Pese al enojo de oponentes, Trump celebra las primeras 200 millas del muro

Para los nativos americanos la construcción está destruyendo hábitats naturales importantes.

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Donald Trump celebrará la construcción de las primeras 200 millas del muro fronterizo en Arizona. (Foto: AP).
Donald Trump celebrará la construcción de las primeras 200 millas del muro fronterizo en Arizona. (Foto: AP).

Phoenix.- El presidente Donald Trump celebrará el martes en Arizona la construcción de 322 kilómetros (200 millas) de muro a lo largo de la frontera sur, en una zona donde las cuadrillas han construido decenas de kilómetros de vallas nuevas en medio de un brote de coronavirus y de protestas de oponentes que dicen que la construcción está destruyendo hábitats naturales importantes.

Trump estará acompañado por el secretario interino de Seguridad Nacional Chad Wolf, quien estuvo presente en Yuma en enero para celebrar la construcción de 161 kilómetros (100 millas) de muro. Wolf dijo que el sistema del muro era un “impedimento innegable a los contrabandistas y otros criminales que se han aprovechado de nuestra falta de infraestructura fronteriza para traficar drogas, productos ilícitos y participar en la trata de personas”.

De momento no está claro qué parte del sector de Yuma visitará Trump, el cual está cerca de la frontera entre California y Arizona, y la Patrulla Fronteriza rechazó proporcionar detalles el lunes. Sin embargo, Yuma ha sido un lugar importante para la promesa de Trump sobre construir un muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos.

El lunes por la tarde, el mandatario tuiteó que celebrará la “construcción de la 212ava milla”, ofreciendo un número distinto al proporcionado horas antes por los funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional en un comunicado de prensa.

La dependencia informó que ha completado la construcción de 98 kilómetros (68 millas) de muro fronterizo y planea construir otros 175 kilómetros (109 millas) en esa zona escarpada de desierto. Gran parte de la valla nueva tiene 9 metros (30 pies) de altura.

El gobierno de Trump ha prometido construir un muro fronterizo de 724 kilómetros (450 millas) para fin de año, ayudado por leyes de adquisiciones relajadas que permitieron que el gobierno otorgara contratos a compañías de construcción sin mucha revisión. El gobierno ha otorgado contratos de construcción por un monto total superior a los 6,100 millones de dólares desde abril de 2019, de acuerdo con The Project On Government Oversight, un organismo supervisor independiente y apartidista.

La construcción no ha parado pese a un brote de coronavirus que ha tenido graves repercusiones en la zona de Yuma, y en medio de la oposición de ambientalistas y pueblos de nativos norteamericanos.

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“El muro fronterizo racista de Trump ha dejado una cicatriz en nuestras tierras públicas, destruido sitios culturales de pueblos indígenas y llevado a la vida silvestre más cerca de la extinción”, dijo Brett Hartl, principal estratega político del Fondo para Acción del Centro para la Diversidad Biológica. “Con la economía del país destrozada y los casos de coronavirus aumentando en Arizona, su visita es un acto de campaña barato que sólo revela lo alejado de la realidad que está”.

La pandemia de coronavirus no está frenando los planes de más barreras fronterizas en otros sitios.

En el sur de Texas, donde la mayoría de la tierra fronteriza es propiedad privada, el Departamento de Justicia ha demandado a decenas de terratenientes para medir o confiscar sus propiedades para la construcción del muro, incluido un orfanato operado por monjas en Laredo.

Las cuadrillas de trabajo han construido varias secciones pequeñas, pero no están cerca de completar el muro a través de Laredo o Río Grande Valley, el punto más al sur de Texas. Casi todo el territorio estadounidense junto al río Bravo, el cual separa a Texas de México, todavía no tiene un muro.

Incluso sin el muro, los cruces fronterizos han disminuido drásticamente en Rio Grande Valley desde finales del año pasado debido a una serie de cambios de políticas implementados por el gobierno de Trump.

En el lado sur del río Bravo, miles de solicitantes de asilo viven en albergues, iglesias y un campamento de refugiados mientras esperan sus casos en los tribunales de inmigración. Otros han sido expulsados a sus países de origen sin el debido proceso debido a un cierre fronterizo de emergencia que entró en vigor por la pandemia de coronavirus.