14 de Noviembre de 2018

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Aspiraciones de la vejez

Hay días en los que escuchar historias es parte del aprendizaje diario, y precisamente quiero compartirles...

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Hay días en los que escuchar historias es parte del aprendizaje diario, y precisamente quiero compartirles una de esas vivencias que nos marcan la vida.

Por alguna razón del destino me enteré que la señora Pilar tiene un caso especial: Vive en una casa con su madre que rebasa los 90 años y que se encuentra en silla de ruedas; su hermano, que tiene entre 70 y 75 años, con un problema de salud muy severo que requiere de cuidados especiales,  prácticamente con atención medica 24 horas, y finalmente ella, con una edad promedio de 60 años, es decir, tres habitantes enlazados por su árbol genealógico, adultos mayores, que comparten un hogar con todas sus desventuras  y con la fortuna de aún estar juntos.

A raíz de una caída que dejó sin movimiento a su hermano, Pilar llamó para pedir ayuda, ya que ella sola no podía acomodarlo en su sillón habitual,  pues siendo una señora con años encima, le era imposible realizar semejante esfuerzo.

Después de gestionar con amigos, fundaciones y todo un proceso para que su hermano pudiera estar en mejores manos, logramos acomodarlo en un espacio que le daría una nueva oportunidad de vida y de alguna manera ayudar a Pilar aligerar la pesadez que no la dejaba dormir, pues su responsabilidad por estar más sana que sus amores era y sigue siendo una preocupación.

Hoy su hermano se encuentra en una de las fundaciones de Cancún que nos abrieron las puertas para atenderlo y darle una calidad de vida digna de un adulto mayor, cuidado, pues sufrir no estaba en su camino en esta etapa de vejez.

La curiosidad de encontrar datos acerca del valor de ser viejo me llevó a leer lo que significaba para las culturas de la zona serlo, y es que “desde la antigüedad el papel o significado de ser un anciano tiene un valor por sí mismo. Para la cultura Maya son las principales personas con experiencia, que orientan, abren o señalan el destino. Por lo general han ‘servido a la comunidad o al pueblo’ y por ello tienen historias y prestigio. Por eso pueden aconsejar, resolver problemas difíciles y guiar a la comunidad en la que viven. También se les llama ‘guías espirituales’ o ‘sacerdotes mayas’, pues conocen los secretos de la cultura”.

Históricamente puede escucharse muy poético hablar del valor que una cultura le da a los ancianos o adultos mayores, pero en la realidad hay historias como la de Pilar que son más comunes que de lo que parece. Poseer juventud, dicen, es la joya de la vida, y es perfectamente entendible porque se tiene la vitalidad y energía, para hacer todo lo que uno se proponga, el problema surge cuando nunca piensas en que un día serás viejo, que tu cuerpo tendrá 70, 80 o 90 años y como siempre, no se tiene en cuenta que falta mucho tiempo para eso; carecemos de una cultura en la que no nos preparamos para esa etapa. La realidad es que hoy en día, ser un adulto mayor implica pasar por muchas dificultades sociales, culturales, económicas y de salud.

En la legislación mexicana se establece que los adultos mayores tienen derecho a gozar de igualdad de oportunidades, que les permita tener un ingreso propio para cubrir las necesidades de la edad y sobre todo recibir protección en todos los ámbitos. Y están en la ley porque pertenecen a los grupos vulnerables entre nuestra sociedad.

Según un estudio denominado “Los adultos mayores en México, perfil sociodemográfico al inicio del siglo XXI”, la vulnerabilidad social se relaciona con grupos específicos de población que se encuentran en situación de “riesgo social”, debido a factores propios de su ambiente doméstico o comunitario. Estos grupos son más propensos a experimentar diversas formas de daño por acción u omisión de terceros o a tener desempeños deficientes en esferas clave para la inserción social. Los individuos que conforman estos grupos comparten algún atributo básico común, como la edad, condición étnica o localización territorial, lo que se supone genera problemas similares.

Por su edad, limitaciones sociales, capacidad de movilidad, contratación de un empleo, demanda de servicios médicos, entre otros factores, los ancianos son un grupo que hoy en día preocupa de verdad, porque hasta el 2005 México poseía un 50 por ciento de población joven, sin embargo, para este 2014 la cifra va en aumento.

