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Hace unos años la revista Science publicó un artículo que tenía como título “Una mente divagante es una mente infeliz”. El contenido estuvo basado en un estudio realizado a un grupo de personas a las que se les interrogó acerca de lo que les causa felicidad e infelicidad en su vida, como resultado de la investigación se concluyó que las personas que se pasaban el tiempo suponiendo, imaginando, pensando y entablando constantes diálogos interiores sobre asuntos y circunstancias que ni siquiera habrían ocurrido, eran individuos muy infelices.

Según el budismo todos los seres humanos vivimos con un mono interior, el cual reclama de manera constante nuestra atención, para lograrlo se comporta de modo escandaloso haciendo todo lo posible por mostrar su presencia, por ello chilla y brinca alertándonos y recordándonos todos aquellos miedos que nos sacan de control.

El mono se desvive por ser visto, entonces busca de forma exagerada que se le note, a veces lo logra saltando de rama en rama, acostumbra ir entre el pasado y el futuro, creando olas que al final terminan como tormentas de estrés y ansiedad, cuando en realidad nada ha sucedido, simplemente es el mono mental que se está manifestando para hacerse notar.

Y allí estamos nosotros, con el calmante en la mano, buscando soluciones para problemas que todavía no existen, luchando contra el simio inquieto, intentando domarlo, en realidad no es fácil lograrlo, pero tampoco es imposible.

Para empezar, tenemos que aprender a domesticarlo, es importante que aprenda a estar quieto, hay que recordar que él vive en nosotros y eso nos permite tener el control. Cuando su rutina de saltos comience debemos darnos un respiro y observarlo, escucharlo, analizar los argumentos de su escándalo: de dónde vienen, qué significan para nosotros, por qué le damos tanta importancia, cómo estamos tan “seguros” de que va a ocurrir aquello que está trayendo a nuestra mente.

Como todo en la vida el mono es capaz de crecer si se le alimenta y si encuentra las condiciones óptimas para subsistir, depende de nosotros que eso suceda. La respiración es una buena manera de distraer a cualquier tipo de chango mental, es una excelente forma de lograr que se detenga y deje de moverse. Y es justo en el momento de practicarla que debemos comenzar a cuestionar sus argumentos.

Tal vez suene muy trillado, pero cada vez que la ansiedad y el estrés lleguen a ti y comiencen a saltar de rama en rama intentando robar tu paz, te recomiendo que calmes tu mente inhalando y exhalando, llevando un poco de respiración a ese mono mañoso que intenta manipular tu felicidad. Serénate, ubica aquello que te genera nerviosismo, míralo, analízalo, obsérvalo y cuestiónate qué lo hace tan probable, qué te hace pensar que eso sucederá.

Y para finalizar te voy a dar un consejo, cuando el mono mañoso se haga presente, aprovéchalo para desarrollar tu creatividad.

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