22 de Enero de 2019

Opinion

Crónica de una culta visita

El Poder de la pluma

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El 4 de enero me presenté a la Sedeculta a renunciar. Inicié como maestra del Cecuny en el 94. Posteriormente trabajé en el C.C.O., en Artes Escénicas, en la ESAY.

En el Cereso, donde en 2017 monté una obra con las mujeres, misma que remonté con actrices yucatecas. En 2018 mi trabajo adquirió más resonancia en el extranjero, donde presenté mis obras e impartí talleres, por lo que, para apoyar mi trabajo en este último año, se me comisionó a ser jurado del Otoño Cultural y a proyectos específicos que me permitieran viajar, y como un reconocimiento a mi teatro porque representa a mi estado dignamente. Todo lo anterior con mi sueldo de empleada.

Con el cambio de administración, recibí llamadas de Sedeculta, expliqué que estaba ensayando 2 obras producidas por el Cervantino, pedí hablar con Erika Millet, pero no se pudo, en la última llamada me ofrecieron un pavo. A mi retorno, fui a renunciar e invitar a Erika al reestreno de mi obra. Nuevamente la respuesta fue negativa.

Expresé mi deseo de renunciar, me pasaron a la administración donde me ofrecieron reincorporarme. Me negué porque tengo proyectos importantes en la CDMX.

Entonces me dijeron: “Esta administración no va a apoyar a los artistas con trayectoria, va a formar a los que no saben para que un día sean tan importantes como tú”.

Me pasaron a recursos humanos, firmé el documento donde renuncio y eximo a la Sedeculta de cualquier compromiso laboral o económico.

La jefa de recursos humanos me dijo: “¿Y en México se ríen de tus chistes?”. Respondí que mis obras no son chistes y se entienden en cualquier lugar del mundo.

Sonreí, me dio los últimos 3 cheques y me fui. Comenté en mis redes: “Firmar el pasado para reafirmar el futuro”, porque no me pareció incorrecto firmar mi renuncia, ni que apoyen a los que no saben.

Lo que me pareció terrible fue la forma de expresarse de la jefa de recursos humanos y así lo dije en mis redes. ¡Ardió Troya! se lanzaron a descalificarme, dicen que llevo 30 años robando, recibiendo elevados salarios y que los amenacé de muerte, que por la ley de transparencia mostrarán las millonarias sumas que he recibido por 30 años, que me pagan rentas de lujo en la CDMX y todos mis viajes.

Lamento que duden que el trabajo de una artista yucateca es bien apreciado y pagado fuera de Mérida.
Dicen que estoy enojada porque me negaron apoyo.

No pedí ningún apoyo, no pedí que me mantuvieran como empleada, no pedí finiquito por mis 24 años de servicio, ni prejubilación.

¡Es más, no pedí ni el pavo! Lo único que pido es que respeten una de las expresiones más preciadas de nuestro pueblo: el teatro regional.

No tengo nada personal contra Erika Millet, a quien no conozco. La invito a nuestro estreno el 31 de enero en el Centro Cultural Helénico.

Honestamente, al ser mujer la representante de cultura, al estar viviendo las mujeres cosas tan terribles, y al ser mi trabajo un espacio para hablar de violencia, discriminación y las mestizas yucatecas, creí que habría un mínimo interés para conocerlo, lamento que no sea así.

No omito que toda acción a favor del teatro, aun cuando no me favorezca, será de enorme gusto promoverla.

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