Según los últimos censos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en los últimos 10 años, en la estimación de que en México habitan 97.5 millones de personas, alrededor de 3.7 millones son mujeres de 60 o más años y 3.3 hombres que corresponden a la misma edad. Ante este panorama hay mucho de qué  hablar, pues todos compartimos a seres que son más que guías de la vida y narradores natos de experiencias, que pueden ser nuestros abuelos o nuestros padres. Pero, ¿qué importancia tienen hoy en día los ancianos para la comunidad en la que vivimos? ¿Qué pensamos quienes aún no rebasamos los 30 años? ¿Realmente nos enseñan o nos han dado una educación basada en planear la vejez? Así como éstas surgen muchas otras preguntas, pero desde mi punto de vista cuando uno entra a la escuela por primera vez y egresa de ella, sí analizamos los años que pasamos en planteles educativos, en ninguna clase, que yo recuerde, nos hablan de que deberíamos planear o tener un plan de vida, pues llegaremos a la vejez en algunos años. Por ello considero  que desde el nivel escolar se puede orientar a los estudiantes para que se valore la importancia de pensar en la vejez, y en sus consecuencias por no planear, que todos vamos al mismo rumbo.

Desde mi espacio de trabajo me he encontrado asociaciones civiles que se preocupan por la realidad de los ancianos y gestionan recursos con otros organismos que trabajan a nivel federal, estatal y municipal para atender a este sector vulnerable que cotidianamente es descuidado, abandonado y marginado tanto laboral como emocionalmente.

Tengo el gusto de conocer el proyecto “La Abueteca”, una fundación con espíritu fuerte que lucha contra viento y marea por ayudar a los adultos mayores que sufren por falta de alimentación y medicamentos. La labor altruista de este organismo traspasa fronteras y se ayudan a más de 200 ancianos, debido a que han sido marginados o abandonados por sus familias.

Otro de los espacios que también merece mi reconocimiento por las historias que ahí se comparten y por el desarrollo grupal en el que los ancianos se sienten ocupados, es el “Club de los Años Dorados”, espacio que ha ido construyendo poco a poco sus cimientos y procura integrar a los adultos mayores en una dinámica de apoyo mutuo.

También quiero destacar la labor de “El hogar de los ancianos”, en Ciudad de la Alegría, porque el gran trabajo que hace la comunidad católica que los cuida, es sin duda esperanzador y se les protege como si fueran parte de una familia.

Así como estas asociaciones deben existir otras en Cancún enfocadas a ayudar. Yo sólo les comparto desde mi experiencia algunas con las que he tenido contacto y me consta la labor que realizan.

Los esfuerzos deben ser titánicos porque este sector cada día va creciendo más y más, cada vez vamos conformando un país con más tasas de vejez que de nacimientos. Precisamente en este sentido, los gobiernos han desarrollado iniciativas que de alguna manera buscan apoyar a los adultos mayores, tal es el caso de la Secretaria de Desarrollo Social, a través del programa “Pensión para Adultos Mayores”, que atiende a las personas adultas mayores de 65 años en adelante, y tiene cobertura a nivel nacional. Los beneficiarios reciben apoyos económicos de 580 pesos mensuales con entregas de 1,160 pesos cada dos meses; también participan en grupos de crecimiento y jornadas informativas sobre temas de salud y obtienen facilidades para acceder a servicios y apoyos de instituciones como el Inapam, además de aquellas que ofrecen actividades productivas y ocupacionales.

Seguramente algunos adultos mayores desconocen cómo bajar estos recursos que podrían significar una ayuda o incentivo económico, tomando en cuenta que en la vejez es muy difícil aspirar a la etapa laboral.

A pesar de que hay asociaciones civiles y programas sociales en todos los niveles de gobierno, aún no es posible dar una cobertura total a los ancianos. Sigo encontrando casos de violencia al interior de las familias que por una falta de educación o respeto por ellos, abusan y dañan su integridad física y moral, creando absurdos pensamientos de que son personas inútiles o una carga.

También hay algunos que por su edad o situación médica es imposible que puedan trabajar, y ante estos casos lo único que se puede hacer es reflexionar hacía dónde lleva el país a sus adultos mayores.

No estamos preparados para enfrentar el crecimiento y demanda particular de nuestros abuelitos; no tenemos que ser analistas o expertos en el tema para ubicar esa realidad, pues como les digo, a diario hay situaciones que me enlazan con el sufrimiento y con las esperanzas de ese sector tan vulnerable y tan especial.

Finalmente lo que debemos considerar los jóvenes es que algún día llegaremos a esa etapa de la vida y debemos ir planeando hacía dónde y cómo nos proyectaremos, no estar tan alejados de la realidad, no estar tan alejados de lo que será nuestra realidad.   

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