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Han pasado tantas cosas en el mundo que indudablemente me han hecho replantearme todo el sistema social al que estamos sometidos y todo lo que ha hecho que el país llegue al punto en que se encuentra en este momento. Al pensar en la sociedad y en México, me ha llegado a la mente el sistema político con el que contamos en el mundo moderno, que irónicamente es un sistema bastante antiguo.

En la política muy pocas veces hay cosas nuevas, siempre nos enfrentamos a lo mismo, a una lista de promesas infinitas que se leen en voz alta cuando reúnen a dos a más personas, pero que no se cumplen cuando ocupan un lugar en los palacios. Cuando hablamos de política nos enfrentamos a miles de ideas que, debo decir, no son nada gratas.

Pero a pesar de todo la política seguirá existiendo, aunque, eso sí, es necesaria (o, mejor dicho, urgente) una evolución de lo que representa. Pero para que exista una evolución real (y no ficticia como la que han presentado todos estos años) es necesario que cambie la gente que conforma los partidos políticos. Es necesaria gente nueva, con ideas que verdaderamente puedan aportarle algo al nombre del país y que puedan construir la sociedad que anhelamos, que merecemos y que necesitamos desde hace tanto tiempo que hemos perdido la cuenta.

La gente que debe representar el país es esa que se ha hecho a un lado o que no le han dado la voz que debería tener para expresar todas las ideas que seguramente harían de México un mejor lugar. Debemos tener en esos sitios importantes a personas que estén dispuestas a luchar por el bienestar y los derechos de la sociedad, sin importar nada, ni siquiera su nivel socioeconómico (que debo decir se ha vuelto de vital importancia).

Hace ya un tiempo, George Orwell, en su magistral obra 1984, dijo: “El partido quiere tener al poder por el amor al poder mismo”, y me parece que es una de las frases más certeras que nos ha regalado la literatura, porque la política se ha convertido en un juego infinito de la búsqueda del poder y la riqueza, y se ha dejado a un lado la necesidad de la sociedad mexicana y también los compromisos que se han hecho con ésta.

Cuando llegan al poder parece que la memoria se borra y con ella se van todas las promesas de cambio y de mejora, por eso es necesaria esa gente nueva que sea capaz de convertir las propuestas en hechos y que no se olvide de todos aquellos que le brindaron el apoyo cuando era necesario.

México pide a gritos a gente que luche por el triunfo del país y no solamente de unos cuantos colores.

Son necesarias todas esas personas en las que la sociedad pueda confiar de nuevo y le den un significado diferente a la política en este nuestro México.