16 de Noviembre de 2018

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Piel negra, vida inmaculada

La reconciliación y el perdón fueron la respuesta de Mandela a estos años de injusto encierro en los que su carismática personalidad fue creciendo.

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Iglesias, mezquitas, sinagogas y demás templos religiosos unieron sus oraciones ante la muerte de un hombre que sólo profesó una religión: la libertad. Todas las ideologías políticas y  todas las culturas de este planeta  han guardado cuando menos un minuto de silencio en reconocimiento a la obra de este hombre de piel negra y sonrisa conciliadora, que encarnó las más elevadas virtudes del género humano y que fue capaz de mejorar el mundo que le tocó vivir.

Nelson Mandela nace en1918 en un país dominado por una minoría blanca ignominiosamente racista, donde los derechos de los negros eran inexistentes, viviendo prácticamente una esclavitud masiva. Mandela pertenecía a una familia prominente dentro de su tribu, permitiéndole tener una formación académica -fue abogado-. “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar al mundo”, diría y cuánta razón tenía; desde temprana edad luchó por la libertad, para que Sudáfrica su nación fuera justa e igualitaria.    

Su lucha fue inspirada en un gigante del pacifismo: Mohandas Gandhi, a quien mucho admiraba, sin embargo “cuando decidimos tomar las armas fue porque la única opción restante era rendirse y someterse a la esclavitud”. Fue acusado de sabotaje y terrorismo, condenándosele  a cadena perpetua, este encarcelamiento puso los ojos del mundo sobre su causa, aumentando su fama de comprometido líder social y la presión internacional lo liberó 27 años después. “El perdón libera el alma, elimina el miedo por eso es una herramienta tan poderosa”. 

La reconciliación y el perdón fueron su respuesta a estos años de injusto encierro en los que su carismática personalidad fue creciendo  mundialmente, al término del apartheid hubo elecciones democráticas en Sudáfrica, y fue electo como el primer presidente negro. “En este país primero se es preso y luego presidente” y como  deseaba una convivencia multirracial pacífica, llamó a su país “Nación arcoíris”. 

El sacrificio y los esfuerzos de Mandela no sólo cambiaron a Sudáfrica sino también al mundo, recibió más de 200 premios internacionales entre los que destaca el  Nobel de la Paz, que compartió con Frederik de Klerk, con quien puso fin al apartheid e inició la transición democrática y luego fue su vicepresidente. 

Monumentos, calles, escuelas y fundaciones honran su memoria. Casi todos los grandes luchadores sociales mueren jóvenes, Mandela tuvo la suerte de ser joven durante 95 años, hasta que la vida lo llevó a la inmortalidad.

El  féretro de Madiba fue acompañado por numerosos jefes de estado, de los cuales algunos aún someten, corrompen, espían, engañan, roban y asesinan, aunque todos ellos, incluyendo a los políticos mexicanos, expresaron profunda admiración por su legado, pero ¿cuántos  podrían ser suficientemente honestos y sacrificados para continuar la obra de este hombre imprescindible?

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