Covid-19 sigue “dando lata” a los yucatecos

A pesar de su baja incidencia, se reporta que quienes hayan contraído coronavirus podrían padecer afecciones cardíacas.

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El Covid-19 dejó una estela de enfermedades secundarias.
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Aunque la infección por el coronavirus SARSCoV-2, causante de la enfermedad conocida como Covid-19, este año al declararse el fin de la pandemia sólo registra en Yucatán 5 mil 293 casos positivos (2 mil 216 hombres y 3 mil 77) al corte del 11 de noviembre, cifra que es 91.2% menor a la que se registraba el año pasado que al mismo periodo era de 60 mil 147, especialistas alertaron acerca de daños al corazón como secuela del padecimiento.

El doctor Mouaz Al-Mallah, autor de un estudio reciente y director de PET cardiovascular en el Hospital Houston Methodist, afirmó que los pacientes infectados con las variantes beta y delta de Covid-19, y aquellos que requirieron hospitalización por la infección de este padecimiento tienen más probabilidades de experimentar problemas cardíacos asociados a un coronavirus prolongado.

Entrevistado por videoconferencia, explicó que el estudio, publicado en el European Heart JournalCardiovascular Imaging, reveló que los pacientes que se recuperaban de la variante Ómicron tenían menos probabilidades de tener afectación microvascular.

“Estos nuevos datos amplían nuestra comprensión de la reserva de flujo miocárdico como un marcador importante tanto en general como específicamente para Covid-19. Esta es una buena noticia para las personas que tuvieron Ómicron y están preocupadas por el Covid prolongado.

Sin embargo, los pacientes con síntomas persistentes, como dolor en el pecho o dificultad para respirar después de una infección grave, pueden hacerse una tomografía por emisión de positrones (PET) con evaluación del flujo sanguíneo para detectar alguna disfunción microvascular”, apuntó Al-Mallah.

El investigador, quien también es el actual presidente de la Sociedad Americana de Cardiología Nuclear indicó que el estudio también encontró que la disfunción microvascular comenzó a observarse con menos frecuencia después de nueve meses a un año después de la infección, lo que sugiere que este tipo de anomalía podría ser reversible.

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