21 de Octubre de 2018

Mundo

'Los celos y la envidia llevan a matar': Papa Francisco

"La persona envidiosa y celosa es amarga no sabe cantar, ni alabar, no conoce la alegría, mira lo que tiene el otro y no tiene él", dijo Bergoglio.

"Los chismes y las habladurías dividen y destruyen las comunidades. Son las armas del diablo", precisó el Pontífice. (Agencias)
"Los chismes y las habladurías dividen y destruyen las comunidades. Son las armas del diablo", precisó el Pontífice. (Agencias)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco alertó hoy contra el impacto negativo de los celos y la envidia, pecados que -dijo- dividen a las comunidades cristianas y destruyen el alma, según informó Notimex.

Durante el sermón de su misa cotidiana, presidida en la capilla de su residencia vaticana Santa Marta, el líder católico calificó a los celos como una "inquietud malvada" que difunde la intolerancia con aquellos que poseen algo.

"Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Ha sido justamente esta puerta, la envidia, por la cual el diablo entró en el mundo. Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas, dividen también a las comunidades", advirtió.

Sostuvo que cuando algunos miembros de una comunidad cristiana sufren de envidia ese grupo termina dividido, enfrentados los unos contra los otros por culpa de un "veneno fuerte" que puede encontrarse ya en la primera página de la Biblia con Caín.

Según Jorge Mario Bergoglio la persona envidiosa y celosa es "amarga": no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qué cosa es la alegría, siempre mira lo que tiene el otro y no tiene él.

Esa actitud, continuó, lleva a una amargura que se difunde en toda la comunidad provocada por los "sembradores de amargura".

"Otra actitud que traen los celos y la envidia son los chismes. Porque este no tolera que aquel tenga algo, la solución es bajar al otro para que esté más en alto. El instrumento son los chismes. Las habladurías dividen y destruyen las comunidades. Son las armas del diablo", precisó.

"Cuantas bellas comunidades cristianas procedían bien, pero después en uno de sus miembros entró el gusano de los celos y, con éste, la tristeza, el resentimiento de los corazones y los chismes", apuntó.

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