19 de Febrero de 2018

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El día que México devolvió la luz a miles de colombianos

En febrero se registró una explosión en la planta hidroeléctrica de EPM en Colombia, por lo que tuvieron que pedir ayuda al gobierno mexicano.

La planta hidroeléctrica de EPM en Guatapé, Colombia. (twitter.com/elcolombiano)
La planta hidroeléctrica de EPM en Guatapé, Colombia. (twitter.com/elcolombiano)
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Patricia Tapia/Milenio
GUATAPÉ, Colombia.- Eran alrededor de las 14:30 horas del pasado 15 de febrero cuando ocurrió una explosión en el túnel de acceso a la casa de máquinas de la planta hidroeléctrica de Empresas Públicas de Medellín (EPM), en Guatapé, un municipio de Colombia, que dañó por completo los cables de alta potencia e interrumpió la generación durante cuatro meses, para dejar en una situación crítica al país.

La reparación de los daños le llevaría a EPM al menos un año, fue entonces que mediante la empresa italiana Prysmian Group, con sede en México, surgió una esperanza, pues ésta había fabricado un cable de las características que Colombia necesitaba a la extinta Luz y Fuerza del Centro en 2009, para un proyecto que quedó detenido en Xochimilco y que ahora pertenece a la Comisión Federal de Electricidad  (CFE).

La urgencia de ese cable, de una extensión de 30 kilómetros era importante, pues la hidroeléctrica que genera 560 megavatios de electricidad es una de las reservas de Colombia, en momentos en que enfrenta el fenómeno climático llamado El Niño, que es cuando los embalses bajan por la disminución de lluvias y, por ende, cae la generación de las otras plantas.

La central de Guatapé es la más importante de Colombia, cuando dejó de operar arrastró también a las plantas de Playas y San Carlos, lo que obligaba a EPM a realizar la reparación de los daños en el menor tiempo posible.

“Se nos quemó esta central, ¡carajo!”, recuerda haber dicho el gerente general de EPM, Jorge Londoño de la Cuesta, mientras el helicóptero donde viajaba sobrevolaba el lugar y se veía un humo negro y espeso.


Imagen del recorrido que realizó el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, para supervisar los trabajos de reparación en la planta hidroeléctrica EPM.

Lo que rescata es que a pesar de la magnitud del siniestro no hubo personal afectado en su integridad física, en ese momento laboraban en el túnel 10 trabajadores.

La preocupación del gobierno de Colombia era alta, pues surgió el riesgo de un apagón como ocurrió en 1992, cuando se quedó en penumbras por varios días.

El trato se hizo de presidente a presidente, de Juan Manuel Santos a Enrique Peña Nieto. El artífice de esta negociación fue Prysmian.

Se logró reactivar la operación de la central a cuatro meses del accidente, y no del año que hubiera llevado de no haber existido ese cable en México.

El traslado fue una tarea titánica, “el reto de cómo vamos a traer el bendito cable”, al grado de tener que contratar dos aviones de carga, de los más grandes del mundo, los rusos Antonov An-124, para trasladar casi 800 toneladas de cable repartidos en 57 carretes de más de 13 toneladas, en un tiempo récord ¡En Semana Santa en Guatapé!, el segundo pueblo turístico de Antioquia.

“Meter 50 camiones por todo el pueblo en pleno Viernes Santo, paro camionero había también; en México este periodo es tan especial como puede ser en Colombia el fin de año”, relató Londoño de la Cuesta este fin de semana, al reactivar la operación de la central al 100 por ciento.


Fueron en total 57 carretes de cables los que mandó México a Colombia.

El director general de Prysmiam, Jaouad Ben-Hamman, detalló que fueron ocho vuelos en una semana para llevar los cables, los Antonov llegaban a las 02:00 horas de la Ciudad de México al aeropuerto José María Cordova, de la Ciudad de Río Negro, y de ahí se trasladaban a Guatapé.

Para Ben-Hamman, sacarlos desde Acapulco y no de la Ciudad de México era más sencillo por cuestiones de latitud; sin embargo, al ser un cargamento con entrada a Colombia, se necesitaban sistemas de control que solo hay en el aeropuerto Internacional Benito Juárez.

Los permisos de vuelo y los trámites en la aduana no fueron problema; “nos apoyaron mucho ambos gobiernos, desde los presidentes y ministros que se contactaron hasta la CFE. La relación de Prysmian de tiempo atrás con la eléctrica mexicana ayudó mucho a que entendieran que había una problemática energética en Colombia”, contó Sergio Toro, gerente de riesgos de EPM.

El paso final era la instalación, y ahora cómo lo vamos a montar, pensó Londoño de la Cuesta, quien reconoció que sin el apoyo de sus más de 300 empleados en EPM y sin el equipo mexicano de Prysmian no hubiera sido posible, aunque ya había hecho un plan previo.

“Entra el primer cable y sale disparado como si fuera una montaña rusa, y ¡pum!, fue a dar contra una pared, ¡miércoles!, y ahora qué vamos hacer… empezamos a aprender lentamente el proceso de instalación en el cual pasamos cerca de dos meses”.

La inactividad de la central representó para la empresa alrededor de 250 millones de dólares.

Un final feliz

El que se haya asegurado el suministro eléctrico a Colombia no fue lo único bueno, el impacto para las finanzas de EPM fue menor, pues el seguro va a cubrir casi en su totalidad el daño (85 por ciento), lo que tuvo que ver con el costo de los cables, traslado, instalación e importación de insumos fueron 25 millones de dólares.

Un hecho para atenuar la situación fue que tan pronto se registró el incidente del 15 de febrero, las compañías aseguradoras contrataron una rigurosa investigación para encontrar las causas que generaron el accidente.

Al comprobar que la explosión no fue por falta de mantenimiento en la central hidroeléctrica o por mal estado de los equipos, procedía el cobro del seguro.

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