13 de Noviembre de 2018

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Vivo y muerto Kennedy cambió a la televisión

La cobertura de ese trágico fin de semana demostró que la TV podía ser 'más que un montón de cables y luces'.

La televisión llevó a John Kennedy y a su familia a los hogares de Estados Unidos como nunca había sucedido con un presidente antes. (ideastream.org)
La televisión llevó a John Kennedy y a su familia a los hogares de Estados Unidos como nunca había sucedido con un presidente antes. (ideastream.org)
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Agencias
NUEVA YORK, EU.- El asesinato de John F. Kennedy, el trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos, ocurrido el viernes 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas, es un tema inagotable, como ejemplifica el siguiente reportaje de The Associated Press, en relación a los cambios generados por ese suceso en la televisión.   

Es un momento que marca cuánto tiempo ha pasado desde que el presidente John F. Kennedy fue asesinado pues, para entonces, la televisión era considerada como un medio joven. Con el tiroteo que acabó con su vida en Dallas, la televisión se hizo adulta.

La cobertura de ese fin de semana de un noviembre de hace 50 años al fin ofreció la oportunidad para que la televisión pudiera cumplir con su gran promesa. Podría ser "más que un montón de cables y luces que salían una caja ", en palabras del periodista Edward R. Murrow, y no sólo el " vasto terreno baldío", como la etiquetó dos años antes el entonces presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Newton Minow.

Enfrentada a un reto sin precedentes, la televisión podría servir un servicio público incalculable. Podría mantener unido al país: los estadounidenses se citaron a hacer parte de una vigilia que se emitía en una pantalla y reunirse frente a un electrodoméstico.

En efecto, las emisiones continuas de los tres canales de televisión proporcionaron a Estados Unidos un sentido de unidad, una oportunidad para hacer un duelo colectivo y una sorprendente cercanía a los televidentes de ser testigo de primera mano de eventos que ocurrían a larga distancia.

La televisión hizo una crónica exhaustiva de la muerte, velación y entierro de JFK, y mostró a sus espectadores las últimas escenas de una carrera política que se hizo trizas mientras se iniciaba la era del video.

En vida, pero en especial en su muerte, John F. Kennedy cambió la televisión para siempre.

La televisión y Kenmedy

Hacía 1956, cuando estaba en su infancia, la televisión presentó a muchos estadunidenses al joven político cuando fracasó en su nominación como Vicepresidente del Partido Demócrata.

Cuatro años más tarde ya era candidato a la presidencia y la televisión lo siguió por el país durante su campaña electoral.

Como presidente, Kennedy, creó imágenes imborrables gracias a la televisión

Los debates televisados se convirtieron en un hito y le permitieron derrotar al candidato republicano Richard Nixon. Unos 70 millones de estadounidenses vieron el primer debate, pero dado que se veía bien en la pantalla chica, Kennedy fue considerado el claro ganador. Los debates televisados se convirtieron obligatorios para toda campaña presidencial futura.

Ya como presidente, Kennedy y el crecimiento de la televisión como medio (los hogares que tenían un televisor habían aumentado a 46.9 millones en 1960 de 9.8 millones de la década anterior, de acuerdo con Nielsen) creó imágenes imborrables.

Su discurso en la ceremonia de toma de poder en 1961 fue visto por millones de personas. Fue cuando le urgió a los estadounidenses "no preguntes lo que tu país puede hacer por tí.. ". JFK encantaba a sus espectadores con sus conferencias de prensa televisadas, que eran cándidas, en las que improvisaba y que a veces él manejaba como si fuera el ingenioso anfitrión de un talk-show.

En una ocasión, un periodista le preguntó Kennedy si, dado los problemas que conllevan la presidencia, disfrutaba su trabajo y qué le recomendaría a quien lo quisiera hacer.

"La respuesta a la primera pregunta es sí, y a la segunda es no", bromeó y su rostro se iluminó con una sonrisa. "No se lo recomendaría a otros por lo menos, por un tiempo".

Los televidentes también amaban a su esposa, Jackie. En febrero de 1962, las tres cadenas de televisión, CBS, NBC y ABC, emitieron un especial con la entonces recién restaurada Casa Blanca. Más de 80 millones de estadounidenses sintonizaron los programas.

"La televisión llevó a John Kennedy y a su familia a los hogares de Estados Unidos como nunca había sucedido con un presidente antes", resumió el historiador Robert Caro, autor de varios libros entre los que se encuentra una biografía, de varios tomos, del sucesor de Kennedy, Lyndon Johnson.

Luego, el 22 de noviembre de 1963, así como los días siguientes, la televisión se dedicó a transmitir exclusivamente la tragedia nacional que significó su asesinato.

"La televisión hizo que se intensificaran todas las emociones en los cuatro días (del asesinato, la velación y el entierro). Se intensificó la conmoción y el horror de la muerte, y luego el asesinato del asesino", dijo Caro, refiriéndose al homicidio de Lee Harvey Oswald. "Se intensificó el dolor, el duelo y el misterio. Y se intensificó la superación del duelo con (la transmisión de) las honras fúnebres".

Pero la televisión también prestó un servicio a aspectos poco conocidos del proceso de transición, Caro añade: volvió a presentarle a la opinión pública a un hombre que durante tres años trabajó tras los bastidores: Johnson, el vicepresidente de Kennedy, en el momento en que fue llamado a comandar el gobierno en un momento traumático, de crisis y alarma nacional.

"Hay que reconocer la relación que creó la televisión no sólo con el presidente muerto, sino también con el nuevo presidente que asume el cargo- el papel tranquilizador, el efecto calmante que tuvo en el público debido a la manera como (Johnson) se comportó".

La actitud tranquila de Johnson fue lo primero que transmitió la pantalla chica apenas unas horas después del asesinato tras su arribo de la base Andrews de la Fuerza Aérea, en Dallas, a Washington en el avión presidencial. Acompañaba el féretro y a la señora Kennedy que todavía llevaba su vestido rosa manchado de sangre.

Lo esperaban cerca de 50 periodistas y técnicos, incluyendo el corresponsal del noticiero de NBC, Robert Abernethy, que recuerda estos momentos como de "tensa calma".

"Los periodistas y técnicos no podrían y no dijeron mucho", dice Abernethy, que ahora tiene 85 años y aún trabaja como presentador del programa "Religion & Ethics Newsweekly" en la cadena pública de televisión estadounidense PBS.

Él y sus colegas de las otras cadenas ofrecieron comentarios reconfortantes sobre la tragedia y la ceremonia de juramentación de Johnson, quien dio un paso hacia el bosque de micrófonos que lo esperaba y ofreció una perfecta mezcla de determinación y humildad. Entonces, dijo a la nación, "voy a hacer mi mejor esfuerzo. Eso es todo lo que puedo hacer. Les pido su ayuda, y la de Dios".

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