23 de Febrero de 2018

Mundo

Atacan hospitales a propósito en Ucrania

No sólo las casas y los mercados: los hospitales también son objetivo de las armas, granadas, bombas y proyectiles.

Con muchísimas dificultades, los hospitales militares y civiles de la recién proclamada República Popular de Donetsk atienden a los nuevos pacientes que la guerra está generando, la foto es de contexto. (heraldo.es)
Con muchísimas dificultades, los hospitales militares y civiles de la recién proclamada República Popular de Donetsk atienden a los nuevos pacientes que la guerra está generando, la foto es de contexto. (heraldo.es)
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Agencias
DONETSK, Ucrania.- El conflicto que se desató hace más de un año en el este de Ucrania ha dado el golpe de gracia a un sistema sanitario ya de por sí frágil.

Con muchísimas dificultades, los hospitales militares y civiles de la recién proclamada República Popular de Donetsk atienden a los nuevos pacientes que la guerra está generando.

No son sólo los puentes, las casas y los mercados: los hospitales también son objetivo de las armas. A menudo los hospitales de Donetsk y alrededor son víctimas de bombardeos, proyectiles y granadas del ejército ucraniano.

Bronislav Cepreu es el director del hospital militar más importante de Donetsk, la ciudad más grande de la región minera del Donbass. El edificio, en el centro de la ciudad rebelde, está a salvo de los ataques enemigos.

Aquí transportan a los heridos más graves, provenientes de los frentes de batalla más conflictivos como Spartak y Marinka.

“Nuestro hospital, además de atender a los soldados heridos en acciones militares, atiende también a los enfermos que no tienen nada que ver con la guerra. Los pacientes que llegan aquí por los combates no siempre han sido trasladados rápidamente”, dice el médico.

“Como consecuencia, algunas heridas leves a menudo empeoran. La asistencia que se ofrece en las trincheras no es suficiente, a menudo carecen incluso de los antibióticos más básicos”, agrega.

En los hospitales se respira un ambiente enrarecido, sobre todo en los militares. Por las ventanas, protegidas por sacos blancos de arena que las cubren por completo, entra muy poca luz.

Luchan por toda la ciudad

El personal sanitario se queja de este clima opresivo, con la esperanza de que tarde o temprano quiten los sacos. Al comienzo de la rebelión se había luchado mucho en la ciudad, también en el centro, algo que ahora es remoto.

En esta zona de Donetsk, bañada por el gran río Kalmius, son las bombas que se oyen a lo lejos y la sirena del toque de queda, que suena todas las noches a las 11 en punto, lo que recuerda que hay una guerra en curso.

Por los largos pasillos del hospital no se oye ni una mosca. Reina un silencio surrealista, interrumpido de vez en cuando por el lamento suave de algún herido.

Los numerosos dibujos hechos por los hijos de los soldados y colgados en las paredes no consiguen transmitir serenidad al ambiente.

Por si fuera poco con la realidad, la mayoría de los dibujos representan escenas de guerra, victorias contra los enemigos “fascistas” -así es como los separatistas pro-rusos llaman a los nacionalistas ucranianos- y conquistas heroicas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Los niños tampoco escapan a la propaganda de los rebeldes.

“No tengo datos sobre la situación de todos los hospitales militares de la República Popular de Donetsk”, señala el doctor Cepreu.

“Sólo puedo decir que por mi hospital desde el comienzo de la guerra han pasado más de 10 mil pacientes, dos tercios de los cuales lo fueron por heridas de guerra. Muchos sufren traumas psicológicos graves derivados, por ejemplo, de las explosiones. En estos casos trabajan nuestros especialistas”, refiere.

Ayuda voluntaria

Insiste en destacar una cosa: “Por suerte, recibimos la ayuda de médicos voluntarios de otros países. Muchos son rusos que se toman vacaciones de su trabajo y vienen aquí a ayudarnos. Inmediatamente se ponen a nuestra completa disposición, nos preguntan qué pueden hacer y cómo pueden ser útiles”.

“Vienen aquí por un período que oscila entre las dos semanas y un mes, según sus compromisos. También hemos tenido un médico de Bulgaria”, puntualiza.

Kuzma tiene 43 años y los ojos perdidos perpetuamente en el vacío. Es uno de los pacientes con traumas psicológicos que ha mencionado el director Cepreu.

Antes de la guerra trabajaba como obrero metalúrgico en una fábrica en Donetsk y desde el 22 de marzo está en el segundo piso del hospital militar, departamento de ortopedia.

“Todo empezó cuando vi morir a esa gente en Odessa(*). Fue entonces cuando decidí tomar las armas y luchar por la libertad del Donbass.

Es la segunda vez que resulto herido: el tanque en el que estaba, robado al ejército ucraniano, saltó por los aires por una mina”, recuerda.

