23 de Febrero de 2018

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Cuba vive una arraigada cultura estadounidense (fotos)

El legado del vecino país no solo no se interrumpió sino que se espera que con el deshielo entre ambas naciones esa aumente.

La influencia estadounidense siempre ha persistido en Cuba. Imagen de niños jugando al béisbol en las calles de la Vieja Habana. (Agencias)
La influencia estadounidense siempre ha persistido en Cuba. Imagen de niños jugando al béisbol en las calles de la Vieja Habana. (Agencias)
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Agencias
LA HABANA, Cuba.- Hablen o no inglés, los cubanos comen cake en su cumpleaños. Llevan tenis y blúmers, en referencia la desusada ropa interior femenina, o bloomers, y los jóvenes se vuelven locos por Taylor Swift o están al tanto de la octava temporada de The Big Bang Theory.

El escritor de ciencia ficción Ray Bradbury acapara varios minutos en el espacio cultural del noticiero estelar de la televisión y sus libros comparten las estanterías junto al poeta revolucionario del siglo XIX, José Martí.

Más allá de los viejos Chevrolet y Cadillac que pasean sus pesados cuerpos de hierro por la calles de la isla y las tradiciones que Ernest Hemingway impuso, como los mojitos en la Bodeguita del Medio y el daiquirí en el Floridita, la influencia y el legado del vecino país no solo no se interrumpió sino que se espera que con el deshielo entre Cuba y los Estados Unidos esa aumente.

La bandera estadounidense, que se levantará por primera vez este viernes en la Embajada en Cuba tras medio siglo de comunismo y Guerra Fría, no será el único símbolo de esa tensa vecindad.

"La influencia estadounidense siempre ha persistido. Fue muy fuerte y abarcó todos los ámbitos de la vida, desde la comida a las películas", dijo a The Associated Press el ensayista e investigador Ciro Bianchi, quien con 67 años recuerda los tiempos anteriores a la ruptura de relaciones y cuando en la tienda se podía pagar con pesos o dólares, igual que sucedió en las décadas de los noventa y 2000.

Colonizada por España, Cuba tuvo la ayuda de Estados Unidos para liberarse del yugo ibérico a finales del siglo XIX. La independencia llegó de la enmienda llamada Platt --un apéndice a la Ley de los Presupuestos del Ejército del Congreso de Estados Unidos, e impuesto como parte del texto de la primera Constitución de la isla--, por la cual se permitía a los estadounidenses intervenir el país y dirigir el desarrollo de la isla, que comenzó a recibir toda suerte de inversiones y empresas norteamericanas y a la postre creó una fuerte dependencia.

Miles de turistas viajaban a Cuba cada mes como si se tratara de una especie de parque de diversiones trasero y la mafia asentó aquí una de sus plazas fuertes con casinos, cabarets y hoteles.

Al triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro contra el dictador Fulgencio Batista, firmas estadounidenses y capitales de ese país controlaban los sectores más importantes del país: la energía, las comunicaciones, el transporte, la industria azucarera y las finanzas.

En 1960, al calor de las reformas de corte socialista, las compañías extranjeras y en particular las estadounidenses fueron nacionalizadas como parte de un plan de desarrollo nacional, pero el entramado de influencias en la sociedad y la cultura persistieron.

Todavía se lee "Woolworth" en letras de granito pulido en una acera habanera que albergó a la famosa tienda estadounidense de los cincuenta. Esa misma compañía creó los "Tencet", una denominación que todavía usan los cubanos y una "R" y una "K" asoman por detrás del cartel del "Banco Metropolitano" en lo que solía ser el National City Bank de Nueva York.

En la esquina de San Rafael e Industria de esta capital, los carteles gigantes de la casa Phillips sigue ahí tras 50 años, aunque ahora sea una mueblería y además tenga por nombre "América Libre".

Muchas personas pasan cada día en La Habana Vieja por encima de las tapaderas fundidas de hierro de la Compañía de Electricidad de Cuba, en realidad una subsidiaria de Foreign Power Company y de las primeras en ser nacionalizadas en los años sesenta.

"Por encima del diferendo histórico entre Estados Unidos y Cuba, la relación y la interinfluencia cultural ha sido fuerte de ambas partes", dijo a la AP, el crítico de arte, Joaquín Borges Triana para quien la música y la literatura tienen marcas más o menos explícitas. "No es solo por obra de la globalización sino que tiene que ver con una relación más profunda".

Más allá de la revolución, la cercanía geográfica, 150 kilómetros separan a un país del otro, la permanente visita de miembros de las familias que viven en Miami y tienen hermanos, primos y padres aquí, y la existencia de un sustrato previo que los vinculó contribuyeron a darle continuidad a la relación pueblo a pueblo.

El propio ex presidente Castro y su hermano Raúl Castro, el actual mandatario, reiteraron que se oponen contundentemente al gobierno de Washington y a su política de imponer sus intereses en el mundo, pero no al pueblo estadounidense con cuyos grupos de la sociedad civil, religiosos, de mujeres o de afrodescendientes, siguieron teniendo un fluido contacto.

Cuando a comienzos de los noventa se reorganizó la venta de gasolina a conductores particulares y se creó la estatal Cuba-Petróleo para reemplazar las varias entidades que antes controlaban al sector, el lema de decenas de gasolineras en todo el país fue: "friendly service 24 hours" y a nadie le pareció extraño.

Expresiones de uso popular como "metió un jonrón" para indicar un logro, llegaron de la mano de otra de las más importantes herencias del país norteamericano en Cuba, el béisbol.

Aquí se usa la libra para medir en vez de los españolizados kilos.

"He viajado mucho por América Latina y me sentí más en casa culturalmente en Cuba que en otros lugares", explicó a la AP, Ted Henken, un experto en temas de la isla del Baruch College en Nueva York. "La cultura cubana comparada con otras latinoamericanas y caribeñas esta entre las más americanizadas".

Para Henken los nuevos tiempos de acercamiento diplomático traerán indudablemente una influencia mayor del poderoso vecino en la isla.

Sin ir más lejos, en los años setenta, tiempos donde la todo lo procedente de Estados Unidos era considerado ideológicamente incorrecto en Cuba de la mano de una alianza política con la antigua Unión Soviética, jamás se prohibió el cine norteamericano por lo que muchos recuerdan haberse deleitado con la saga completa de "El Padrino", o de niños con las aventuras del ratón Mickey y la caricatura Betty Boop, que los cubanos llaman Betibú, en la televisión.

El cantante Benny Moré, que todavía tiene centenares de fanáticos y es considerado una estrella de culto, copió la estructura del jazz-band norteamericano cuando creó su agrupación en los cincuenta. Después del triunfo de la revolución en 1959, que distanció a ambos países, el pop y el rock no solo llegaron a los oídos de los isleños, sino que sus músicos se apropiaron de cierta sonoridad.

En la literatura los llamados "novísimos", una corriente que abarcó a escritores de la década de los noventa, como Amir Valle o Pedro Juan Gutiérrez o el laureado Leonardo Padura bebieron en plena crisis económica de la obra de Tom Wolfe o Charles Bukowski y desarrollaron temas hasta entonces insospechados entre los creadores de la isla: la sexualidad heterodoxa, la marginalidad, el travestismo.

Incluso ahora, con las dificultades de conectividad de internet en Cuba, pasándoselos de memoria en memoria, los cubanos no se pierden series clásicas como Friends o Dr. House hasta la 8va temporada de The Big Bang Theory.

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