25 de Septiembre de 2018

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El gigantesco frigorífico de Uruguay que se volvió Patrimonio de la Humanidad

Su sofisticada arquitectura y el papel que desempeñó en el desarrollo industrial del país, hizo que la fábrica Anglo en Fray Bentos obtuviera el reconocimiento.

Imagen de los almacenes de la planta de procesamiento de carne Anglo en Fray Bentos, Uruguay, la cual reconocida el 5 de julio como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. (Agencias)
Imagen de los almacenes de la planta de procesamiento de carne Anglo en Fray Bentos, Uruguay, la cual reconocida el 5 de julio como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. (Agencias)
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Agencias
MONTEVIDEO, Uruguay.- Unos cinco mil hombres de decenas de nacionalidades trabajaban por turnos en la época de esplendor de un gigante frigorífico en Uruguay construido a orillas del río en el siglo XIX y desde donde se exportaba carne enlatada a los combatientes de la Segunda Guerra Mundial.

Los cambios de dueños y el paso del tiempo convirtieron al emporio de ladrillo y cemento en una mole vacía condenada al abandono.

Pero su sofisticada arquitectura, que aún conserva, y el papel que desempeñó en el desarrollo industrial de Uruguay hizo a la vieja fábrica merecedora de un lugar en la lista de bienes inmuebles y Patrimonio de la Humanidad como "paisaje cultural-industrial".

De acuerdo con The Associated Press, esta lista que elabora la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) incluye la porción en Brasil de las cataratas de Iguazú, el parque nacional Rapa Nui en Chile o el centro histórico de Cartagena de Indias, en Colombia, entre muchos otros sitios, parques e inmuebles del mundo.


Interior de la planta de procesamiento de carne Anglo en Fray Bentos, Uruguay.

La vieja edificación, que en su interior conserva las balanzas y otras herramientas de trabajo, perteneció al saladero Liebigs de capital alemán entre 1865 y 1924, año en que fue comprada por una compañía inglesa que la administró hasta fines de la década del sesenta. Entonces pasó a manos del Estado uruguayo hasta su cierre definitivo en 1979.

"Día y noche se trabajaba y cuando se liquidó esto era una tristeza horrible", dijo el ex empleado del frigorífico Eduardo Romero a The Associated Press. "No se veía a nadie en las calles".

El área declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco se encuentra en la localidad de Fray Bentos y abarca "un espacio de 275 hectáreas que incluyen la imponente arquitectura del frigorífico Liebigs-Anglo, sus instalaciones industriales, los muelles sobre el río Uruguay, el matadero, las áreas dedicadas al pastoreo, las residencias de jefes y obreros y sus lugares de esparcimiento", según el Ministerio de Cultura.

Miles de obreros de las más diversas nacionalidades trabajaron en el frigorífico que, en su época dorada, además de exportar carne se dedicaba a la producción de extracto de carne y del llamado "corned beef", carne de ternera enlatada que primero era tratada en salmuera y luego hervida en vinagre a fuego lento, conocida por ser el alimento de los soldados ingleses durante la Segunda Guerra Mundial.


Imagen de la oficina de la histórica planta de procesamiento de carne. 

"Este caso particular tiene todos los componentes: por un lado de desarrollo industrial y de mucho progreso pero también la contribución de Uruguay para la seguridad alimentaria en la Segunda Guerra Mundial de muchas tropas que luchaban contra el nazismo", dijo Lidia Brito, directora de Unesco en Uruguay.

Los habitantes de Fray Bentos, situada sobre la costa del río Uruguay que marca el límite con Argentina, celebraron la declaración de Unesco con un festejo popular y una recorrida por las instalaciones.

Familias enteras acudieron acompañadas de sus abuelos que habían trabajado allí y que explicaron a los más jóvenes la cadena de producción.

Belén Gadea se tomó una selfie con su abuela Ivis Saldaña, quien contó que la planta le daba a cada trabajador casi dos kilos de carne para que se llevara a casa todos los días. Como su esposo e hijo laboraban en el lugar, la familia recibía cuatro kilos a diario.


Belén Gadea (izq), se toma una selfie con su abuela Ivis Saldaña en el matadero de la planta.

"Ya no sabíamos qué hacer con tanta carne", dijo Saldaña.

José Osvaldo Bradford, de 94 años, que trabajó en la sección de enlatado y en la producción de extracto de carne, recordó: "la planta era una maravilla en su época".

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