21 de Septiembre de 2018

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Inicia beatificación del primer sacerdote salvadoreño asesinado

El padre jesuita Rutilio Grande, que fue murió el 12 de marzo de 1977, realizaba su trabajo pastoral en una las zonas más pobres del país.

Fieles cristianos conmemoran el aniversario del asesinato del padre jesuita Rutilio Grande, en Aguilares, El Salvador. (Agencias)
Fieles cristianos conmemoran el aniversario del asesinato del padre jesuita Rutilio Grande, en Aguilares, El Salvador. (Agencias)
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Agencias
SAN SALVADOR, El Salvador.- La Iglesia católica salvadoreña ha comenzado el proceso de beatificación del padre jesuita Rutilio Grande, el primer sacerdote salvadoreño asesinado y de cuya muerte se cumple el jueves un nuevo aniversario.

Grande realizaba su trabajo pastoral en una las zonas más pobres del país, donde organizó las comunidades eclesiales de base en las cuales los terratenientes de la zona veían una amenaza a su poder.

"Es el primer sacerdote de una larga lista de sacerdotes asesinados en El Salvador", dijo a la AP el padre jesuita José María Tojeira. Añadió que también murieron un niño y un anciano, que lo acompañaban a dar la comunión a un enfermo. Otros dos niños sobrevivieron al ataque.

Grande, de 49 años, fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto a Manuel Solórzano, de 72, y Nelson Rutilio Lemus, de 16, en una carretera rural del municipio de Aguilares al norte de la capital. El crimen fue atribuido a la Guardia Nacional, uno de los cuerpos de seguridad más represivos, luego disuelta.

El "padre Tilo" como lo llamaban sus amigos y feligreses, era muy amigo del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, que en breve será beatificado luego que el Vaticano confirmó que lo mataron por odio a la fe.

Desde 1977 hasta 1989, cuerpos de seguridad, escuadrones de la muerte y militares asesinaron a 13 sacerdotes, entre ellos Romero y seis jesuitas de la Universidad Católica

Al conocer los asesinatos, monseñor Romero fue al templo donde reposaban los tres cuerpos y celebró la misa. Para su funeral canceló todas las misas en la arquidiócesis y organizó una sola en la catedral de San Salvador en la que participaron más de 150 sacerdotes y millares de fieles católicos. En su homilía Romero puso a Rutilio Grande como un ejemplo a seguir para todos los sacerdotes.

Un día después de reunirse con los sacerdotes de la arquidiócesis de San Salvador, monseñor Romero anunció que no asistiría a actividad gubernamental alguna hasta que se investigara el crimen, pero nunca se condujo ninguna investigación, ni se juzgó a los culpables.

Monseñor Jesús Delgado, quien fue su secretario particular y el que escribió la biografía oficial del arzobispo mártir, dijo a la AP que cuando Romero se reunió el presidente Arturo Armando Molina (1972-1977), éste le presentó una lista de 30 sacerdotes que tenían que salir del país y monseñor le respondió: "Los sacerdotes son intocables".

Según Delgado, Molina le dijo al arzobispo que "aquí usted sabe que la seguridad nacional se ha instaurado, o se está con el gobierno o se está contra él, si no se está con él son comunistas, por tanto fuera de la ley".

La respuesta de Romero fue que ya no volvería a visitar al presidente, ni se reuniría con los militares, y "a partir de ese momento comienza a decir sus homilías con todo aquel análisis de la realidad y aprovechaba para decirle al gobierno lo que no estaba de acuerdo".

"El asesinato de Rutilio Grande, un cura bueno, lo cambió", afirmó Delgado.

El general Carlos Humberto Romero asumió la presidencia de la República el 1 de julio de 1977, pero las cosas no cambiaron con el gobierno. Romero fue depuesto del cargo el 15 de octubre de 1979 y asumió una Junta Revolucionaria de Gobierno formada por militares jóvenes y civiles.

"La muerte de Rutilio fue un golpe para (monseñor Romero) muy fuerte, era el mejor sacerdote que había en el país en ese tiempo, era un gran amigo de él, no solamente humanamente hablando, sino sacerdotalmente hablando y para monseñor Romero fue un golpe moral", dijo Delgado.

Desde 1977 hasta 1989, cuerpos de seguridad, escuadrones de la muerte y militares asesinaron a 13 sacerdotes, entre ellos Romero y seis jesuitas de la Universidad Católica (UCA). También violaron y asesinaron a tres religiosas norteamericanas.

Comandos urbanos de la guerrilla asesinaron a Francisco Peccorini, un doctor en filosofía que fue jesuitas en sus años de juventud pero luego se convirtió en uno de los mayores críticos de los jesuitas de la UCA, así como también del gobierno de demócrata cristiano de la época y de los movimientos de izquierda. Era uno de los articulistas de El Salvador de Hoy.

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