16 de Diciembre de 2017

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Brasil, en proceso de estancamiento económico

Luego de 4 años de que Dilma Rousseff sucedió a Lula da Silva, el país ha entrado en una conflictividad política.

Dilma Rousseff se reeligió como presidenta de Brasil en octubre pasado. (Archivo/EFE)
Dilma Rousseff se reeligió como presidenta de Brasil en octubre pasado. (Archivo/EFE)
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Agencias
BRASILIA, Brasil.- “Brasil es diferente del resto del mundo por muchos motivos, entre otros por su dimensión territorial, el celo que ha tenido en conservar su identidad nacional, sus recursos naturales infinitos, su idioma, sus costumbres y su política exterior independiente y de principios inalterables”.

Así se expresaba a fines de 2010 el profesor Roberto Mangabeira Unger, ministro de Asuntos Estratégicos de los dos gobiernos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, para quien, entre 2003 y ese año en que concluyó la administración del candidato propuesto por el Partido de los Trabajadores (PT), también hubo dos ingredientes igualmente importantes:

“Uno fue el proyecto nacional diseñado por la sociedad brasileña y los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso en la última década del siglo XX, y los que, encabezados por Lula da Silva, tuvieron el poder en la primera del siglo XXI”, añadía el experto.

Fue con el impulso de ambos mandatarios como Brasil y los brasileños recobraron su autoestima, luego de atravesar largos periodos de crisis que parecían inacabables, opinan a su vez internacionalistas de la Fundación Getúlio Vargas, institución educativa reconocida por la seriedad de sus estudios.

¿Cuáles fueron los secretos de tales éxitos? Éstos se resumen en tres, consistentes en el equilibrio político, la cautela en materia económica y la osadía en el plano social para reducir las desigualdades mediante el impulso de programas educativos con la participación de diferentes sectores.

De ese modo, dice el profesor Luiz Nogueira de Barros, autor de “La soledad de los espacios políticos”, Brasil entró –sin eludir otros conflictos y lastres seculares- en una fase de estabilidad, convirtiéndose en consecuencia en un país fiable e influyente.

Brasil puede convertirse en potencia energética en pocos años, luego del descubrimiento de nuevos yacimientos en la costa atlántica

Sin embargo, luego de cuatro años de que Dilma Rousseff sucedió a Lula da Silva, el país ha entrado, si no en declive, sí en procesos de estancamiento económico y conflictividad política que se reflejaron en los resultados de las elecciones presidenciales del pasado 26 de octubre.

La realidad de Brasil al iniciarse el siglo XXI, es que la nación sudamericana –con más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados de superficie, ocho mil quinientos kilómetros de costas y 16 mil kilómetros de fronteras que limitan con nueve de los once países sudamericanos- dejó de ser un gigante dormido cuyos vastos recursos naturales y su pueblo cuentan como sus más preciados valores, según publica Notimex.

Con recursos naturales infinitamente superiores a los que poseen sus vecinos, Brasil produce oro, azúcar, diamantes, caucho, café, hierro, uranio, esmeraldas, carne, soya, cacao, madera, frutas y petróleo, luego de ser importador de un 90 por ciento de los combustibles que consumía todavía en la década de 1960.

Según los mejores pronósticos, inserto en el grupo de las naciones emergentes con mayores posibilidades económicas a futuro, Brasil puede convertirse en potencia energética en pocos años, luego del descubrimiento de nuevos yacimientos en la costa atlántica a partir de 2007.

Todo ello –opina Marcelo Santos Brack, ingeniero con dos décadas de experiencia en la paraestatal Petróleo do Brasil (Petrobras)- bajo un sol generoso que baña las playas y el interior selvático por el río Amazonas y sus mil afluentes que contienen la primera reserva de agua dulce del mundo, que produce el 80 por ciento de la energía de origen hidroeléctrico.

“Gigante por la propia naturaleza / eres bello, eres fuerte, impávido coloso”, dice la letra del himno nacional, lo más cercano al Paraíso, como lo pensó Américo Vespucio, el asombrado navegante italiano que conoció esas tierras en 1502, dos años después que el almirante Pedro Álvares Cabral las descubriera el 22 de abril de 1500.

Aunque nada es fortuito en la vida, por casualidad, la flota de navegante portugués, llevada por los vientos del Océano Atlántico según la versión del escritor suicida Stefan Zweig, sus carabelas tocaron tierra en una ensenada que, desde entonces, se llama Puerto Seguro.

“Por eso y más –señala Ana Duarte, directora del Centro Cultural Brasil México- hay que conocer la historia reciente y el resurgimiento de Brasil, la nación continente con destino y una biografía que requerirían de varias vidas para conocerla, en un recorrido que explique y lleve a quienes se interesen en ella a entender su cultura, sociedad, economía, pluralidad y diversidad raciales insertas en un mosaico racial incomparable”.

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