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El ensayo nuestra América que publicó José Martí en México, el 30 de enero de 1891, en el periódico El partido liberal, cumplió 130 años de representar la síntesis de nuestra historia escrita desde lo profundo del espíritu libertario que ha dado forma a las voces que reclamaban una segunda y definitiva independencia para nuestros pueblos y expresan el ideal de un nuevo orden continental.

Esta obra magistral y vigente reúne lo significativo de las necesidades y proyecta lo urgente de nuestras obligaciones, la cultura latinoamericana y caribeña es única porque retoma lo universal y lo suscribe en forma originaria. Desde su publicación, nuestra América se convirtió en uno de los textos fundadores e imprescindibles del pensamiento latinoamericano y en uno de los ensayos iniciadores del modernismo, su esencia brinda una arraigada mirada a la realidad y expone la necesidad de cambios radicales que libren a la región de viejas ataduras, y, al mismo tiempo, eviten nuevos lazos que lleven a la pérdida de la soberanía de las naciones de la región.

El trauma colonial continúa existiendo en las repúblicas, como advirtió Martí, nuestros pueblos padecen el letargo lacerante del pasado, las manifestaciones de soberbia y desapego al sentimiento original perfilan las lejanas maneras de gobernar, nos siguen habitando las formas coloniales de dominación, mirar al norte es ideal perpetuo en las mentes que olvidan o desdeñan la raíz profunda de la geografía humana que nos compone, las formas autóctonas han demostrado ser un sendero posible por el cual andar, nuestra historia es la enseñanza más clara de que en nosotros está el venidero presente, la utopía nuestra vive con la misma fuerza con que la soñaran nuestros próceres independentistas y revolucionarios, quienes hicieron del imaginario realidad en los pueblos liberados, hoy, las manos alzadas que piden pan, tierra, justicia y libertad plasman las constituciones que habremos de redactar, nuestra América unida es nuestra utopía necesaria.

Nuestra América es utopía de luz y fuego, la unidad de cuyos pueblos entrelaza historias, la cultura e identidad recorre las particularidades de lo autóctono y mestizo, hay en sus tierras tantos colores como esperanzas, su significado es vida y resistencia, su mayor riqueza es la memoria viva que no olvida pero que continúa atesorando para transformase y así reafirmarse a sí misma, el cambio es su impulso y la realidad su expresión. En 2009, el Consejo Mundial “José Martí” de la Unesco proclamó que el 30 de enero de cada año se celebre el Día de la Identidad Latinoamericana y Caribeña, en reconocimiento de la obra martiana y como un acto reivindicativo de nuestra historia compartida, pero, sobre todo, como expresión consciente de que por encima de cualquier imperio y amenaza, nuestros pueblos siguen forjando su identidad como utopía y realidad.

La semilla de nuestras naciones florece en el quehacer humilde y descalzo de sus pueblos proletarioscampesinos-indígenas, la cultura refleja la grandeza del ser latinoamericano con filosofía propia y universal, nuestra América es la utopía que nos mueve al porvenir, la unidad e integración son sueños necesarios, la esperanza sobrevive ante el perjurio y la soberbia de los imperios, la dignidad nos fortalece, vive en nosotros ahora que la honramos celebrando su identidad.

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