20 de Noviembre de 2018

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Libia y Pakistán, verdaderos dolores de cabeza de Obama

El poder presidencial para declarar la guerra y el uso de aviones sin piloto son los casos que el Congreso debería investigar.

Obama (centro) ayer en Washington con el procurador Eric Holder (izq.) y el jefe del FBI, Robert Mueller. (Agencias)
Obama (centro) ayer en Washington con el procurador Eric Holder (izq.) y el jefe del FBI, Robert Mueller. (Agencias)
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Michael Cohen/Milenio
WASHINGTON, DC.- Esta semana Washington D.C. parece haber llegado al pico de la histeria. Tres potenciales escándalos que involucran a la Casa Blanca amenazan con confluir hacia un caso de investigación que decubriría la verdad detrás de la mentira de la administración Obama.

Lo que falta, sin embargo, es evidencia real de malos manejos. El escándalo del IRS (Internal Revenue Service, la agencia fiscal estadunidense), es el más tóxico políticamente, pero no está claro que alguien de la administración Obama supiera lo que hacía el organismo o que estuviera atacando a grupos conservadores por razones políticas.

El requerimiento del Departamento de Justicia solicitando los registros telefónicos de Associated Press (AP) es mucho más preocupante, porque da una idea de los impulsos de corte procesal que ha definido a su investigación sobre las filtraciones procedentes del interior de la propia administración Obama.

También está Bengasi, en el que se ha vuelto casi imposible saber exactamente qué es lo escandaloso. ¿Acaso que la administración Obama se negó a enviar marines, fuerzas especiales o aéreas a rescatar a los rehenes?

¿Es que la Casa Blanca minimizó las posibilidades de un ataque terrorista en Libia, aun cuando el presidente Obama lo describió como tal solo días después de la agresión?

Obama descubrió que podía evitar la resolución si EU no se involucraba en hostilidades activas

Tal vez la ironía más grande de toda la atención prestada a Bengasi sea que hay un verdadero escándalo que el Congreso ha ignorado: el hecho de que, hace dos años, Obama intervino en un conflicto bélico que representó una descarada expansión de la habilidad del presidente para declarar una guerra.

En 2011, cuando Obama ordenó la acción sobre Libia a los aviones de guerra, no pidió la autorización del Congreso.

Los presidentes pueden hacerlo pero, bajo las provisiones de la Resolución de Poderes de Guerra, se requiere que notifiquen al Legislativo dentro de las 48 horas posteriores al inicio de su participación militar. Luego tienen 60 días para obtener autorización formal y de no recibirla, deben cesar las operaciones en un lapso de 30 días. En general, los presidentes han obedecido la resolución.

Obama descubrió que podía evitar la resolución si EU no se involucraba en hostilidades activas. Esa fue precisamente la posición de la Casa Blanca, aun cuando aviones de EU estaban lanzando bombas sobre Libia, disparando bombas desde mar adentro y, de acuerdo a algunos reportes, coordinándose con controladores aéreos británicos en el área.

Pero lo que hace de esto un abuso flagrante del poder presidencial es que al mismo tiempo en que Washington está sumido en el escándalo, esté pasando de nuevo y a nadie parece importarle.

El mes pasado, Jonathan Landay, de McClatchy News Service, apoyándose en reportes de inteligencia filtrados, detalló el que probablemente sea el secreto peor guardado en Washington: que los ataques con aviones no tripulados (drones) estadunidenses en Pakistán no están dirigidos a los líderes de Al Qaeda, sino a todo tipo de militantes que cruzan la frontera hacia Afganistán.

Esto genera un gran problema por dos razones. Primero, contradice las repetidas afirmaciones de la administración Obama en cuanto a que los ataques con drones solo se dirigen a miembros de Al Qaeda o a aquellos que suponen una “amenaza inminente” a EU. Los militantes del talibán no caben en ninguna de ambas categorías.

Segundo: atacar a elementos del talibán en Pakistán no está cubierto por la Autorización para Usar Fuerza Militar que fue aprobada por el Congreso en 2001. Por lo tanto, casi seguro es ilegal, no solo ante la ley de EU, sino también bajo la internacional. Seguro, los ataques contra los militantes afganos tienen la apariencia de legalidad (después de todo, cruzan la frontera afgana para matar a soldados estadunidenses). La justificación legal para el uso de fuerza militar estadunidense no es mera formalidad, es un requisito de la Constitución de EU y se erige como una protección contra el mal uso del poder ejecutivo. Según las normas, la administración Obama ha combatido dos guerras que se podrían considerar ilegales: una en Libia y la actual en Pakistán.

Ese sí que es un escándalo por el que vale la pena molestarse.

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