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Esta vez no hubo homenajes, el festejo por el Día del Maestro quedó atrás, sin embargo, la labor de los docentes mexicanos durante esta pandemia no debe pasar desapercibida. Ellos, desde su trinchera, han puesto todo su empeño y dedicación para mantener la instrucción de millones de niños y jóvenes trabajando en distintas plataformas virtuales para que continúen con su aprendizaje fuera de la escuela. No les ha importado la dificultad de su labor en línea, saben de las grandes carencias en el hogar y la falta de equipos para que los niños accedan a sus clases; son grandes hombres y mujeres comprometidos con su sociedad, no buscan los reflectores, su mayor satisfacción será concluir el ciclo escolar a pesar de todos los obstáculos, ellos son los maestros que México necesita. Enseñar en tiempos de pandemia es difícil, el proceso se hace en silencio con la invaluable ayuda de los padres, todos cooperan, se comprende que estamos en el mismo camino, pero con realidades distintas, no es hora de quejarse, es tiempo de construir con la premisa de que los niños y jóvenes son el futuro de este país.

Nuestra realidad social muestra varios rostros, uno de ellos es la profesión del educador, para él, la crisis adquiere un significado distinto en la construcción social. No son diferentes, son personas comunes que comprenden su dependencia de otros actores sociales de la comunidad. La situación pone en primer plano la supervivencia de las personas y es aquí donde se les presenta el conflicto; por una parte, su responsabilidad de enseñar, por la otra, una persona con responsabilidad comunitaria involucrada en las interacciones familiares, un reaprender en crisis tomando en cuenta los contextos para comprender el pensamiento de la mayoría de familias donde sostienen la vida en días de confinamiento, sin duda, su labor no es fácil.

Son tiempos de oportunidad para reconstruir la relación escuela-comunidad, esta realidad nos hace reflexionar y pensar en el ahora, en la salud física, pero también la emocional de las personas. Que las familias no se preocupen si sus hijos perderán el año escolar, eso no va a suceder. Al final, la escolarización seguirá su curso y todas las familias habrán “aprobado” con otros saberes y conocimientos adquiridos en el confinamiento, al final, todo será memoria histórica, recuerdos que permitirán transformar en la crisis el proceso educativo.

Es momento de que los docentes cuestionemos: ¿Existe o puede existir educación sin las aulas? ¿Cómo pensamos la formación de los estudiantes en condiciones de confinamiento y distanciamiento? La tarea es proponer, transformar y cambiar, sin olvidar que los niños regresarán a clases en algún momento, aunque la experiencia habrá cambiado a las generaciones, pronto regresaremos. Desde estas líneas, extiendo un merecido reconocimiento y felicitaciones a todos los trabajadores de la educación por el Día del Maestro, el festejo vendrá después, ahora “Quédate en casa”.