“Tengo las dos piernas heridas, no sé cuánto tiempo voy a tener que quedarme aquí, pero espero salir pronto porque mis compañeros me están esperando. Aquí estamos en el Donbass: tradicionalmente nosotros construimos, mientras que los fascistas sólo destruyen. No vamos a permitir a los fascistas que tomen nuestra tierra”, afirma.

Solo quedan ruinas de los edificios

El Hospital Civil 21, en el barrio periférico de Oktyabrsky, está a sólo 500 metros del aeropuerto internacional de Donetsk. O, mejor dicho, de lo que queda de él.

Desde hace unos meses el aeropuerto está bajo el control de las fuerzas separatistas, pero a un coste gravísimo: su completa destrucción.

Durante la llamada Batalla del Perímetro del Aeropuerto, en el Hospital 21 llovía de todo. La estructura, sobre todo en las partes altas, sufrió daños graves, pero muy pocos en comparación con lo que pasó con los edificios de alrededor.

En Oktyabrsky apenas sopla un poco de viento se extienden por el aire las cenizas de los restos que hasta no hace mucho tiempo eran las casas de los habitantes del lugar.

A pesar de que ha habido algunos avances leves gracias al Protocolo de Minsk(**), en el Donbass se sigue luchando y, guste o no, el ejército ucraniano ataca también instalaciones civiles, como el Hospital 21.

“Simplemente no logro entender por qué nos bombardean a nosotros, que somos civiles. Saben que aquí sólo hay casas y un hospital. No podemos evitar pensar que nos quieren exterminar a todos. Poco a poco lo están logrando”, dice la enfermera Ludmila Melnichuc.

“En casa corro peligro, en el trayecto para venir aquí corro peligro, incluso en el trabajo corro peligro. Estoy desesperada, en mi cabeza oigo las bombas las 24 horas del día”, admite.

Oktyabrsky es una zona conflictiva. Al atardecer, cuando comienza el fuego de verdad, sus calles se vuelven casi intransitables. Si bien en el centro de Donetsk el toque de queda empieza a las once, aquí es aconsejable respetarlo desde al menos cinco horas antes.

En el Hospital 21 casi todas las ventanas tienen cristales rotos y tratan de tapar los agujeros con trozos de plástico polvoriento; los quirófanos no se pueden esterilizar como es debido ya que entra aire por todas partes, y los equipamientos médicos -los que milagrosamente funcionan- han sido blanco de proyectiles y están en un estado lamentable.

A diferencia del hospital militar, aquí los sacos de arena escasean. “Se necesitarían mucho más aquí y no en el centro de la ciudad, donde todo está más tranquilo. Aquí todo cae a pedazos. Apenas arreglamos un cristal o tapamos un agujero en la pared, lo destruyen otra vez”, cuenta Alexey Alekseyenko, el jefe de cirugía.

“Tenemos miedo desde el primer día de la guerra. En el día a día hacemos lo posible, y a veces lo imposible, con los pocos recursos disponibles. Muchos de los heridos que hemos atendido son mujeres de mediana edad. ¿Por qué? Todas estas mujeres estaban en el mercado en Oktyabrsky cuando fue bombardeado y destruido”, manifiesta.

“Siguen llegando heridos, también hay niños y ancianos. Puedo decir que por las puertas de este hospital han pasado más de 120 personas que resultaron heridas por los ataques de los ucranianos. No sé cómo van las cosas en el bando de los nacionalistas, pero insisto en que esta guerra es asimétrica, porque víctimas civiles tenemos sólo nosotros”, enfatiza Alekseyenko.

Ataques violentos y extremistas

(*) El 2 de mayo de 2014 en Odessa, una ciudad en el sur de Ucrania, en el mar Negro, a raíz de los violentos enfrentamientos entre separatistas y nacionalistas, un grupo de manifestantes pro-rusos desarmados se refugiaron en el Palacio de los Sindicatos.

Una turba formada por hooligans y extremistas de derecha, partidarios del gobierno de Kiev, rodeó el edificio y le prendió fuego lanzando cócteles molotov.

Alrededor de 40 personas, atrapadas en el interior, murieron quemadas, porque se ahogaron por el fuego o al estrellarse contra el suelo en un intento desesperado por escapar de las llamas saltando por las ventanas. Varios videos documentaron el trágico incidente.

(**) El Protocolo de Minsk es un acuerdo firmado por los representantes de Ucrania, Rusia, la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk el 5 de septiembre de 2014.

El acuerdo, firmado en Minsk bajo los auspicios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), tiene como objetivo poner fin a la guerra en el Donbass. Sin embargo, el acuerdo ha fracasado en su objetivo de detener todos los combates en la región.

Con información de Notimex.

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