23 de Septiembre de 2018

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'Aprender a morir cada día'

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“No tengo ningún deseo de ser la persona más rica del cementerio”, es una frase de Picasso, y la completaba con otra: “No conozco ninguna persona más feliz que yo”. El día de hoy, ¿deseas ser la persona más rica del cementerio, o la más millonaria del hospital?

En el transcurrir de los años he aprendido que la vida, la plena, tiene que ver con estar rodeado de las personas que quiero, el gozar de salud y ser feliz (dicho sea de paso, nadie es feliz todo el tiempo, excepto en las películas), así como estar enfocado cada día hacia mi pleno potencial, desempeñando el trabajo que me gusta, y dejar huella en el mundo que me rodea. Siento que con estos pensamientos podemos llenar nuestra existencia en plenitud.

Pero, ¿cómo podemos estar concentrados en las cosas que son más importantes para uno, en medio de las presiones de la vida cotidiana? La respuesta es simple: “pues muriendo diariamente”.

No hay que perder de la mira el hecho de que la vida es corta y nadie sabe cuándo acabará. Esta es una estupenda costumbre para centrarse en las prioridades de cada uno. Buena es la frase que se leía en un bello jardín japonés: “Goza la vida, pues es más tarde de lo que imaginas”. Nadie sabe el día ni la hora, pero hay que saber que lo único seguro es... ¡la muerte!

Tenemos que levantarnos cada mañana y preguntarnos: ¿cómo me presentaría si este fuera el último día de mi vida? No es una frase hecha al azar, sino es un método profundo para llevar cierto sentido de urgencia y compromiso con nuestra vida.

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que va al cielo quiere morir para llegar hasta allí. Sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella jamás, y así es como debe ser, porque la muerte es, sin duda, el mejor invento de esta vida.

El siguiente párrafo es del autor motivacional Robin Sharma: “Conéctate todas las mañanas con tu mortalidad; luego, entrégate en brazos de la vida. Vive como si el mañana no fuera a llegar. Corre algunos riesgos. Abre tu corazón un poco más. Di lo que piensas. Muestra respeto por el don de la vida que te ha sido dada. Brilla intensamente. Persigue tus sueños y despiértate cada mañana para llegar un poco más alto”.

Creo que son unos maravillosos consejos para vivir cada día y vivirlo en plenitud. Y yo agregaría otros pensamientos: “Preséntate hoy al trabajo lleno de un contagioso entusiasmo”. “Sé increíblemente vigoroso y totalmente perspicaz”. “Ve el lado bueno de los demás”. “Descubre la oportunidad de aprender y de evolucionar de lo que parece un contratiempo”. “Acepta los cambios como una oportunidad para crecer”. “Di a tus seres queridos que los amas”. “Reparte un poco de pasión a tu pareja”. “Si no puedes controlar todo lo que te pasa, trata de hacerle frente a tus problemas con optimismo, ánimo y decisión”.

Tengo un reto que proponerte: ¡Aprende a morir cada día! Cuando llegue el final de tu vida, la gente te recordará como uno de los grandes. Y tu funeral será una celebración. 

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