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En el camino que me ha llevado a escribir esta columna, participar en un programa de radio y ocasionalmente ofrecer alguna charla en diversos foros, mis amabilísimos lectores y oyentes me han obsequiado algunas satisfacciones personales, que remuneran con amplitud el tiempo dedicado. Uno nunca sabe, hasta que te lo dicen, el impacto que tienen tus palabras en alguien que leyó o escuchó tus opiniones.

Hace un año, una organización que fomenta el emprendedurismo en jóvenes estudiantes me solicitó participar con una charla en uno de sus eventos. Les hablé de la economía circular y las energías renovables. Una joven colaboradora de la organización anfitriona, que ayudaba con la logística, me envió un mensaje esta misma semana para decirme que entre lo que ahí presenté de renovables, y el haber seguido mis columnas durante este año, se sintió inspirada para conocer más, y despertó en ella el sueño de estudiar la carrera de Ingeniería en Energías Renovables.

El enorme desafío al que se enfrentan muchos jóvenes de hoy, a quienes la necesidad económica de sus familias les obliga a incorporarse cuanto antes al mercado laboral y abandonar o posponer sus sueños de estudiar una carrera profesional, estaba pesando en su ánimo. Pero me comenta que durante esta suspensión de actividades por la pandemia del Covid-19, ha tenido oportunidad de reflexionar al respecto, y convencerse más que nunca de la importancia que tienen las energías renovables, no sólo para satisfacer de manera confiable y segura las necesidades energéticas de la humanidad, sino porque significan poner fin a las emisiones contaminantes que están encaminando al planeta a un destino que lo volvería inhabitable, y constituyen la mejor oportunidad de enfrentar esta crisis climática que nos amenaza.

Con estos pensamientos, y muy emocionada, llegó a la conclusión firme de que, apenas pudiéramos todos regresar a nuestras actividades cotidianas, encontraría la manera de matricularse cuanto antes en la carrera de energías renovables. Pero, ahora que se entera que nuestro gobierno federal desprecia los enormes beneficios de las energías limpias y busca entorpecer su despliegue, se siente desanimada al pensar que esto pudiera significar el fin de las energías renovables en México y acude a mí en busca de consejo.

Le dije, y aprovecho para decirlo a todos los jovenes de México, que no renuncien a sus anhelos ni pierdan la esperanza. Las equivocadas decisiones de nuestro presidente sin duda significan un duro golpe, pero no podrán acabar con las energías renovables. Tanto quienes estamos en el sector, como la comunidad local y global que sabe de sus beneficios, haremos nuestro trabajo y lo haremos bien para asegurarnos de que el futuro sea luminoso y radiante para las energías renovables y para el planeta. Me agradeció el consejo, y prometió con renovado ánimo que hará lo que tenga que hacer para que las energías limpias logren su cometido.

¡Joven mexicano, sigue tu vocación, tu intuicíon y tu corazón, no te arrepentirás!