13 de Noviembre de 2018

Mundo

Frente al dolor, lágrimas de esperanza: Papa

El Pontífice dijo que si no somos capaces de decir palabras desde el corazón, 'es mejor el silencio, la caricia o el gesto'.

El Papa Francisco acaricia a un niño durante su audiencia semanal en el Vaticano, el miércoles 4 de enero de 2016. (AP/Andrew Medichini)
El Papa Francisco acaricia a un niño durante su audiencia semanal en el Vaticano, el miércoles 4 de enero de 2016. (AP/Andrew Medichini)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco recordó hoy, en la primera audiencia general de 2017, a propósito de la esperanza y el dolor, en particular el de una madre que perdió a sus hijos, que si no somos capaces de decir palabras desde el corazón no desde la cabeza, "mejor el silencio, la caricia, el gesto, nada de palabras".

Según información del sitio web Ansa Latina, Francisco habló de la figura de Raquel (Rachel), madre de José y Benjamín, que murió al dar a luz a Benjamín y a quien el profeta Jeremías describe aún viva, mientras llora por su pueblo en el exilio.

Dios -explicó el Papa- escucha el llanto de Raquel y sus lágrimas "generaron esperanza. Esto no es algo fácil de entender pero es verdadero, muchas veces en la vida nuestras lágrimas siembran esperanza, son semillas de esperanza".

Raquel no quiere ser consolada. Este rechazo -subrayó el Papa- expresa la profundidad de su dolor y la amargura de su llanto.

Frente a la tragedia de la pérdida de los hijos, una madre no puede aceptar palabras o gestos de consuelo, que son siempre inadecuados, nunca capaces de aliviar el dolor de una herida que no puede y no quiere cerrarse. Un dolor proporcional al amor.

Toda madre -comentó el Papa- sabe esto; y son muchas, también hoy, las madres que lloran, que no se resignan a la pérdida de un hijo, inconsolables frente a una muerte imposible de aceptar.

Raquel encierra en sí el dolor de todas las madres del mundo, de todos los tiempos, y las lágrimas de todo ser humano que llora pérdidas irreparables.

"Este rechazo de Raquel que no quiere ser consolada -observó el Pontífice- nos enseña también cuánta delicadeza se nos pide frente al dolor ajeno. Para hablar de esperanza a quien está desesperado hay que compartir su desesperación; para enjugar una lágrima del rostro de quien sufre, hay que unir al suyo nuestro llanto".

"Solo así nuestras palabras pueden ser realmente capaces de dar un poco de esperanza. Y si no puedo decir palabras así con el llanto, con el dolor, mejor el silencio, la caricia, el gesto y nada de palabras", afirmó.

"Al dolor y al llanto amargo de Raquel -prosiguió el Papa- el Señor responde con una promesa que ahora puede ser para ella motivo de verdadero consuelo: el pueblo podrá volver del exilio y vivir en la fe, libre, su propia relación con Dios".

"Las lágrimas esperanza. Esto no es algo fácil de entender pero es verdadero, muchas veces en la vida nuestras lágrimas siembran esperanza, son semillas de esperanza".

"Cuando alguien se dirige a mí y me hace preguntas difíciles -por ejemplo me dice 'pero dígame, padre, por qué sufren los niños'- yo no sé qué responder, solo digo: 'Pero mira el crucifijo, Dios nos dio su hijo, el sufrió y tal vez Dios hallará una respuesta, pero respuesta de aquí (se toca la cabeza, NDR) no hay, solo mirando el amor de Dios que da a su hijo que abre su camino para nosotros puede indicar su camino de consuelo".

Por eso -concluyó el Papa- "decimos que Dios entró en el dolor de los hombres, lo compartió y acogió su muerte; su Palabra es definitivamente palabra de consuelo, porque nace del llanto".

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