17 de Diciembre de 2017

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El país donde las piñatas son humanos y se les pega con machete

Israel Ticas, un detective de El Salvador que no quiere que los muertos callen los crímenes de pandilleros.

El criminólogo Israel Ticas habla por teléfono mientras acomoda sus libretas de notas en su oficina en San Salvador, El Salvador. (AP)
El criminólogo Israel Ticas habla por teléfono mientras acomoda sus libretas de notas en su oficina en San Salvador, El Salvador. (AP)
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Agencias
SAN SALVADOR, El Salvador .- Israel Ticas se llama a sí mismo "el abogado de los muertos". Es un hombre que intenta conseguir que se haga justicia con las víctimas enterradas en cementerios clandestinos por la violencia cruda que azota a El Salvador.

El único criminalista forense del país, autodidacta, estima que en los últimos 12 años ha abierto unas 90 fosas comunes de las que ha extraído a más de 700 muertos. Esa es apenas una parte del total tumbas en un país asediado por las pandillas y atormentado por los recuerdos de una sangrienta y brutal guerra civil.

En días recientes él y las dos miembros de su equipo buscaban los restos de miembros de la pandilla Mara Salvatrucha, que días atrás fueron secuestrados en una estación de autobús.

Vestidos en trajes blancos, herméticos, lo que les da una apariencia fantasmal, escarban la tierra de una fosa común al lado de un fétido río. En un inusual golpe de suerte, la policía había capturado a tres miembros de la pandilla rival, Barrio 18, tras una persecución que les llevó hasta el arroyo, donde localizaron el cementerio y los cadáveres.

Carrera contra el tiempo

Ticas corre contra el tiempo. La ley le da al gobierno 72 horas para convertir un caso de desaparición forzada en un homicidio. Sin cadáver no hay proceso y los sospechosos serían puestos en libertad.

La tarea no es simple, informa la agencia AP. Los cuerpos han sido decapitados y descuartizados, y el proceso de descomposición del cuerpo, gusanos incluidos, ya había comenzado.

Ticas se mete en el agujero y poco a poco remueve minuciosamente puñados de tierra con la precisión de un arqueólogo, con el rostro surcado de sudor y atiborrado de mugre. Les pide a sus asistentes que se apuren pero que no cometan errores.

"Esto no es sólo una exhumación, es la escena de un crimen", les recuerda.

Hay quienes dirían que desenterrar a las víctimas es una tarea inocua en El Salvador, un pequeño país con la segunda mayor tasa de homicidios del mundo y del que miles de hombres, mujeres y niños salen huyendo cada año. Ticas, un ingeniero de sistemas que aprendió por su cuenta el oficio de detective forense y que revela menos años de los 51 que tiene, está convencido de que esta no sólo es su vocación sino su misión.

Cuando se desató la guerra civil en la década de los 80, Ticas era un joven detective de inteligencia de la policía. Por aquel entonces, la derecha, apoyada por los Estados Unidos, se enfrentaba contra la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

Hoy, los antiguos guerrilleros están en el poder, y Ticas trabaja para el Fiscal General.

Sadismo de los asesinatos

Dice que es apolítico y considera que todos los asesinos son malvados, sin importar el grupo al que pertenezcan. Ticas conoce los riesgos de su trabajo mejor que nadie. Es capaz de identificar los rastros que deja la violación de un grupo de pandilleros en el cuerpo de una niña así como el sadismo de algunos asesinatos.

Uno de los que más le impactan es "la piñata", que consiste en que los pandilleros cuelgan a su víctima bocabajo de un árbol y la asesinan a machetazos como si fueran niños que golpean una piñata llena de dulces.

Su trabajo a veces sirve políticamente. En 2012 y 2013, el gobierno salvadoreño de entonces ayudó a suscribir una tregua entre las dos principales pandillas del país de la que dijo que la cantidad de homicidios disminuyó en 60%. Pero los detractores de la tregua, entre ellos el jefe de Ticas, el Fiscal General Luis Martínez, que cree que la tregua no fue más que una especie de pacto ilícito entre gobierno y criminales. Argumenta que los asesinatos continuaron y que los cuerpos fueron arrojados en fosas clandestinas por los pandilleros.

Ticas insiste en que no quiere participar en ninguna pelea política y no habla de cifras. Se considera más bien un servidor de la ley que trabaja desde su pequeño despacho convertido en un museo del horror, con calaveras y huesos, y las paredes abarrotadas de fotos con cabezas decapitadas y cuerpos que han sufrido todo tipo de torturas.

La convirtieron en piñata por embarazarse

En muchos casos tiene que interrogar a testigos protegidos. Son ellos quienes le describen los lúgubres detalles de cada crimen: "lo mataron porque sabía demasiado sobre cómo se mueven las pandillas y casas de seguridad", dice un relato. "Una niña de 14 años se quedó embarazada de un pandillero y le hicieron la piñata", dice otro.

Aunque muchos casos de desapariciones no se denuncian por temor a las pandillas, eso no quiere decir que los familiares dejen de buscar a sus seres queridos. Ticas muestra una caja de metal donde guarda fotos, documentos de identidad y cartas de madres desesperadas que tocan a su puerta.

"¿Aquí vive Israel Ticas el que busca a los muertos?", le dicen. "Mire que me desapareció una hija y necesito encontrarla aunque esté muerta".

"Y yo me asusto porque me doy cuenta de que todo el mundo conoce mi casa y eso es peligroso", dice Ticas.

Empezó en su trabajo haciendo bosquejos de los muertos y de escenas donde habían sucedido crímenes. Estudió ciencias forenses por su cuenta y en 2002 convenció al Fiscal General de que le diera una oficina y la autoridad para buscar las fosas clandestinas.

En realidad, es un detective que trata de extraer información de los muertos porque los vivos tienen demasiado miedo y se niegan a hablar. "Tenemos que aprender a observar cómo habla el silencio de los muertos", explica.

Reconstrucción de un cuerpo

Un viernes a comienzos de octubre, exhumó un cuerpo que había sido descuartizado: el torso había sido separado de sus brazos, piernas y cabeza. Determinó que se trataba de un varón adolescente y una terminado el trabajo, se despidió diciendo que "quienes le conocieron en vida todavía podrían reconocerle".

De ahí salió directo a su oficina a redactar el informe del cementerio clandestino para la fiscalía. Los miembros del Barrio 18 que presuntamente lo habían asesinado fueron puestos en libertad tras cumplirse el plazo de detención preventiva solo para ser arrestados de nuevo, con un cuerpo identificado, esta vez ya por homicidio, gracias a la evidencia extraída por Ticas.

En algunas ocasiones los pandilleros se le acercan a pedirle que continúe con sus excavaciones. "Usted, ingeniero cuando me maten, me saca entero y me entrega a mi mamá", afirma Ticas que le dicen.

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