23 de Octubre de 2019

Opinion

Urge revalorar la educación

El Poder de la pluma

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En la antesala de la aprobación de un nuevo modelo educativo que sustituya por completo a la actual reforma educativa de Peña Nieto, siempre flotará en el aire la cuestión: ¿Qué se requiere para la mejora en la educación?

La respuesta no es tan sencilla como parece ser, ya que son muchos y diversos los factores que intervienen en un proceso educativo, entre ellos: humanos, políticos, económicos, sociales y legales, pero, ¿cómo se pueden amalgamar tantos intereses, tan encontrados en algunos casos, y pensar en términos de educación?

Existe infinidad de libros, manuales y métodos sobre aprendizaje, razonamiento, pedagogía y didáctica, que aportan gran cantidad de ideas y estrategias que se pueden trasladar al aula, además de las teorías propias de cada docente sobre el proceso de la enseñanza y el aprendizaje; sin embargo, en México la política educativa es que se debe aprender por ley o por decreto.

Quienes conocen bien cómo funciona el sistema educativo saben que el maestro, cada día, es abrumado por las disposiciones provenientes de la cúpula gubernamental, es decir, de la burocracia, de donde provienen las decisiones que involucran tanto al maestro como al alumno.

En un sentido más claro, aunque en la educación intervengan varios agentes externos, son los alumnos y el maestro los actores de mayor importancia, y cualquier reforma que se pretenda implementar deberá estar enfocada directamente hacia ellos y a través de una mejora continua acompañada por la sociedad, gobierno, recursos e infraestructura, de tal manera que deberá estar exenta de intereses políticos; de ahí que las últimas reformas se han decretado una por sexenio, lo que confirma que lo hecho hasta entonces no sirve y confirma, a su vez, la inoperancia de lo que sigue.

Concluyamos: el alumno no adquiere el hábito del trabajo y los conocimientos porque lo dice el Artículo 3º Constitucional, aun con todas sus reformas y derogaciones, el maestro no será mejor si está afiliado a un sindicato nacional o participa en marchas y manifestaciones violentas para mejorar su salario, tampoco el alumno será mejor porque en la estadística aparezca como destacado y sea parte de una gráfica que dice que el índice de egresados tiende a la alza.

Una verdadera reforma sustancial deberá tener la visión integral de la mejora en todos los aspectos de la educación, pero además deberá centrarse en las necesidades reales de los alumnos, de los maestros, de la misma escuela y la comunidad que la conforma, entendiéndose todo esto como bien común.

En la educación no hay, no debe haber modas, sino el diseño de estrategias eficientes que desemboquen en el aprendizaje real, debe ser competente para generar competencias en el alumno, y el maestro, agente esencial en ello, debe ser valorado como responsable de la educación y no como culpable del fracaso de una reforma de escritorio.

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