21 de Febrero de 2018

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Protestas enmarca aniversario de la bomba atómica en Hiroshima

Mientras que en la ciudad se ultiman los detalles para honrar a las víctimas del atentado, en Tokio se programan manifestaciones contra el Gobierno.

Varias personas rezan por las víctimas de la bomba atómica, delante de un cenotafio, en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, en el oeste de Japón. (EFE)
Varias personas rezan por las víctimas de la bomba atómica, delante de un cenotafio, en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, en el oeste de Japón. (EFE)
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EFE
TOKIO, Japón.- Japón se preparó desde este miércoles para conmemorar el 70 aniversario del ataque atómico sobre Hiroshima, en medio de las continuas protestas contra el Gobierno nipón por impulsar la reforma militar y la inminente reactivación de centrales nucleares tras el desastre de Fukushima.

En Hiroshima (oeste del país) se ultiman los detalles para recibir este jueves, día del aniversario, a representantes de un centenar de países que participarán en el ceremonial que honra a las víctimas de la tragedia y que cada año hace un llamamiento a la paz y al desarme nuclear.

Mientras, en Tokio hay programadas protestas ante el Parlamento, donde está a punto de ser aprobada la reforma promovida por el Ejecutivo del primer ministro, Shinzo Abe, que por primera vez en 68 años permitirá a las Fuerzas de Auto Defensa (Ejército) operar en el extranjero y defender a aliados en caso de ataque.

La iniciativa llega después de que en 2014 el Gobierno realizara una polémica "reinterpretación" de la Constitución pacifista adoptada por Japón en 1947 a instancias de la ocupación estadounidense y que hasta ahora impedía al país el uso de la fuerza para resolver conflictos internacionales.

Por este motivo, tanto japoneses como ciudadanos de países vecinos que padecieron el yugo nipón hasta el final de la II Guerra Mundial estarán muy pendientes del discurso que pronuncie Abe durante la ceremonia.

Grupos antinucleares han comenzado ya a celebrar en Hiroshima sus congresos anuales, en los que participan "hibakusha", nombre que reciben en Japón los supervivientes

Este miércoles, la oposición nipona intentó arrinconar al ministro de Defensa, Gen Nakatani, durante su comparecencia en la Cámara Alta al preguntarle si la reforma prevista autorizará a Japón a transportar armas nucleares para sus aliados en caso de tener que asistirles militarmente.

Nakatani admitió que "técnicamente" así sería, aunque se apresuró a descartar dicha posibilidad esgrimiendo los tres principios nucleares adoptados por Japón en 1967 por los que el país no puede poseer, fabricar o albergar en su territorio bombas atómicas.

Otro factor que ha hecho perder popularidad al actual Gabinete en los últimos tiempos es su apoyo a la reactivación de centrales nucleares, todas ellas actualmente apagadas a raíz del accidente en Fukushima en 2011.

Según los sondeos, más de la mitad de los japoneses está en contra de la medida por temor a que se repita un episodio como el de Fukushima, y las manifestaciones antinucleares han sido también la tónica de los últimos meses en Tokio y otras ciudades.

Eso no será impedimento para que la central de Sendai (en el suroeste del país) empiece a funcionar en fase de pruebas el próximo 10 de agosto, tras superar los nuevos criterios de seguridad post-Fukushima impuestos por el regulador nipón.

Por otro lado, está previsto que a la ceremonia de Hiroshima acudan la embajadora de Estados Unidos en Japón, Caroline Kennedy, y la subsecretaria de Estado estadounidense para el control de armas y la seguridad internacional, Rose Gottemoeller.

Por momentos se albergó la esperanza de que Barack Obama sería este año el primer inquilino de la Casa Blanca en acudir a Hiroshima y Nagasaki, la segunda ciudad víctima de un ataque nuclear estadounidense al término de la II Guerra Mundial.

No obstante, Washington no ha descartado la idea de una visita antes de que Obama agote su segundo y definitivo mandato en 2017.

Grupos antinucleares también han comenzado ya a celebrar en Hiroshima sus congresos anuales, en los que participan "hibakusha", nombre que reciben en Japón los supervivientes de los ataques nucleares, y activistas de diversos países.

Para la ceremonia de este año, la ciudad espera también una afluencia récord de periodistas y turistas, algo patente por la subida de tarifas hoteleras para las escasas plazas que quedan disponibles.

