros 1,300 guardias privados.

La mayor parte de esa fuerza de seguridad ha sido desplegada en los alrededores del estadio, en el que la final de la Copa Confederaciones comenzará a las 19:00 hora local (22:00 GMT).

Antes de que comenzara esa manifestación, un pequeño grupo de personas ocupó durante poco más de una hora un terreno donde se ultima la construcción de la futura sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) en Río de Janeiro.

Varios portales atribuyeron la acción al llamado Frente Nacional de Hinchas, que entró en los patios externos de un edificio en reforma que será la próxima sede nacional de la CBF y que actualmente está vacío.

Algunos de los manifestantes, que no pasaban de 40 personas, usaban máscaras y pañuelos para ocultar sus rostros y portaban carteles en los que se leía "Fuera FIFA" y "Fuera Marín", por el actual presidente de la CBF, José María Marín.

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