17 de Agosto de 2018

Mundo

Con flechas y celulares protegen el Amazonas

Los indios Guajajaras cuidan el área para que no sean arrasadas por el fuego de cazadores furtivos y que no sean deforestadas por invasores.

Los Guajajaras luchan con sus propios medios para preservar sus tierras de los invasores que entran a la reserva de forma ilegal para extraer recursos. (Notimex)
Los Guajajaras luchan con sus propios medios para preservar sus tierras de los invasores que entran a la reserva de forma ilegal para extraer recursos. (Notimex)
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Agencias
MARAÑAO, Brasil.- Los indios Guajajaras cargan sus canoas con flechas, machetes, escopetas y provisiones de carne de caipibara antes de salir con el reportero de Notimex a hacer la ronda de vigilancia en la Tierra Indígena Pindaré.

Esta es una reserva al norte de Brasil en la que viven y que los jóvenes defienden del “hombre blanco” con sus celulares y con militancia en las redes sociales.

Un grupo de 15 hombres acompañan a Notimex en una jornada de monitoreo de sus 15 mil hectáreas de tierra, donde se asientan 10 aldeas en las que viven cerca de dos mil personas, según los propios Guajajara.

A lo largo del camino, muestran –dentro de las tierras demarcadas y supuestamente protegidas por el gobierno brasileño- áreas arrasadas por el fuego de cazadores furtivos y extensiones deforestadas por invasores que se abastecen de madera.

Una situación que ha llevado a los Guajajaras, uno de los cientos pueblos nativos de Brasil, a luchar con sus propios medios para preservar sus tierras de los invasores que entran a la reserva de forma ilegal para extraer recursos.

“El gobierno no tiene dinero para proteger nuestra área. Ante ese panorama, ¿qué vamos a hacer? Actuar y reaccionar. Nuestra aldea es como nuestra casa. Si dejamos a los otros proteger nuestra casa quizá no tengan tiempo. Es momento de proteger nuestro territorio”, explica a Notimex Joao da Silva Guajajara, un excacique de 47 años que ahora coordina a los “guardianes del bosque” de la aldea Tabocaol.

Su modo de vida –basado en una agricultura de subsistencia, la pesca y la caza para consumo propio- está amenazado si se destruyen los bosques en los que apresan caipibaras y los ríos donde pescan.

Las armas, dicen, son para autodefensa, y cuando avistan a invasores el protocolo que siguen es avisar a las autoridades, pues el uso de armas de fuego y la violencia son denominadores comunes en las regiones amazónicas brasileñas sometidas a gran presión por sus recursos.

La deforestación y la actividad ganadera son la primera causa de emisiones de gases con efecto invernadero en Brasil

La lucha, sin embargo, tiene ahora una nueva vertiente: la de la información, divulgación y documentación para acudir a los tribunales.

“Hacemos vídeos y fotos para tener pruebas, para sumar a cuanta más gente posible en nuestras causas, para poder llevar a los criminales a la Justicia”, explica Denis Guajajara, un joven de 23 años, “armado” con un celular que graba videos de alta definición.

Las Tierras Indígenas –reservas atribuidas por el gobierno a comunidades originarias protegidas por la ley- son, junto a las reservas biológicas, las áreas amazónicas más amenazadas, ante el avance de los pastos para la ganadería y la acción de mafias madereras que extraen valiosas especies por las que se pagan miles de dólares por metro cúbico de madera.

Datos divulgados por las autoridades brasileñas muestran que la deforestación en reservas indígenas del Amazonas cuadruplicó hasta septiembre de 2016 la extensión de todo 2015, alcanzando 188 kilómetros cuadrados, es decir, el equivalente a 20 mil campos de futbol.

Ante la enorme presión de invasores –que actúan como grupos criminales movidos por el lucro-, decenas de grupos indígenas como los Guajajaras en el estado de Marañao, los Ka´apor en el de Pará o los Kayapós en el de Mato Grosso se han organizado para formar grupos de defensa propios.

Aunque el gobierno federal brasileño percibía inicialmente con recelo a estos grupos, por la falta de entrenamiento y de potestad jurídica para actuar como órganos del Estado, recientemente algunos entes como el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (IBAMA) ha explorado la posibilidad de cooperar con los indígenas en la lucha por preservar el Amazonas.

“No tenemos atención del gobierno. Dicen que van a ayudar, pero cuando les pedimos no nos dan esa atención. Creo que no es solo una cuestión de falta de recursos, sino falta de voluntad política”, critica por su parte Genílson Guajajara, joven activista de 24 años.

Algunas estimaciones conservadoras del gobierno brasileño indican que la extracción de madera ilegal genera anualmente cerca de tres mil millones de reales (unos mil millones de dólares) en Brasil.

Datos captados por los satélites brasileños que monitorean el Amazonas –un bioma único en el planeta por su extensión y riqueza biológica, además de su importancia en la lucha contra el cambio climático- indican que 762 mil kilómetros cuadrados de bosques originarios han sido talados o sustituidos por áreas de pasto para el ganado bovino.

La deforestación y la actividad ganadera son la primera causa de emisiones de gases con efecto invernadero en Brasil, al representar 69 del total de las emisiones.

El ritmo actual de deforestación amazónica –cinco mil kilómetros cuadrados anuales- pone en peligro los compromisos internacionales del gigante sudamericano de reducir a cero la deforestación ilegal a 2030.

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