El memorial se celebrará en el Parque de la Paz de Hiroshima y arrancará con un minuto de silencio a las 08:15 hora local (23:15 GMT del miércoles 5 de agosto).

Es la hora exacta en la que fue lanzado el 6 agosto de 1945 "Little Boy", nombre con el se bautizó a la bomba, que detonó muy cerca de donde hoy se erige hoy el Parque de la Paz.

La explosión acabó de forma inmediata con la vida de unas 80 mil personas, aunque este número aumentaría hacia finales de 1945 hasta los 140 mil, y se incrementaría aún más en años posteriores a causa de los efectos de la radiación.

El documental de una profesora mexicana

 aún son muchos los relatos de este drama que permanecen inéditos ante el silencio impuesto por la censura o el miedo y a los que un documental quiere ahora dar voz.

La obra, dirigida por la profesora Silvia Lidia González, de la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda (KUIS), titulada Las voces de los pájaros de papel, busca mostrar una perspectiva más amplia sobre lo que hay "debajo del hongo atómico" y plantear así nuevas reflexiones, cuenta la académica mexicana.

El primer episodio del documental, que está en fase de edición y se podrá ver en el Instituto Cervantes de Tokio en diciembre próximo, da voz a "gente que no tuvo oportunidad de hablar" dentro del colectivo "hibakusha".

Este es el nombre que reciben los supervivientes de los ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki (el 9 de agosto), los cuales, a causa de la desinformación orquestada por las autoridades en torno a los efectos de las bombas, han sido en Japón marginados y tratados como víctimas de una enfermedad contagiosa.

"Los que dan voz al drama de los "hibakusha" (cuyo número actual ronda de 180 mil a 190 mil) pueden ser apenas 100" por ese miedo a la discriminación que ha mantenido a la mayoría en la sombra, explica González.

El segundo episodio ofrece los dictámenes del sector académico sobre las estrategias de desinformación que han rodeado "no solo a las armas atómicas si no también a la energía nuclear" desde 1945.

Parte del germen de este filme viene del libro de González Hiroshima, la noticia que nunca fue (Editorial Venezolana, 2004).

El volumen es un exhaustivo estudio de cómo el silencio y la manipulación impuestos sobre la prensa en la época por los gobiernos de Japón y EU impidieron que el primer ataque nuclear de la historia, "que debió ser la noticia de mayor impacto en el siglo XX", llegara a ser verdadera primicia.

Para ello, González buceó en busca de material desclasificado en los Archivos Nacionales de Washington, en la Biblioteca del Congreso de EU, en la Biblioteca Nacional de la Dieta nipona, así como en las valiosísimas compilaciones de textos censurados de la Colección Prange que aloja la Universidad de Maryland.

"Es imposible contabilizar el volumen de material que fue censurado. Son miles de cajas en las que uno se encuentra desde cartas que nunca llegaron a su destino hasta artículos que no pasaron una primera criba o que fueron retirados estando ya en galeradas", detalla la académica.

En Japón, del silencio inicial impuesto por el gobierno imperial, donde solo se mencionaba un "nuevo tipo de bomba" y se obvió el uso del término "atómico", se pasó, tras la rendición, al código de prensa impuesto casi de inmediato por la ocupación de EU el 19 de septiembre de 1945.

Aunque no hubo una cláusula concreta sobre los bombardeos, se evitó la circulación de todo contenido considerado crítico por el Comando de las Fuerzas Aliadas liderado por el general de EU, Douglas MacArthur.

Esto incluyó la censura en Japón hasta el fin de la ocupación (1952) de revistas médicas sobre los efectos de la radiación en los sobrevivientes.

La tercera parte de la obra explora el exilio forzado de muchos "hibakusha" y la vasta producción cultural que los bombardeos generaron en regiones como Iberoamérica, donde muchos artistas cubrieron, en forma de novela, canción o poema, el vacío generado por la censura.

El hilo conductor del filme son las reflexiones de una joven de Fukushima cuyo abuelo, un "hibakusha" de Hiroshima, desapareció engullido por el tsunami de marzo de 2011 que arrasó su región y desató allí uno de los peores accidente nucleares de la historia.

"Hasta 2011 esta chica nunca había pensado realmente en lo que vivió su abuelo. Y ahora el miedo de la gente en Japón a lo nuclear ha retornado con Fukushima", una tragedia en la que González intuye "que también se ha ocultado información".

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